Ritmos y destinos
Opinión

Ritmos y destinos

Nuestro destino se ve ligado al ritmo desenfrenado de producción y consumo con un vínculo cíclico de extractivismo, explotación y apropiación individualizada

Por:
junio 14, 2024
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Hoy sabemos que para sostener el modo de vida antropocéntrico que nos ha soportado y a su vez asfixiado, se han conquistado tierras, se han colonizado mentalidades colectivas, se han ocupado y explotado territorios; es más, en este tiempo se sigue haciendo lo mismo mientras se emiten marcas ecológicas y de salvamento ambiental, con imágenes y discursos sin compromiso. Así seguimos destruyendo el entorno vivo del que formamos parte y contribuimos a la extinción de la especie. En estas circunstancias el destino que se avizora se liga con el ritmo desenfrenado de producción y consumo que hace de nuestra relación con el mundo un vínculo cíclico de extractivismo, de explotación, de apropiación individualizada .

Sabemos que hay variables planetarias y cósmicas del riesgo que escapan a la acción humana; sin embargo, sobre los aspectos que si tenemos incidencia no rectificamos: seguimos explotando por doquier la naturaleza vuelta “materias primas”, como nunca se queman combustibles fósiles, se produce cada vez más CO2, se deforestan terriblemente los bosques y zonas protegidas, se contaminan los océanos, se pierden ecosistemas naturales, desaparece progresivamente el plancton y el zooplancton, se radicaliza el deshielo en los polos, se producen millones de toneladas de plástico, se generan agriculturas y ganaderías extensivas que afectan los suelos y las aguas, se derrocha energía especialmente en las áreas metropolitanas para mantener el índice de confort.

Ahora hace más calor, las catástrofes naturales se hacen reiteradas, las pandemias son más usuales y la vida humana y no humana se ve amenazada por fenómenos transversales de índole climático, edafológico, atmosférico, oceanográfico y energético que comprometen el planeta e incluso la galaxia. Es de reiterar que no toda esta contingencia es producto de la acción humana y sin embargo, hay mucho de nuestro modelo civilizatorio que está en cuestión respecto a la capacidad de comprender nuestra propia existencia y a los alcances y efectos de nuestra interacción con el conjunto de la vida.


Las soluciones no son tan simples y dependen de factores culturales que demandan la transformación de mentalidades  y formas de relacionamiento espiritual con la vida toda


Nuestros modelos de progreso modernos, centrados en el productivismo y el consumismo desaforado, abrazaron el desarrollo desde las tecnologías y los mercados como factor de organización y satisfacción humana; hoy las alternativas que se plantean a la evidente amenaza planetaria, sostienen importantes franjas de respuesta dependientes de la tecnología y de un nuevo equilibrio de los mercados y de la distribución de recursos; es entendible que así suceda, y sin embargo, las soluciones no son tan simples y dependen de otros factores de índole cultural, en los cuales se demanda transformación de mentalidades, de prácticas colectivas y de formas de relacionamiento espiritual con la vida toda.

Se reporta al respecto que, en octubre de este 2024 se hará en Cali la Cumbre de la Biodiversidad de Naciones Unidas COP 16. Más allá de la agenda y de las posibilidades concretas que tiene la ciudadanía de participar en un encuentro de representantes de naciones y corporaciones influyentes en el mundo sobre la protección de la vida, en ese acontecimiento si hay un plano en el cual nos corresponde actuar, tiene que ver con reconocer desde nuestros propios lugares el tamaño del riesgo planetario en el cual nos encontramos para reflexionar éticamente sobre la forma más concreta de rectificar en nuestros ámbitos de vida personal, familiar, local, nacional. Necesitamos que la agenda de protección de la biodiversidad de la vida y la ruta de adaptación al cambio climático sean el referente de las prácticas humanas en este siglo, para ver si logramos saltar y trascender en el tiempo, para darnos la oportunidad de enmendar lógicas y comportamientos que ponen en riesgo la existencia. Pensémoslo.

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