Opinión

¿Reforma en la Justicia?

De los Hechos al Derecho

Por:
Mayo 03, 2018
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¿Reforma en la Justicia?
“Lo que garantiza la democracia y el funcionamiento del Estado, no es otra cosa que la Justicia; así, se deben fijar correctamente los hechos y, de allí el derecho”

Miren ustedes, comienzo con una cita que me llamó fuertemente la atención: “Desde que el narcotráfico y el paramilitarismo permearon la sociedad y los fallos de la justicia obedecen con frecuencia a falsos testigos, los episodios de sangre han escalado hasta la alta política”.

Una frase que, sin duda, posee varios contenidos, pero que de su desconstrucción, de su análisis, puede llevar a una realidad inobjetable o, en su momento, a un sofisma inocultable; veamos, la realidad inobjetable: (i) el narcotráfico y el paramilitarismo son, deben ser, necesariamente, como lo ordenan la constitución y la ley, investigados, juzgados y, en su caso, condenados; es correcto; y, (ii) el paramilitarismo y el narcotráfico permearon la sociedad; cierto, no solo lo permearon sino lo cooptaron: “El desmovilizado cabecilla de las Autodefensas Unidas de Colombia, Salvatore Mancuso, confirmó ante la Corte Suprema de Justicia que el 35 por ciento de los congresistas fueron elegidos en zonas de influencia paramilitar. (…) “(…) decimos que estos congresistas fueron elegidos en zonas de influencia de las Autodefensas”, (…).”las Autodefensas le enseñamos a votar a esas poblaciones, porque allí no había presencia del Estado y nosotros -AUC, suplantábamos a las autoridades oficiales”. Y así, también la Presidencia de la República habría sido manchada, según Dejusticia y la Silla Vacía: “Las (…) declaraciones de Salvatore Mancuso sobre su supuesto apoyo a las campañas del ex presidente Uribe vendrían a reafirmar estos estudios. A pesar de ello, no es claro si el expresidente Uribe conoció o toleró este apoyo. De hecho, convencido de su inocencia, Uribe prometió denunciar a Mancuso penalmente. (…)”.

Pero aquí el sofisma inocultable: (i) que los fallos de la justicia obedecen con frecuencia a falsos testigos; con frecuencia, es la expresión que se debe resaltar; calificar a la justicia como una función que, con frecuencia profiere sus decisiones basada en falsos testigos es, sin lugar a dudas, poner en entredicho no los fallos sino la actividad misma; se llega a una afirmación, sobre un recurrente imponderable, es decir, que no puede estimarse, que no se puede calcular; una indefinición que se convierte en afirmación; impensable. Al parecer lo que se evidencia es todo lo contrario: el denominado ‘cartel de los falsos testigos’ es hoy más una construcción de los creadores que una realidad objetiva; en otras palabras, se creó el mote del cartel de los falsos testigos para lograr utilizarlos y, por supuesto, hacerlos evidentes en una realidad que es otra (no me refiero al mal denominado cartel de la ‘toga’, puesto que con esa denominación se ha querido profanar a toda una institución por actos de algunos, que no todos sus miembros)  y, (ii) que por ello, por la incursión del narcotráfico, del paramilitarismo y los fallos que obedecen frecuentemente a falsos testigos ‘los episodios de sangre han escalado hasta la alta política’; gravísimo, muy grave afirmación; en suma, según la premisa que se maneja: los episodios de sangre, no se han presentado, ni por la incursión del narcotráfico y el paramilitarismo, menos por la investigación que sobre esos fenómenos corresponde a la judicatura, sino por el uso de testigos falsos base de las decisiones judiciales. Repito gravísimo.

 

 Sostener que la violencia se debe a los fallos judiciales contaminados,
es poner a la función pública de ‘decir el derecho’
en situación de anomia: imposible

 

Todo panorama, como el descrito y, otros de diversa índole, llevan al argumento mentado de la Reforma a la Justicia y, en verdad, se debe realizar una reforma a la justicia; se debe reconocer que ha existido un crisis funcional, orgánica si se quiere, además de la crisis que se produjo, sin duda con los escándalos en la Corte Constitucional y en la Suprema con ocasión con conductas incalificables de algunos, muy pocos de sus miembros; pero sostener que la violencia se debe a los fallos judiciales contaminados, es poner a la función pública de ‘decir el derecho’ en situación de anomia: imposible.

Si todo conduce a la Reforma, la reforma no debe ser a la justicia, sino en la justicia; se debe realizar con razón y no con pasión: lo que garantiza la democracia y el funcionamiento del Estado, no es otra cosa que la Justicia; así, se deben fijar correctamente los hechos y, de allí el derecho.

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