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Opinión

El operario tuvo la culpa

De haber ocurrido la inundación del deprimido de la 93 en cualquier ciudad nipona, al menos diez funcionarios (alcalde incluido) hubieran sido protagonistas de un suicidio colectivo

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Mayo 19, 2017
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El operario tuvo la culpa
Fotomontaje; HSB Noticias

Aún recuerdo la guerra de triunfos entre el demagogo de Petro y el baboso del “doctor” Peñalosa por la inauguración de una obra menor que demora en hacerse diez años, donde cada cual saca a relucir su ejecutoria y la correspondiente autoría.

Y dos meses después cae un aguacero gordo, muy gordo, y oh sorpresa, la pequeña vía bajo tierra resulta completamente inundada.

Al cabo de quince minutos (eso dicen) las bombas se activan y todo queda como antes.

La respuesta oficial es digna del mejor cuentachistes:
El operario encargado de darle ON a la bomba hidráulica
tuvo que salir de urgencia porque su vivienda se estaba inundando

 

Y la respuesta oficial es digna del mejor cuentachistes: El operario encargado de darle ON a la bomba hidráulica tuvo que salir de urgencia porque su vivienda se estaba inundando. Se está trabajando para que la evacuación del agua sea automática y no requiera de operario. Fin del comunicado.

No conozco bien la cultura japonesa, es más, no la conozco, pero supongo por suponer que de haber ocurrido aquello en cualquier ciudad nipona al menos diez funcionarios de la alcaldía (alcalde incluido) hubieran sido protagonistas de un suicidio colectivo no tanto por la floja excusa, sino porque las obras se entregan y se inauguran con bombos y platillos en el mundo civilizado cuando estén completamente terminadas.

Y por siempre nos quedaremos esperando un mea culpa, una rueda de prensa en donde exprese qué ocurrió y en donde con gallardía y ejemplo acepte su responsabilidad.

Pero no, estamos ante un mandatario que no pone la cara antes sus errores, como cuando estalla lo de la carencia de doctorado cuando solo tiene un título superior de universidad. No es que sea determinante tener un doctorado para ser alcalde, faltaba más, pero uno no puede ir de rositas por la calle exhibiendo títulos de los cuales carece.

Es un asunto de integridad y decencia. Decir “es mi culpa” es de las cosas más valientes que hay.

 

Y hablando de…

 

Y hablando de las cosas claras y el chocolate espeso, es altamente inquietante que aquella paz con la que sueñan los ciudadanos producto del acuerdo con las Farc se desmorona poco a poco, y una parte significativa del territorio nacional se inunda de droga y todos los males provenientes de ese negocio.

 

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