Odebrecht y el clientelismo, primos hermanos

Los tentáculos de Odebrecht y la corrupción en Colombia

Por: Carlos Roberto Támara Gómez
noviembre 19, 2018
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Odebrecht y el clientelismo, primos hermanos

El clientelismo, según parece fue inventado desde la Grecia antigua, pero no se puede negar que Colombia, especialmente en aquella sórdida época turbayista le puso ribetes de espectacular connotación. Es posible que la frase de Turbay de poner a alguien en el lugar adecuado revela la síntesis de poner y colocar según el amaño y las circunstancias como cualquier halago de mayordomía.  Podría entonces decirse que el clientelismo fue de nuestra invención y luego pudo haberse convertido en una supranacional. El invento es tan espectacular que en algunos diarios gringos se menciona que para Trump hasta los incendios forestales son azules o rojos según sea el partido hacia el cual se dirija la condolencia, su visita, o la ayuda por los daños. Decirlo es fácil pero esto es de una crueldad inusitada y violenta.

Sin embargo lo encontrado hasta ahora de Odebrecht rebasa los alcances de la imaginación más lúcida y protuberante. Es teratológico y telúrico. Intentando exprimir la imaginación más fluida de América, Gabriel García Márquez, no hubiera podido encontrar en aquel realismo mágico surgido de los alucinantes caprichos de podridos dictadores americanos, no se hubiera podido obtener el líquido perláctico e implementación exquisitamente criminal que dio origen a Odebrecht. Tratando de reducir para comprender, Marcelo Odebrecht creó una empresa transnacional del crimen para apoderarse de las principales y más jugosas contrataciones públicas de América Latina, y eventualmente del mundo. Es decir, por favor acepten ser claros e incisivos, si alguna vez hubo una intención imperialista o subimperialista en América Latina, Odebrecht pudo ser la punta de lanza para el dominio de los capitales brasileños de las economías menores de América Latina, a punta de sobornos. ¡Y lo logró! ¡Lo logró!

Y ¡Colombia First Again! ¡Al pie del tuso! Nos cabe el raro privilegio, honroso para algunas cavernas de la política colombiana, de ser portaestandartes de los mayores logros de Odebrecht, el sitio por excelencia donde pelecharon y corrompieron mejor y a sus anchas. Si hubieran pensado diseñar una propuesta en la que nuestras élites corruptas hasta los tuétanos se retrataran no lo hubieran logrado tan al dedillo.

Y es aquí donde el invento de Odebrecht se engarza con la corruptela clientelista de Colombia, donde las dos implementaciones resultan ser primas hermanas.  Pero, ojo al Cristo que es de plata. Al engarzarse sus estructuras con el clientelismo se produce un fenómeno que dentro de la economía marxista, se denomina reproducción ampliada del capital que luego da origen a otro concepto no menos importante el de composición orgánica. El asunto es de una profundidad tal que de la plusvalía derivada de la explotación económica de los contratos y de las líquidas coimas se pasa a una plusvalía ampliada instrumentada en la explotación económica del poder electoral que a su vez se recicla en nuevas y más voluminosas contrataciones fraudulentas y así sucesivamente. Es paroxístico. Entonces el estallido de candidatos elegidos con veinte mil votos se pasa al mismo que es elegido con la máxima votación en un departamento donde podría ser fácil concentrar el más alto porcentaje de preferencia en un solo candidato, o en dos candidatos de partidos diferentes pero unidos por el cordón umbilical del mismo capital corrupto y, paralela y casi simultáneamente, con todo ese potencial electoral se llega a la marmaja más pulpa todavía. Igualmente contratistas de 50 millones al año, pasan a 10.000 y 20.000 millones al año siguiente de manera virginal, sin romperse ni mancharse.

Debe anotarse que las coimas no son producto de ningún trabajo, salvo si se llama así también lo realizado por el uso del poder, de los puestos públicos y sus presupuestos y en general del eufemismo del lobby. Esta porquería ha llegado a ser tan institucionalizada que hay muchos de estos criminales que no se asumen como tales si no como comisionistas según contratos socializados para el efecto como contratación de servicios profesionales. Ah! Y no media ni por asomo licitación alguna. Todo es a dedo.

Piense por un segundo que se hacen obras, pero igual se pueden hacer contratos mucho más  jugosos y sigilosos de estudios de pacotilla que entregan puro papel que luego consumen las cucarachas y ratones como si fueran del mismo calabazo.

Y entonces qué es lo que se engendra. No puede creerse. También esta figura fue inventada por la enfebrecida imagen de los mitos griegos: surge la Hidra de las Siete Cabezas, un monstruo que apenas Hércules aquel semidiós pudo despescuezar. Si antes el corrupto había sido una sola persona, su cáncer hace más que metástasis, pues tanto invade desde la última célula de su primera víctima hasta que se riega viralmente por el resto completo de la familia incluyendo padre, madre, abuelos, tíos, hermanos, primos y hasta el nido de la perra se corrompe, llegando al punto que se vuelve evolutivo. Esto llega hasta qué punto de paroxismo que los familiares terminan enfrentándose a quién tiene la camioneta último modelo, quién compró la finca más bonita, quién se está papeando a la hija bonita de no se quiencito, y así sucesivamente.

¿Da asco? Ellos, ni siquiera se inmutan. Es más, quien no lo haga pasa por idiota, pendejo, guevón, maricón y cualquier epíteto desmesurado que si te desmoraliza y pordebajea es poco. Necesitan un estilo de vida y lo crean en su entorno. Si no eres capaz de rivalizar con ellos en esos lujos y estereotipos, entonces no eres digno de entrar a sus clubes o reuniones sociales de comilonas. Ah, y ni siquiera te dirigen la palabra, si es que te miran. Tú intentas mirar para saludarlos pues se criaron contigo, fueron tan comedores de yuca con suero como tú, pero ellos ya no te conocen. Tienen una habilidad para mirar sin verte. Pasas por ser una piedra. Tenlo por seguro: te están midiendo el aceite de qué tan importantes son y si eres capaz de arrodillarte para saludarlos sin que te miren.

El código secreto de ínfulas y engreimientos fatuos que esta gente se crea en su enfermedad psicosomática del crimen social es increíblemente sofisticado. Se creen importantísimos; la última cocacola del desierto.  Puedes hacer algo, ni los determines. Se horrorizan cuando no los volteas a ver: se sienten entonces el cuarto cero a la izquierda. Si tienes votos ni se los ofrezcas, irán así de chiquiticos a tu casa a engañarte y ofrecerte plata.  No te engañes, son capaces de llorarte.

El clientelismo y la transnacional Odebrecht de la corruptela contractual es tal que podría catalogarse como una neuro patología social cual escala ampliada del capital. Y al traspasar de una generación a otra es posible que indique que troca a ser neuro química y aún neuro física.  Quiero decir neuro física como si generara nuevas figuras geométricas como triángulos no coplanares, matemática fractal o difusa, equilibrios indeterminados, topologías transfinitas, qué se yo.

Nadie diría que estoy especulando. Doy una muestra de la capacidad de los imaginarios que pelechan. De las últimos tres administraciones municipales de algún municipio que conozco, ninguno de sus alcaldes ha dejado de infatuar el origen divino de su mandato. Es más, empiezan sus discursos invocando la ayuda de Dios y, vaya descaro, solicitando bendiciones de quienes los acompañan. Contratan pastores que hablan en lenguas y bendicen a las ánimas.

Y estos pobres alcaldes se quedan cortos de imaginación pecaminosa. Estos alcaldes ni siquiera le dan la talla a Odebrecht. Es espeluznante lo que leerán a continuación. Apareció recientemente en The Economist.  “PERCHED en una colina de arena con vista al océano de Lima, se encuentra una estatua de Cristo de 37 metros de altura, una copia cruda de la que mira majestuosamente hacia Río de Janeiro. Fue presentado en 2011 por Alan García, entonces presidente de Perú. Ahora los peruanos lo ven como un monumento a la corrupción. Fue construido con una donación de $ 800,000 de Odebrecht, la compañía de construcción más grande de Brasil, que ha admitido que pagó $ 29 millones en sobornos para asegurar contratos en Perú bajo los tres gobiernos que precedieron al actual”.

Sí, están leyendo bien: Odebrecht pretende apoderarse del imaginario religioso y de representación semiótica del mayor signo de poder de la civilización tanto en Perú como en Brasil: ¡O maior Cristo do mundo! Cooptan el hito cristiano y la imagen de Cristo Redentor. ¿Es cinismo? Es más que cinismo, pero quieran o no creerlo, esta gente es capaz de jurar y sangrar sus rodillas sosteniendo que siguen creyendo en Dios cuando realizan sus crímenes y no solo eso, se sienten perdonados por anticipado pues Cristo así lo sostiene a favor de los pecadores. Y cuando ingresan los millones a sus bolsillos sienten que es una obra de Dios, que están siendo redimidos ¡y bendecidos! Y dicen: si le pusimos fe, entonces Dios nos trajo esta redención. ¿Salvar su alma? ¡Pamplinas!

¿Es esto obra de Martin Lutero, o Ulrico Zuinglio inventores de la ética protestante que dio origen,  al capitalismo reinante? Ellos no lo pensaron así, pero así lo procesan muchas corrientes poco importa si religiosas o no. Por ahí anclan el clientelismo moderno y Odebrecht juntos.

Se acuerdan de aquellos gatilleros que disparan en nombre de la Virgen. Bueno, éstos lo hacen a imagen y semejanza pero usan armas más letales que las ametralladoras.

¿Cree esa gente en Dios? Por supuesto que no creen. Lo que les importa es que los otros crean que ellos creen.  Cuando los capturan entonces se dan cuenta que nunca han estado redimidos. Pero, saben qué, les dan cárceles de lujo. Averígüelo y verá y si no, se van del país y posan de mártires. ¡Hay que ver las caritas melindrosas que ponen!

Es en ese entorno en el cual se da la Presupuestaria Política en Colombia: la fase de la política en la que se reparten todos los presupuestos. De la Presupuestaria hace parte el Uvismo, en la que los partidos, sus líderes y principales adláteres pasan a estar en la uva. ¡Ay, moñito!

 

Notas: Lo más cercano y diciente sobre “El Tuso: Patrimonio corporal ancestral del pueblo indígena zenú”. Mientras la comunidad se reúne para una actividad ceremonial, las niñas y los niños disponen unos palitos y unas tapillas, a las cuales van lanzando por turnos unas piedras con formas aplanadas. Esta manifestación del montucuy zenú, evoca el zepcuagoscua o juego del tejo del pueblo chibcha de Colombia”. De la Hidra de Lerna: podía tener hasta mil cabezas y vigilaba la entrada al Inframundo. Quiénes vayan para allá, ¡cuidado!, tiene la capacidad de regenerarse.

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