Ni víctimas ni victimarios: solo lecciones que debemos aprender

Breves ideas para transformar en oportunidad el dolor generado por la violencia política en Colombia

Por: Juan Mario Sánchez Cuervo
octubre 22, 2021
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Ni víctimas ni victimarios: solo lecciones que debemos aprender
Foto: Flickr

Todo lo que vemos, enfrentamos y experimentamos en la vida nos obliga a elaborar una interpretación de esa realidad. Cada quien interpreta conforme a su nivel de consciencia y conocimiento. Así, mientras algunas personas se desmoronan ante pequeños contratiempos, otras se comportan como verdaderos guerreros, como maestros de la superación y de la fuerza de voluntad. Constituyen la clase de individuos que asumen con coraje grandes penas, sufrimientos y desventuras. No intentan derribar a cabezazos los muros: saltan sobre los muros.

En este sentido, es correcto decir que muchos seres humanos eligen ser víctimas de los otros, víctimas del destino y de un sinnúmero de eventualidades. En cambio, el ser humano que asume la responsabilidad y el compromiso de estar aquí y ahora, va más allá de la dualidad víctima-victimario. Quien decide adoptar perpetuamente el rol de víctima no aprenderá la lección, no evolucionará como ser humano. Ese papel de víctima le otorga algunos beneficios inmediatos (emocionales, económicos, sociales políticos, etcétera) que a la postre le pasarán cuenta de cobro.

No niego lo obvio de la violencia política colombiana y de todas las manifestaciones de la violencia que algunos seres humanos ignorantes ejercen sobre otros más vulnerables. Por ejemplo, la violencia de la extrema derecha y de la extrema izquierda, la violencia estatal y del paramilitarismo, y otras infamias cometidas por la clase dirigente. Yo mismo la he denunciado, así que no voy a caer en contradicciones ni incoherencias. Los victimarios deben ser denunciados y confrontados con argumentos, con las leyes y, si es del caso, llevados hasta los tribunales de la justicia internacional, si es que la justicia colombiana no está a la altura de las circunstancias. Pero en mi humilde opinión el victimismo es la peor de las actitudes, en cuanto que no aporta nada para cambiar determinada realidad.

Por el contrario, perpetúa el dolor, la herida, el resentimiento, el odio y la intolerancia. La historia demuestra que en reiteradas ocasiones los roles se invierten: la víctima eventualmente puede convertirse en victimario, y el victimario en víctima. Un victimario se transforma en víctima cuando describe una versión sesgada de los hechos en los que fungió como actor violento. Por ejemplo, un dictador, un tirano en el ocaso de su poder juega a inspirar lástima, a manipular las circunstancias, de tal forma que ante los medios de comunicación, usando estratagemas y ardides, hace ver a las víctimas como culpables. Así niega los hechos, no acepta su responsabilidad y rechaza la vía de la verdad y de la reparación. La situación inversa también está reseñada en los libros de historia: las víctimas, eventualmente azuzadas por un político oportunista, se pueden convertir en victimarios en el momento mismo en que toman la justicia por su propia mano, o cuando adoptan la venganza como sucedánea de la justicia. Entienda aquí el lector que estas estrategias y roles se dan en la antesala de los totalitarismos tanto de derecha como de izquierda.

El perdón es el camino que he presentado desde el inicio de mi vida pública y el cual he defendido en diferentes escenarios, principalmente en medios de comunicación. Sin embargo, para alcanzar la consciencia del perdón hay que hacer un trabajo interior, una labor de reeducación emocional y afectiva. El perdón de dientes para afuera es muy fácil. Hablo de un perdón de corazón. Un perdón surgido del conocimiento de la naturaleza humana. Un perdón relacionado con la compasión y la misericordia. El resultado de comprender que lo que le haces a otro te lo haces a ti mismo. El resultado de comprender que la vida es un camino, y que algunos van más atrás o más adelante que nosotros en la procesión.

Solo quien ha desarrollado la tolerancia, la paciencia, la resiliencia está preparado para perdonar. El pueblo colombiano debe ser educado para la paz, el perdón y la reconciliación. Al menos yo no quiero un país en el que millones de compatriotas se sientan víctimas. Quiero 50 millones de compatriotas que vean la oscuridad de la violencia actual y pasada como una oportunidad, como un reto, como un desafío vital. En todo caso, y a manera de conclusión, el victimismo puede ser usado como estrategia política… por líderes de esta esquina y de la otra. Y si alguno dice que cómo me atrevo a hablar de víctimas y victimarios y de perdón, que repase cuántas veces y a quiénes perdoné lo imperdonable. El perdón libera, el perdón sana y el perdón es la venganza de los buenos.

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