Opinión

A manera de réplica a Santos en la OIT: hay paz sin justicia social

Al presidente Santos se le reconoce el acuerdo de paz, pero el fracaso económico, la precariedad social y laboral, los grandes escándalos de corrupción, serán una reprobación histórica

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Junio 06, 2018
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A manera de réplica a Santos en la OIT: hay paz sin justicia social
Varios asistentes al acto comentaron al final que querían vivir en ese país porque al que se refería el presidente Santos no era Colombia. Foto: OIT (video)

“La paz universal y permanente solo puede basarse en la justicia social”.  De la declaración fundacional de la OIT(1919).
Como invitado especial por el secretario general de la Conferencia Internacional del Trabajo  Guy Ryder, y dada su investidura de premio nobel de paz, Juan Manuel Santos, presidente de Colombia, participó el 1 de junio en Ginebra Suiza.

Su intervención estuvo precedida por sendas intervenciones en París en la OCDE y en Bruselas en la OTAN. (De seguir gobernando Juan Manuel Santos bien hubiéramos terminados como estado anexado a la UE o a EE.UU.).

Este periplo internacional de reconocimiento a un premio nobel, por lograr desarmar una guerrilla de más de 50 años, que también ha sido el esfuerzo del pueblo colombiano y sus expresiones políticas democráticas y progresistas, contrasta abiertamente con lo expresado por el presidente Santos en la OIT, y en especial con la ausencia absoluta de justicia social en Colombia.

Sin que el presidente Juan Manuel Santos contextualizara el proceso de paz, su firma, su trascendencia y el desarrollo y cumplimiento de los acuerdos, se dedicó, frente a tan significativo y retumbante auditorio de gobiernos, empresarios y trabajadores del mundo, a mostrar a Colombia como un país que, podríamos decir, equivaldría a la Suiza suramericana.
Desaforó de la fortaleza de su economía; de la gran disminución de la pobreza; de los significativos avances en educación, derechos de los niños, salud, vivienda y trabajo; de los logros del diálogo social y la comisión de concertacion; de la reducción del desempleo; de la ratificación de 61 convenios de OIT; de la restauración del Ministerio del Trabajo y su incidencia en inspección, servicio de empleo, cambios normativos como los avances en declaratoria de huelga e intermediación laboral, la imposición de multas por USD 95 millones, la reducción de la violencia y la impunidad, el aumento de sindicatos a 10 900, de 59 nuevas federaciones y 4 confederaciones más, del aumento de alumnos en el Sena, de creación de empleo formal, etcétera, etcétera.

 

 

 

No quedó índice social y laboral
sin dejar de resaltar sus grandes avances

 



No quedó índice social y laboral sin dejar de resaltar sus grandes avances. Varios asistentes al acto comentaron al final que querían vivir en ese país porque al que se refería el presidente Juan Manuel Santos no era Colombia.

Y empezó y terminó su discurso con una frase emblemática en la OIT: “Si deseas la paz, cultiva la justicia”.

Sin embargo, el premio nobel de la Paz no se refirió a temas tan relevantes como:
Colombia es el tercer país más desigual del planeta después de Haití y Angola; viene en desaceleración económica en los últimos 4 años; sus TLC solo han servido para acabar con la producción agropecuaria e industrial; tenemos la más alta tasa de desempleo de América latina; en las pruebas Pisa solo estamos en la mitad de la tabla; en 8 años de gobierno solo logró 2 acuerdos de concertación y en el último sin la CUT y no los ha cumplido; igual viene pasando con los 3 acuerdos de los estatales; los convenios de OIT los incumple y viola como el 87(asociación) y 98 (negociación y huelga); el año pasado asesinaron 25 sindicalistas y desde la firma de los acuerdos de paz más de 289 líderes sociales, todos, en la más completa impunidad; la informalidad laboral es mayor al 60 %; más del 50 % de los trabajadores ganan menos de un salario mínimo; más del 50 % del trabajo “formal” es de tercerizados sin derecho a sindicalizarse; se mantienen las perversas figuras de los pactos colectivos y los contratos “sindicales”; hay más sindicatos pero no más afiliados predominando la atomización; es decir, hay un alto déficit de trabajo decente como  dice la OIT; en salud campea el perverso paseo de la muerte; los niños de la Guajira y el Chocó mueren de desnutrición; el 75 % de los adultos mayores no tiene acceso a pensión o subsidio alguno, etcétera, etcétera.

A este dramático cuadro se suma la escandalosa situación de la corrupción que permea, hediendo, todas la ramas e instituciones del Estado Social de Derecho. Muchos de las cuales pueden terminar -que obvio, no se quiere- en tragedias materiales y humanas anunciadas como las de Hidroituango.

Sobre esta situación nuestro nobel de Paz guardó sospechoso silencio. Y no alertó sobre los riesgos del proceso de paz.

En conclusión: Al presidente Juan Manuel Santos se le puede reconocer el acuerdo de paz, pero el fracaso económico y la precariedad social y laboral que nos deja, sumado a los mayores escándalos de corrupción hasta ahora conocidos, será la más grande recriminación histórica del pueblo colombiano. Descrestó a la comunidad internacional pero no a la ciudadanía de Colombia.

Posdata. Esto es lo que está en juego el próximo 17 de junio en Colombia: la guerra, la corrupción toda hoy reunida y el fracaso económico y la precariedad social y laboral, representada en el candidato Iván Duque o la paz, la transparencia y la esperanza de empleo, trabajo decente y vida digna que encarna el candidato Gustavo Petro. A esta debemos apuntarle. No habíamos tenido nunca esta oportunidad. Aprovechémosla.

Ginebra Suiza, 5 de junio de 2018

 

 

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