Mancuso y Timochenko: dos guerreros con sangre en su pasado

Los comandantes de los dos ejércitos enfrentados, AUC y FARC, tendrán que responder en la JEP y la Comisión por su historial de masacres, secuestros y narcotráfico

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agosto 04, 2021
Mancuso y Timochenko: dos guerreros con sangre en su pasado

Sus compañeros lo describen como alguien hostil, parco y rencoroso, pero con una suspicacia que hacía ver su inteligencia desde lejos. Salvatore Mancuso llegó en los 90 a la brigada XI a denunciar la persecución y extorsión a su familia ganadera en Monteria, no aguantaba más.

Hijo de un inmigrante italiano y con una historia familiar de mafia, secuestro, extorsión y bandolerismo, Mancuso se fijó en el frente 38 de las FARC para hacerles la guerra: con suficientes armas como para dotar a un grupo de ex soldados que contrató, aseguró que acabaría con ellos por sus propios medios.

La preparación de Mancuso no quedó ahí: luego de ingresar a las Auc, se especializó en guerra de guerrillas en Vietnam, estudió inglés en Estado Unidos y se hizo piloto de helicópteros gracias a las enseñanzas de un capitán retirado del Ejército.

Como comandante de los paramilitares en siete departamentos: Sucre, Bolívar, Magdalena, César, Santander, Norte de Santander y Guajira, cometió por lo menos 75 mil crímenes de lesa humanidad. Funcionando con el Bloque Capital de las AUC, manejaba el apoyo de los terratenientes de la región Caribe al paramilitarismo, la trama de las cooperativas que se crearon para desviar recursos de la salud, la relación con altos funcionarios de universidades para cometer violaciones de derechos humanos (incluyendo asesinatos, amenazas, desplazamientos forzados y secuestros) contra la comunidad estudiantil y miembros de sindicatos, entre un sinnúmero de homicidios.

En el pasado del ex comandante pesa también la sangre del narcotráfico. Fue condenado en 2008 a 15 años y 10 meses de prisión en Estados Unidos por ese delito, tras ser deportado durante el Gobierno de Álvaro Uribe. Lo persiguen también el lavado de activos, concierto para delinquir, su cercanía con políticos, entre otras conductas que habría cometido después de su desmovilización.

En esa guerra casada contra las FARC peleó batallas campales contra su ahora compañero de declaraciones, Timochenko, quien con su personalidad de político radical y de mano dura, mientras cursaba el bachillerato en el colegio Rufino José Cuervo, de Armenia, comenzó a involucrarse en decenas de reuniones clandestinas en las juventudes comunistas (Juco).

Después de lograr llegar a los altos mandos de la Juco, conoció al que sería su comandante Pedro Antonio Marín (‘Tirofijo’). Tres años después de terminar el bachillerato se fue a Rusia a estudiar medicina donde también habría recibido entrenamiento militar. Al volver a Colombia, en 1982, decidió irse de lleno al monte, donde según él ‘estaban sus ideales’. Estuvo en el Frente 9 y luego viajó a Cuba, para estudiar tácticas de guerra irregular. Regresó en 1986 con un cupo en el Estado Mayor Central de las Farc y para el 93’ ya era uno de los miembros del secretariado.

Con decenas de condenas por los crímenes de las Farc, circular roja de la Interpol y una solicitud de extradición de los Estados Unidos, quienes ofrecieron hasta 5 millones de dólares por su cabeza, el encargado de negociar los acuerdos de Paz lleva encima su participación en el secuestro del exgobernador del Meta, Alan Jara, en 2001; la toma de Mitú, capital del departamento de Vichada, en 1998, y la explosión en el Club El Nogal en Bogotá en 2003, junto a decenas de delitos por narcotráfico.

Desde el año pasado el exjefe paramilitar empezó a pedalear su ingreso a la JEP con una atractiva lista de seis verdades que contaría al tribunal de paz para reparar a las víctimas, entre esas: las relaciones de las autodefensas con la fuerza pública, el financiamiento de empresarios a grupos armados y la reunión que tuvo con Piedad Córdoba e Iván Cepeda en su celda en Estados Unidos. Se unió a Timochenko para pedirle ser escuchado al Padre de Roux en conjunto: acordaron que van a aportar información sobre quiénes participaron directa o indirectamente dentro del conflicto armado, en qué condiciones y de esta forma construir una verdad sobre los más de 53 años de guerra que pueda satisfacer a las víctimas.

 

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