La historia del “Chinito” Bonifacio que logró un milagro en Uribia

Un joven wayúu de 33 años logró derrotar a la poderosa cacica política Cielo Redondo, hoy detenida por corrupción

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noviembre 14, 2019
La historia del “Chinito” Bonifacio que logró un milagro en Uribia

Un “chinito” no puede llegar a la alcaldía de Uribia. Cielo pensó que con esta frase y su profundo desprecio por la etnia wayúu, su candidato Gerardo Cujía, descendiente de los Cujía de San Juan del Cesar, derrotaría a Bonifacio Henríquez Palmar el 27 de octubre en su legítima aspiración a la alcaldía de Uribia. Pero le salió el tiro por la culata. Tratar de descalificarlo por “chinito” bruto e ignorante no le funcionó, antes, orgulloso de su origen y tradición, Bonifacio lo incorporó como estribillo de campaña, que todos coreaban: “…es por el chinito, que voy a votar…”

Bonifacio se lo propuso y lo logró. Veinte años de atraso ahora quedarán atrás, porque el primero de enero de 2020 se comenzará a escribir la nueva historia de Uribia. “Ganó el pueblo que terminó imponiéndose a veinte años de lo mismo”, me dice, con la seguridad en sus labios de que gobernará con él y para él. Los indígenas no tenemos que seguir sometidos a una casta parasita de políticos que cercenan nuestras capacidades y nos niegan la posibilidad de crecer y desarrollarnos: “Yo represento el dolor de ese pueblo que pide a gritos independencia política”.

Con apenas 33 años de edad, su recorrido por la vida política del país es relativamente  corto, comparados con los treinta y más de activismo clientelista de Cielo Redondo. Su participación en política es reciente. Bonifacio aún se reconoce liberal, sus padres son liberales y sus pinitos los hizo en 2010 con las juventudes de este partido en la Media y Alta Guajira. Claro que su fuerte -como él mismo lo dice- “es el trabajo con las comunidades más apartadas, pobres y necesitadas del departamento. Hablo el wayuunaiki que me permite comunicarme con ellas en nuestra propia lengua, conocer a fondo sus necesidades y ganarme su confianza para liderar el trámite de soluciones”.

En 2008 y 2009, Bonifacio actuó como el “enlace indígena” del Programa Nacional Familias en Acción, que asignó un número considerable de subsidios a familias  del municipio de Uribia, en ese entonces bajo el mandato de Cielo que disfrutaba su segundo periodo como alcaldesa. Así fue como ella supo de las calidades profesionales del “Chinito”, de la dedicación y constancia en la ayuda a sus hermanos de raza, de la entrega, el compromiso, el entusiasmo y la rectitud con la que realizaba sus tareas o daba un consejo o una recomendación para que tuvieran a tiempo y completo el subsidio, convertido en la única entrada de estas familias carentes de todo.

“Metido de cabeza con las comunidades durante dos años, de sol a sol, moviéndome por el desierto de la Alta Guajira, para que los subsidios llegaran a sus manos, sin contratiempo una vez girados. Eso me hacía muy feliz. Saber que con esos recursos, sesenta o ciento veinte mil pesos cada dos meses, podían comprar alimentos y agua para comer y beber”. Bonifacio sabía que la gente lo respetaba, lo escuchaba y lo seguía como su líder natural, por su honestidad y trasparencia y por su incondicionalidad. Llegó a haber tanta empatía entre ellos que se hablaba de afectos más que de agradecimientos por favores que vulneran la independencia indígena con la que tanto han soñado.

Bonifacio anhela su independencia y la independencia política de los indígenas guajiros. Quiere fundar una nueva fuerza que los represente. Diferente a los partidos tradicionales. Que los reconozca y valore, que no los someta con el engaño y la falsa promesa, que les brinde las oportunidades que colmen sus aspiraciones de bienestar, que los tenga siempre en cuenta y, diseñe y agencie para ellos políticas de igualdad e inclusión. En 2010 fue elegido Representante Único del Resguardo Indígena de Uribia y en 2011, para el periodo 2012-2015, se atrevió a llevar al Concejo a un candidato de él, avalado por el Partido Liberal, Jaime Buitrago, elegido con 500 votos a su favor.

Siempre lo miraron como “gallina que mira sal”, con absoluto desprecio. Cielo Redondo no lo bajaba de el “Chinito ese” y el “pobre Chinito”, a pesar de haberlo utilizado desde que lo conoció como interprete en todas sus campañas y en las que ofreció su apoyo a  parlamentarios de la talla de Bernardo el “Ñoño” Elías –condenado por corrupción-  y Alfredo Deluque quien llevó a la gobernación de La Guajira a Nemesio Roys quien había sido su cuota en la Dirección de Prosperidad Social en el gobierno Santos) sin ofrecerle jamás un cargo a Bonifacio, ni siquiera el de asesor de asuntos indígenas de Uribia, que bien merecido lo tenía.

Por fin se alzó Bonifacio

Se liberó de Cielo, se quitó la yunta que lo mantenía atado a ella y en 2015 decidió irse solo. Armó su grupo, lo llamó “Liderando Futuro por Uribia”, reunió a sus mejores amigos y se postuló al Concejo con el aval del Partido Liberal, que lo vio nacer y crecer en sus filas. Obtuvo 1.980 votos, la más alta votación para concejal en toda La Guajira: “ahora si me siento respaldado”, repetía una y otra vez, convencido de que no “volverá a existir poder humano capaz de arrebatarme la alcaldía, mi sueño de toda la vida”. Cielo había preferido a Luis Enrique Solano Redondo, su hijo, como candidato a la alcaldía de Uribia en lugar de Bonifacio, “ese pobre Chinito”.

Pues no hubo peor elección que la de Cielo. Una persona muy allegada, de su resorte, a la que ella misma había formado con todas las malas mañas en las que se había doctorado, hundiéndose, gracias a la Fiscalía General de la Nación, que la acusó y la condenó por vicios en la contratación de 26 mil millones para alimentar a niños guajiros. No hubo peor elección a sabiendas de la copiosa votación de Bonifacio al Concejo de Uribia, de su capacidad de liderazgo y de su arraigo en las comunidades indígenas. Los nueve concejales formaron un solo bloque de oposición al alcalde Solano (se hicieron llamar “los nueve valientes”), frenando, desde el control político, la más mínima posibilidad de defraudar el erario público.

El Concejo en pleno le ató las manos al alcalde Solano. Fue un obstáculo a sus apetitos corruptos y, aunque siempre estuvo atento a respaldar sus buenas iniciativas, éstas no se dieron por física negligencia e incapacidad del alcalde y su equipo de gobierno para formularlas, dicen algunos. No se ejecutaron todos los recursos de inversión del presupuesto, por ejemplo y, los recursos de regalías se devolvieron intactos a la Nación. No presentaron proyectos de desarrollo a las entidades nacionales, no se tramitaron recursos adicionales ni se solicitaron  autorizaciones extraordinarias. Mejor dicho, esa alcaldía fue un fracaso.

“Renuncié al Concejo, como manda la Ley, para postularme a la alcaldía. Me sentía seguro, porque contaría con el apoyo de mis colegas concejales y no tenía dudas sobre el respaldo que obtendría de las comunidades indígenas dispersas en 21 corregimientos de Uribia. Ya había llegado la hora de alzar vuelo en favor de mi etnia, con mi gente, a la que le habían arrebato sus vidas los caciques y gamonales de siempre. Y les gané por más de 3.000 sufragios, derroté a Gerardo Cujía, dejando enterrados veinte años de malos manejos, inequidad, desigualdad y desprecio a los indígenas de Uribia”.

Uribia es otra de las tantas poblaciones de Colombia que en las pasadas elecciones de octubre se sacudió y eligió bien, que supo escoger a su nuevo mandatario territorial y se la jugó con una persona que ha le mostró  con sobrados argumentos a sus electores tener el coraje suficiente para enfrentar y derrotar a las viejas castas clientelistas y corruptas que durante décadas los gobernaron, usurpándoles el disfrute de sus condiciones de paz, seguridad y bienestar. Bonifacio le prometió a su pueblo devolverle lo que los partidos tradicionales le robaron: la independencia política.

*Columnista del Diario El Informador de Santa Marta, secretario de Gobierno Departamental del Atlántico en 1992 y secretario General del Atlántico en 1993-94.

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