Opinión

La devaluación, el conflicto distributivo y el presidente Petro

Si nadie pone freno la devaluación termina en una espiral inflacionaria, marcando precios para recuperar ingresos reales perdidos. Su bolsillo lo está sintiendo

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noviembre 09, 2022
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Los efectos de la devaluación los entendemos mejor si los vemos en cinco tiempos y desagregamos por sectores. También si los vemos en nuestro bolsillo.

En un primer momento la devaluación, por ejemplo del 25 %, que es la de este año en Colombia, favorece a todos los exportadores (petróleo, carbón, café, flores, receptores de turistas, narcotraficantes, etc.) porque sus ingresos en pesos suben 25 %, sin mayor esfuerzo adicional. Todos los que importan bienes y servicios reducen sus ingresos en esa misma proporción.

En un segundo tiempo, los perdedores intentan recuperar sus ingresos y suben los precios en moneda nacional (importadores de carros, maquinaria, computadores, alimentos, textiles, pasajes al exterior, etc.). Algunos no lograrán recuperar plenamente sus ingresos pues los consumidores intentarán sustituir a los más costosos (según elasticidad precio de la demanda). Entonces perdemos los consumidores (trabajadores y empresarios, pero más los primeros).

En un tercer momento el cimbronazo de la devaluación lo sienten los endeudados en dólares: empresas privadas y todos nosotros –el llamado Estado–, que quedamos endeudados como nunca por el gobierno Duque-Uribe. Los empresarios reaccionarán subiendo precios hasta donde puedan y el Estado mediante la reforma tributaria. El partido de los economistas neoliberales dirá que la reforma tributaria debe ser solo para cubrir el mayor servicio de la deuda externa, y los otros, diremos que es para cumplir los compromisos de campaña, reforma rural integral, lucha contra el hambre, transición energética, recuperación de la Amazonia, etc.

A todas estas, el Banco de la República notará que los precios se han disparado, tanto de alimentos importados como de otros productos y servicios nacionales que usan componentes importados o cuyos empresarios estaban endeudados en dólares. Si además, como ha ocurrido, la Reserva Federal de Estados Unidos sube las tasas de interés y se chupa los capitales especulativos de corto plazo, tenemos la disculpa perfecta para que la Junta Directiva del BanRep suba las tasa de interés (11 %, por ahora).

Un año más tarde del primer movimiento (es un decir), los asalariados intentarán recomponer los ingresos perdidos, peleando por aumento del salario en términos reales. Noten que los mayores perdedores son los que tienen contratos a más largo plazo, como los trabajadores y trabajadoras. También las empresas públicas, en especial las endeudadas en dólares, estarán al borde de la insolvencia y deben subir tarifas. Ese será el cuarto momento, que podemos llamar el del conflicto redistributivo agudo.

Habrá un quinto momento: los empresarios exportadores tendrán que producir a costos mayores (por salarios, tarifas, arriendos… más altos) y perderán parte de las ganancias extraordinarias, con lo cual presionarán nueva devaluación y que los salarios no suban tanto, etcétera. A ese coro se suman todos los que ya recuperaron sus ingresos, el partido de los economistas neoliberales y los medios de comunicación de tales empresarios.

Así pues, si nadie pone freno, la devaluación termina en una espiral inflacionaria y en una competencia desenfrenada por marcar precios para recuperar ingresos reales perdidos. Usted, amigo lector y lectora, lo está sintiendo en su bolsillo.

Como el presidente Petro salió a decir algo como lo descrito aquí, los “opinadores” del establecimiento salieron a gritar en coro que la causa de la devaluación eran los discursos del presidente, que se callara, que solo ellos tienen autoridad para decidir el futuro. Eso no va con Petro, pero la academia quiere pasar de agache en este debate.

La realidad es que el único país que puede pagar la deuda externa con su moneda nacional es Estados Unidos. Así, su descomunal déficit en balanza comercial lo paga con endeudamiento, también en dólares. A ese poder se le denomina “los derechos señoriales de la divisa patrón”. Un nombre perfecto. Los países que intentaron salirse del patrón dólar fueron barridos (Irak, Libia…). El problema es que cuando Rusia pide que le paguen el gas en rublos, no en dólares… la guerra en Ucrania (invasión rusa, es verdad) amenaza a toda la humanidad. Y China observa atenta, pagando en su moneda, yuanes, las compras de materias primas en África.

Estamos ante una encrucijada crítica. La inflación, como lo expuse en el artículo que se puede consultar en este link  “Inflación ¿de costos o de expectativas?” tiende a convertirse en una carrera especulativa, causada ahora por expectativas. La receta de Carrasquilla, codirector del Banco de la República, siempre ha sido la fácil: abandonar el peso y adoptar el dólar. Así nos quedaríamos sin capacidad de hacer política monetaria y condenados al extractivismo minero energético y de cocaína. Por fortuna los tiempos están cambiando.

 

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