Humberto de la Calle, el presidente que no logramos tener

"Él era el candidato que ofrecía menos resistencia al cambio, que había ocupado todas las dignidades que el Estado puede dispensarle a ciudadano alguno"

Por: German Peña Cordoba
mayo 22, 2019
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Humberto de la Calle, el presidente que no logramos tener
Foto: Campaña Humberto De la Calle

Me parece verlo en uno de los álgidos debates presidenciales de la anterior campaña. En ese último debate, lo único que le faltó al doctor De la Calle fue arrodillarse para suplicarle a todo el pueblo colombiano sobre el cuidado que se debía tener en nuestra escogencia y así lograr la más acertada opción, que conjugara las variables que el momento histórico nos presentaba. De la Calle nos imploraba la importancia de que nuestra elección no fuera a ir disociada del interés superior para preservar lo logrado hasta el momento en materia de paz y reconciliación entre los colombianos. No se le hizo caso al hombre que estuvo detrás de lograr esos difíciles acuerdos, no se le hizo caso a la voz de la experiencia que suplicaba con vehemencia. Pudo más la inoculación del miedo como arma de dominación. Esta estrategia de miedo ha funcionado exitosamente durante años. Siempre ha sido así. Siempre se nos aplica la misma medicina, cuando se asoma a la ventana el cambio y esto funciona.

De la Calle nos advertía en ese último debate sobre lo bien pensada que debería ser nuestra elección, puesto que se había trasegado durante cinco largos años en la búsqueda de la paz en La Habana y se habían logrado unos difíciles acuerdos. De la Calle recomendaba que nuestra elección necesariamente fuera direccionada a la preservación e implementación esos acuerdos, a poner a rodar la paz, ya que se había logrado desactivar la máquina de guerra que representaba las Farc. ¡Cuánta razón le asistía al doctor de la Calle! Menos mal que en primera vuelta voté por él, porque me parecía el mejor candidato. Ya en la segunda vuelta voté por Gustavo Petro.

Muchos no le escucharon. Envenenados por la cátedra de inoculación de odios que dicta el expresidente Uribe y que cuenta con muchos alumnos aventajados en esta materia, se dejaron llevar. Hoy los resultados saltan a la vista: un país en caos, un subpresidente que recibe órdenes y cuyo norte se basa solo en la obsesión por tumbar a Maduro, hacer trizas la paz —y a fe que lo están logrando— y la total obsecuencia a la potencia del norte, con un comportamiento indigno que compromete aun nuestra soberanía e institucionalidad. Ese comportamiento se interpreta a cuando a alguien le tiene la cola pisada y lo anterior funciona como chantaje.

¿Quién mejor para regir los destinos de la nación en este momento histórico y coyuntural que De la Calle? Humberto era el candidato que ofrecía menos resistencia al cambio, que había ocupado todas las dignidades que el Estado puede dispensarle a ciudadano alguno, entre otras ser el arquitecto de los acuerdos de paz, junto con Sergio Jaramillo y otros más que lograron desactivar el conflicto con las Farc que llevaba 60 años desangrándonos. Aunado a toda lo anterior, su nada despreciable experiencia como diplomático, catedrático, ministro y vicepresidente. Toda una larga carrera y experiencia al servicio del estado que no se supo aprovechar.

Hoy el otrora candidato se encuentra sereno pero preocupado, plácido pero lúcido, tolerante pero incisivo. Hoy escribe su columna del periódico El Espectador los domingos, donde desnuda sin procacidad alguna la lamentable y oscura situación que vivimos y la crisis institucional que padecemos. Pero me pregunto: ¿qué podíamos esperar de lo que elegimos? Al elegir lo que se eligió, no se podía esperar nada diferente a lo que vivimos hoy en día: la típica narrativa del Centro democrático, la reedición de los falsos positivos —como lo describe el artículo del New York Times—, la persecución a la justicia, los intentos de hacer trizas la paz, la invisibilización de la corrupción, etc. Esa es su esencia y de allí no se saldrán. Además, no tienen nada diferente que proponer y se les dificulta hablar de paz y reconciliación.

Ya para la segunda vuelta electoral, lamentablemente hay que decirlo y con pena, Humberto de la Calle Lombana no estuvo a la altura del momento histórico y se unió, a la equivocada postura, que igualmente siguió Sergio Fajardo y que fue la de invitar a votar en blanco. Se suponía que el arquitecto de la paz comprendería ese momento decisivo e invitaría a votar por Gustavo Petro, que entre las dos opciones garantizaba la continuidad y la implementación de lo acordado. Esa equívoca postura aupó al triunfo al pusilánime candidato que hoy tenemos lamentablemente como presidente. Eso sí se lo criticó. Eso fue algo incomprensible que lo desdibuja.

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