Gustavo Bolívar y su "lavada de manos".

El egocéntrico escritor de las narconovelas colombianas, asegura que en 40 años agradecerémos su trabajo.

Por: Fabio Andrés Olarte Artunduaga.
julio 22, 2014
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Gustavo Bolívar y su

"Incidencia de la TV en la mala imagen del país" fue el título de la columna del señor Gustavo Bolívar publicada por este medio el 20 de julio. La leí, recuerdo muy bien, en horas de la noche del domingo. Debo decir, sin caer en la prepotencia, que la estaba esperando hace varios días.

El título, a priori, me hacía pensar que de la mente de un escritor, como él, iba a surgir una argumentación diferente para defender su trabajo. Por desgracia, para mí, a los 5 minutos estaba decepcionado del autor del libro "Sin tetas no hay paraíso". Yo, anteriormente, ya le había escrito unas líneas en esta revista donde invitaba a mi generación a no ver sus narconovelas. Al parecer muchos están despertando y dejan, de a poco, de estar bajo el efecto de la hipnosis que produce la caja boba.

Bolívar, en dicha columna, se despacha en excusas. Es evidente la presión y la molestia con la que la escribió. La superficialidad de su relación histórica con la televisión emitida en el país desde los años 70 hasta nuestros días, francamente, es ofensiva. Al parecer para el guionista los procesos sociales, históricos y políticos del país no fueron un caso apartado sino algo común. Antes de Colombia, por desgracia, no había casos de países donde tantos flagelos sociales ocurrieron en tan poco tiempo. Creación de guerrillas, narcotráfico, paramilitarismo, narconovelas, entre otros han nacido en Colombia en menos de 50 años.

En algo sí estamos de acuerdo parcialmente Gustavo y yo. La responsabilidad, principal, de la mala fama y de la violencia debe recaer en los hombros de los políticos corruptos que mantienen al país en esta absurda crisis. El escritor y sus obras, lamentablemente, son un acompañante de la debacle que vivimos.

Entiendo que haya salido en esa defensa, absurda, de lo indefendible. Es su trabajo, nombre y movimiento político el que pierde credibilidad. Lo que definitivamente no podré entender es el por qué de su evidente furia. Lo imagino escribiendo con espuma en la boca. Seguramente tantas noches redactando libretos de la serie "El Capo" lo han convertido en un personaje violento. Él mismo, entonces, respalda la tesis de muchos de nosotros que vemos a sus narcoseries como un generador de odio. Él, en definitiva, ha creado un monstruo. En medio de su vehemente discurso Bolívar lanza esta frase "No por conocer la historia de nuestros narcotraficantes salimos a traficar". Evidentemente él, tan amante de las cifras, no investigó acerca de los índices de narcotráfico actuales. Con la imagen de héroe que él, magníficamente, le da a sus personajes millones de jóvenes han soñado. Hay muchos, inclusive, que ya lo están logrando. Éso es responsabilidad de él y de los canales de televisión, en una amplia medida.

Después, en una muestra importante de su ego, él asegura que en 30 o 40 años se va a agradecer su trabajo. Por supuesto que toda creación, por más dañina que sea, con el paso del tiempo es realmente una pieza importante por su contenido testimonial. Dudo que alguien, por ejemplo, no agradezca la creación de "Mi lucha", de manos de Hitler, por estos días. El problema, creo yo, de la repercusión de las obras de este señor es su llegada a la televisión. Somos un país donde la gente, en promedio, pasa 90 horas al mes viendo programas planos como "El capo 3". En ese mismo tiempo, por supuesto, podríamos haber leído algo tan importante como la Constitución Nacional. En suma Bolívar aprovecha, de una u otra forma, el morbo y mediocridad de nuestra nación.

Al final de su columna, nuevamente, dice una gran verdad: Los escritores no robamos ni matamos. Otra vez estoy de acuerdo con él, pues creo que no ponemos armas en la mesa, pero no por eso podemos desconocer la repercusión de nuestras obras (Mucho más si llegan a un medio como la TV). No estaría bien censurar la historia de los Escobar, Rodríguez o Castaño, pero es importante dejar de caer en ese falso romanticismo que llega a convertir en ídolo a un personaje que deberíamos aborrecer. A manera de conclusión, la defensa del colombiano "indignado" fue tan pobre como su capacidad de incursión en nuevos espacios literarios.

#DESPIERTACOLOMBIA.
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