GameStop: ¿la guerra de clases en el siglo XXI?
Opinión

GameStop: ¿la guerra de clases en el siglo XXI?

En Estados Unidos la noticia más relevante desde que se posesionó Biden, ha sido cómo un grupo de usuarios de una pequeña red social, Reddit, puso a temblar a Wall Street

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febrero 07, 2021
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La revista The Economist resumió bien el origen del drama: “En lugar de aprovechar las cuarentenas para aprender mandarín y descubrir a Tolstoi, algunas personas han usado sus recursos extra para hacer transacciones en la bolsa de valores”. Aunque por estos lados del mundo, no hubo mayores recursos extra -la revista se refiere a los cheques que recibieron millones de estadounidenses por parte del gobierno en la pandemia- y tampoco hay aplicaciones en el celular para hacer transacciones en la bolsa, creo que muchos podemos sentirnos identificados con eso de no haber aprendido mandarín ni haber repasado a Tolstoi en la pandemia. El drama es, por supuesto, lo que ha venido pasando con el valor de las acciones de una tienda de videojuegos, GameStop, y las implicaciones para el funcionamiento de Wall Street.

O ni tan obvio, conversando la semana pasada con un amigo muy enterado del día a día de las noticias y cuyo oficio -la política- depende en buena parte de estar opinando de todo en Twitter, so pena de ser declarado culpable de no tener opinión sobre algo o de tener una duda en una discusión, me comentó que no tenía la menor idea de qué le hablaba cuando le pregunté qué opinaba de “lo de GameStop”. No seremos en Colombia, en América Latina, el asunto de conversación en el día a día de Wall Street pero sí vale la pena revisar lo que está pasando porque las implicaciones nos afectan. Al fin y al cabo, la estructura del capitalismo estadounidense está totalmente atada a lo que pasa en las transacciones en Wall Street y nuestro desarrollo económico depende en buena parte de eso, que haya o no una crisis económica en Estados Unidos.

Los detalles técnicos del asunto son tan complejos como los del marxismo, que inspira el título de esta columna. Pero podemos resumir la esencia de lo uno y de lo otro, del marxismo y de GameStop, para ilustrar el problema. El planteamiento básico del marxismo, o al menos su interpretación en el campo político, tiene en su base la confrontación de las clases sociales como eje para entender el desarrollo de las sociedades. Entre los que tienen el capital y los que tienen la mano de obra, burguesía y proletariado. Más allá de la discusión teórica sobre el contenido del marxismo (el libro del profesor Terry Eagleton, Why Marx was right, hace un balance provocador), lo importante acá es recordar que esa idea definió en buena parte el desarrollo de la humanidad en el siglo XX. La Unión Soviética, la República Popular China y muchos otros países, siendo Cuba el más relevante para esta región, intentaron implementar un modelo de gobierno bajo principios marxistas. La Guerra Fría, el enfrentamiento entre los dos mundos –liderados por Estados Unidos y la Unión Soviética- fue precisamente eso, un choque alrededor de si primaban o no los principios marxistas como el mejor modelo para la humanidad. Bueno, para no ir más lejos, en Colombia hubo una guerra de más de 50 años en donde se enfrentaban grupos marxistas –de un tipo u otro, sabemos que la izquierda es especialmente hábil en crear subdivisiones- frente al “establecimiento”, en palabras de Álvaro Gómez Hurtado.

La caída del muro de Berlín, el colapso de la Unión Soviética y el fracaso de casi todos los países del campo marxista, llevaron al final del siglo a que algunos decretaran que la “historia se había acabado”. La hipótesis era que la democracia liberal y el capitalismo de los mercados como forma de ordenar la economía, eran ya el modelo definitivo para la humanidad. Sabemos treinta años después que esa hipótesis estaba errada: lejos está el mundo de estar organizado bajo un solo modelo de democracia liberal occidental. Los agresivos intentos por implementar modelos neoliberales y de globalización sin restricciones fracasaron en llevar a los países más pobres a la tierra prometida. Y la democracia, como forma política de distribuir el poder, que parecía muy vigorosa en los noventa, ha perdido terreno. Basta con ver a Rusia, gobernada hoy por un autócrata con un sistema económico lejos del sueño neoliberal, ya que en su centro tiene una oligarquía cerrada que hace negocios con cierto orden desde el estado – que es Putin-. O a Venezuela, hoy bajo una dictadura, y que en los noventa para el observador casual parecía el ejemplo para mostrar en América Latina de desarrollo económico en democracia. Sin embargo, y esto es lo importante, ni Venezuela ni Rusia ni casi ningún otro país está ordenado bajo una estructura marxista. Ni siquiera China que ha creado su propio modelo de capitalismo de estado.

El siglo XXI empezó entonces con esa incertidumbre: ante la incapacidad para imponerse de las potencias de Occidente, que ganaron la Guerra Fría, y ante el fracaso de los líderes marxistas de mostrar un camino para redimir a los más pobres, la pregunta ha sido qué nueva forma de ordenar a las sociedades va a aparecer. Parece poco probable que países tan inestables como Rusia y Venezuela representen un camino a seguir: en medio de una inmensa corrupción en las élites y, en Venezuela, de un desastre humanitario, porque a la corrupción se suma la increíble ineficacia del gobierno, en ambos países hay constante tensión social y política. Quizás se estabilicen internamente con regímenes represivos, pero no serán un ejemplo para la humanidad. Queda la posibilidad de China, aparentemente exitosa en varias dimensiones, pero que empieza a ver limitaciones en su modelo de desarrollo capital-estatista y que tiene inmensas dificultades para crear las relaciones internacionales que difundan sus intereses.

Y, en medio de esa incertidumbre, el último año ha traído pistas sobre posible nuevos caminos, en una de las cunas del capitalismo y la democracia: Estados Unidos. Se ha discutido ampliamente la inmensa tensión política que le puso Trump y el trumpismo al país. Llevó al límite a las instituciones democráticas y selló con sangre su partida de la Casa Blanca. Los optimistas dirán que las instituciones resistieron finalmente, los pesimistas que la semilla de su destrucción quedó sembrada. Menos se ha hablado, en Colombia porque allá en Estados Unidos ha sido la noticia más relevante desde que se posesionó Biden, sobre cómo un grupo de usuarios de una pequeña red social, Reddit, pusieron a temblar a Wall Street. Nada más y nada menos que el centro del poder económico mundial. Coordinando su comportamiento en un foro en lo más profundo del internet, usuarios de aplicaciones para comprar acciones de manera muy sencilla, lograron que la acción de la tienda GameStop pasara de unos 4 USD a unos 400 USD en pocas semanas y, esto es lo que más me impresiona a mí, sin que GameStop haya cambiado absolutamente nada en su forma de producir valor.

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La toma del Capitolio y la toma de Wall Street desde un sótano anticipan una nueva forma de ordenar sociedades, la que está en remojo desde el colapso del marxismo

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Una operación netamente especulativa, millones de David contra algunos Goliat, dándoles de su propia medicina: grandes grupos de inversión habían apostado que GameStop perdería su valor -suena fácil, pero son operaciones complejas, explicadas parcialmente en la película The Big Short, el intento de Hollywood para explicar lo que pasó en la anterior crisis financiera-. Estos usuarios, hombres y mujeres comunes y corrientes, lograron algo casi imposible entre los humanos: coordinar una acción colectiva. Sumando compras de acciones relativamente pequeñas lograron subir poco a poco el valor de la acción, pusieron contra las cuerdas a los fondos de inversión que habían apostado duro a que la acción bajaría de precio -apuesta bastante obvia, no parece este el momento para que una tienda física de videojuegos vaya a tener un boom- y, poco a poco, lograron capturar la atención de toda la sociedad. Elon Musk, de Tesla -una compañía relevante en el mundo accionario pero que también es relevante en el mundo “real”-, apoyó a los David de Reddit. Alexandra Ocasio-Cortez – la líder principal de la izquierda gringa- y Ted Cruz – que intenta heredar el trumpismo- coincidieron que no debería haber ninguna traba a que los David siguieran en su camino de tumbar a los Goliat.

Sumando compras de acciones relativamente pequeñas lograron subir poco a poco el valor de la acción, pusieron contra las cuerdas a los fondos de inversión que habían apostado duro a que la acción bajaría de precio -apuesta bastante obvia, no parece este el momento para que una tienda física de videojuegos vaya a tener un boom- y, poco a poco, lograron capturar la atención de toda la sociedad

En pocos días, en medio de una pandemia y la posesión de un nuevo presidente, la noticia más importante de los Estados Unidos fue cómo era posible resquebrajar el funcionamiento de Wall Street desde un sótano. No es menor el logro. El movimiento de los compradores de acciones cuenta, al menos en un principio, con una simpatía de las mayorías: la bolsa de valores ha andado un camino profundamente desconectado de la economía real. Basta con ver el año pasado: inclusive durante la pandemia, con millones de desempleados y profundos destrozos económicos, la bolsa tuvo un año relativamente bueno. Sobra decir, que quienes se benefician directamente de esas ganancias son la minoría.

Los hechos son aún recientes. Empiezan las discusiones sobre lo positivo y lo negativo de que se pueda poner a temblar el mundo financiero desde una red social. Ya vendrán las discusiones sobre los beneficios que ofrece el mercado accionario a una sociedad. Sin embargo, sospecho que entre la toma del Capitolio por un grupo de trumpistas y la toma de Wall Street por un grupo de usuarios de Reddit, se puede estar gestando la nueva forma de confrontación política y económica en el siglo XXI, esa que permanece en remojo desde el colapso del marxismo. Veremos.

@afajardoa

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