El inicio de 'Cien años de soledad' se habría escrito en Zipaquirá

Se dice que Gabo habría empezado su gran novela durante su estadía como interno en el Liceo Nacional de Varones, idea que podría soportarse con material documental

Por: Cristian Camilo Sánchez Rodríguez
noviembre 03, 2020
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El inicio de 'Cien años de soledad' se habría escrito en Zipaquirá
Foto: @gabriel_garcia_marquez_

El escritor y periodista Gustavo Castro Caycedo expone en su obra Gabo: Cuatro años de soledad. Su vida en Zipaquirá que en Liceo Nacional de Varones “estructuraron al genial escritor”, quien arribó al pueblo el lunes 8 de marzo de 1943. En esta rigurosa investigación, dedicada a explorar la vida no contada por mucho tiempo del joven Gabriel García Márquez, se retratan sus gustos por la poesía, la música, las caricaturas y sus primeros amores.

Sin embargo, hay un episodio desconocido hasta hace poco sobre ese trasegar de Gabito por Zipaquirá, y que mencionó en una entrevista el escritor Gustavo Castro Caycedo en el marco de la Semana del patrimonio cultural del municipio de Chía del presente año. En el conversatorio que sostuvo con el poeta Juan David Sanabria comentó que Gabito durante su estadía como interno en el Liceo Nacional de Varones de Zipaquirá empezó a escribir la obra Cien años de soledad; idea soportada en una carta que le escribió Gabriel García Márquez a su amigo Plinio Apuleyo Mendoza.

Para efectos de aproximarse a la idea del maestro Gustavo Castro Caycedo se transcribirá un fragmento de dicha carta que se encuentra publicada en el libro Gabo:cartas y recuerdos de Plinio Apuleyo:

22 de julio de 1967

Compadre:

Me ha dado una gran alegría lo que me dices del capítulo de Cien años de soledad. Por eso lo publiqué. Cuando regresé de Colombia y leí lo que llevaba escrito, tuve de pronto la desmoralizante impresión de estar metido en una aventura que lo mismo podría ser afortunada que catastrófica. Para saber cómo lo veían otros ojos, le mandé entonces el capítulo a Guillermo Cano, y convoqué aquí a la gente más exigente, experta y franca, y les leí otro. El resultado fue formidable, sobre todo porque el capítulo leído era el más peligroso: la subida al cielo en cuerpo y alma de Remedios Buendía.

Ya con estos indicios de que no andaba descarrilado, seguí adelante. Ya les puse punto final a los originales, pero me queda por delante un mes de trabajo duro con mecanógrafa, que está perdida en un fárrago de notas marginales, anexos en el revés de la cuartilla, remiendos con cinta pegante, diálogos en esparadrapo, y llamadas de atención en todos los colores para que no se enrede en cuatro abigarradas generaciones de José Arcadios y Aurelianos.

Mi principal problema no era solo mantener el nivel del primer capítulo, sino subirlo todavía más en el final, cosa que creo haber conseguido, pues la propia novela me fue enseñando a escribirla en el camino. Otro problema era el tono: había que contar las barbaridades de las abuelas, con sus arcaísmos, localismos, circunloquios e idiotismos, pero también con su lirismo natural y espontáneo y su patética seriedad de documento histórico. Mi antiguo y frustrado deseo de escribir un larguísimo poema de la vida cotidiana, "la novela donde ocurriera todo", de que tanto te hablé, está a punto de cumplirse. Ojalá no me haya equivocado.

Estoy tratando de contestar con estos párrafos, y sin ninguna modestia, a tu pregunta de cómo armo mis mamotretos. En realidad, Cien años de soledad fue la primera novela que traté de escribir, a los 17 años, y con el título de La casa, y que abandoné al poco tiempo porque me quedaba demasiado grande. Desde entonces no dejé de pensar en ella, de tratar de verla mentalmente, de buscar la forma más eficaz de contarla, y puedo decirte que el primer párrafo no tiene una coma más ni una coma menos que el primer párrafo escrito hace veinte años. Saco de todo esto la conclusión de que cuando uno tiene un asunto que lo persigue, se le va armando solo en la cabeza durante mucho tiempo, y el día que revienta hay que sentarse a la máquina, o se corre el riesgo de ahorcar a la esposa (…)

Como se aprecia en este último párrafo de la carta, Gabriel García Márquez cuenta que Cien años de soledad fue la primera novela que trato de escribir a los 17 años y que abandonó por la magnitud de la empresa. A esto súmese que el creador de Macondo precisa que el primer párrafo de la epopeya del pueblo olvidado “no tiene una coma más ni una coma menos” que el primer párrafo escrito muchos años atrás. Hasta aquí todo puede parecer una bonita historia de juventud, pero, según enfatiza Gustavo Castro Caycedo, a los 17 años Gabriel García Márquez estaba estudiando como interno en el Liceo Nacional de Varones.

Se puede verificar que en efecto García Márquez arriba a la villa de la sal “el lunes 8 de marzo de 1943, dos días después de haber cumplido 16 años de edad, y donde se graduó de bachiller el viernes 6 de diciembre de 1949” (Caycedo, 2012, pág. 21). Precisión temporal que permite defender la idea de que Gabo empezó a escribir Cien años de soledad en el tiempo que estuvo como interno en Zipaquirá.

Además de esto, vale mencionar que en Liceo Nacional de Varones dejó de interesarse por las coplas y las caricaturas en razón de la influencia de su profesor de literatura Carlos Julio Calderón, que no dudaba en repetirle que lo suyo no era la poesía sino escribir en prosa.

Estas contadas líneas, como se menciona más arriba, tan solo son una aproximación a una idea que el maestro Gustavo Castro mencionó en un conversatorio el pasado 22 de octubre ; y que significa una revelación para el municipio donde en la actualidad se intenta promover la memoria perdida del joven García Márquez.

Bibliografía

Caycedo, G. C. (2012). Gago: Cuatro años de soledad. Su vida en Zipaquirá. Bogotá: Grupo Zeta.

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