Opinión

El “Estado de la Nación” por Fernando Vallejo

Por:
abril 09, 2015
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Si alguno de ustedes ve a Roy o a Benedetti con sus sacolevas de cola larga, a Claudia López con su kit de relajación o a Paloma con su neceser de peluquería, díganles por favor que los ando buscando.

Es para proponerles un proyecto de ley: instaurar el 6 de abril como el Día del Discurso del Estado de la Nación.

Si responden que ya existe, que es el 20 de Julio y que lo protagoniza el presidente de la República, sáquenlos del error. De ese ladrillo, conocido y sufrido por todos, que funde televisores a granel, ni hablar. Es al discurso que llena auditorios, recalienta redes sociales y alborota el cotarro hasta la médula, al que me refiero. El que pronuncia (lee) el escritor Fernando Vallejo haciendo caso omiso de la oratoria —sin mirar a nadie, sin variar el tono de la voz y sin anestesia—, cuando le da la gana, donde le da la gana y ante quien le da la gana.

Es ese, el que nunca me pierdo. El que me fascina y me hace soltar carcajadas; por irreverente, desparpajado, atrevido y provocador. Es ese, con fecha y nombres propios, el que se debería institucionalizar.

Y me fascina, digo, no necesariamente porque suscriba las diatribas de Vallejo —mi catastrofismo no le llega al suyo ni a los tobillos, creo en la capacidad de regeneración que tiene el género humano—, sino porque celebro que tenga la libertad interior de decir lo que dice y como lo dice y, sobre todo, que pueda hacerlo.

Supongamos, en gracia de discusión, y resumiendo en cuatro palabras las 2.473 que tejieron su monólogo “La infamia que aquí llaman paz” durante el acto inaugural de la Cumbre mundial de arte & cultura por la paz, el lunes pasado en Bogotá, que “Colombia es una mierda”.

Supongamos.

Una “mierda” que hay que aplaudir, le faltó precisar, en lo que a libertad de expresión se refiere, porque le garantiza —a él y a otros menos eruditos— la posibilidad de decir lo que dijo y suele decir. Y seguir reblujando el huerto, fresco como una lechuga. Lo que no le sucedería, seguro, ni en Venezuela ni en Ecuador, para no alejarnos del vecindario. A lo mejor en México, donde reside, sí. Acostumbrados a desayunar con chile habanero, que alguien lance fuego por la boca debe ser tortilla de cada día; órale, Nandito, que sería conveniente mermarle al tabasco pepper. Por aquello de la gastritis.

Es que eso de querer ser presidente “para electrocutar a esa vieja en pelota (a la exfuncionaria de la alcaldía de Mockus que según él mandó electrocutar cientos de perros en Engativá) y mojada con agua fría”, podría ser síntoma de úlceras gástricas en formación. Lo mismo que el “miserables” con el que se refiere a los generales que han viajado a La Habana; el “imbécil” que le chanta encima al “malo” de Mockus; la solución rápida con la que pide revivir la Ley del Talión, corregida y aumentada, y la conclusión de que Juan Manuel Santos “es el más grande bellaco de la Historia de Colombia”, además de “patadas en el culo” y otros piques. El ají se nota. (Consultar Escala Scoville).

Pero si después del impacto inicial, el lector desprevenido relee el discurso, encontrará inquietudes válidas que luchan por sobreaguar en ese subidón de bilirrubina, en ese Guernica con el que Vallejo pretende radiografiar el país. Inquietudes que no son infundadas y se escuchan por ahí, solo que en voz baja, no sea que se conviertan en motivo de bullying  democrático. Por ejemplo: ¿la política corrompe?, ¿al servicio de qué intereses están los partidos? ¿Cuándo tocará fondo el botín de la discordia? ¿Es cierto que a Santos no se le puede creer nada y que para alcanzar sus objetivos pasa por encima del que sea?, ¿cuántos ases tendrá bajo la manga? ¿Paz e impunidad son sinónimos?, ¿habrá reparación satisfactoria para las víctimas?, ¿qué es lo que, en realidad, se está negociando en La Habana? ¿Cuál paz si los dirigentes políticos en Bogotá no son capaces de convivir con sus diferencias? ¿Soportará la justicia maltrecha el peso del posconflicto? ¿Tienen los expresidentes rabo de paja? ¿Cuál es la Colombia que llaman potencia emergente? En fin.

Pasa que Fernando Vallejo —el personaje excesivo que ha creado— corre el riesgo de convertir en divertimento intelectual la realidad lacerante que lo atormenta. Sus destinatarios pueden quedarse anclados en el escándalo.

COPETE DE CREMA:  Me pregunto si Vallejo piensa la mitad de las cosas que dice o si las dice para picar la felicidad bobalicona que nos caracteriza. Lo imagino riéndose a más no poder, mientras escribe lo que escribe. Me fascina, qué puedo hacer. Bienvenido, pues, el nuevo Día del Discurso del Estado de la Nación. Las propuestas son para hacer…

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