Doña Tulia la mamá de 94 años de las hermanitas Calle

Está viva, conserva su duro carácter y ayudó a que la novela, que acaba de terminar, fuera lo más fiel a la realidad

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enero 26, 2016
Doña Tulia la mamá de 94 años de las hermanitas Calle

Para interpretar a Tulia Araque en la novela de Caracol, Patricia Tamayo estuvo varias tardes con la señora de 94 años para aprender sus dichos, para escuchar sus anécdotas, para conocer la historia de su personaje. Lo que más trabajo le costó a la actriz fue intentar reproducir el talante y la decisión de una mujer que se impuso a todo con tal de lograr el sueño de convertir a sus hijas en estrellas de la música carrilera.

Y es que Tulia Araque tenía que soportar sin rechistar el espíritu andariego de su esposo, Don Manuel Calle. Ella, que siempre soñó con su casita llena de flores, con un solar amplio en donde pudieran jugar sus nueve hijos, se resignó a caminar con él por todos los pueblos del sur de Antioquia. En Ciudad Bolívar, justamente, nacieron Fabiola y Nelly. Cuando esta última tenía cuatro meses de nacida, Manuel le dijo a su esposa que alistara sus cosas y a las niñas porque se iban para el Viejo Caldas. Empezaban los años sesenta y uno de los primeros recuerdos de Fabiola fue ver a su papá tocando el tiple y a su mamá cantando esas carrileras que le erizaban la piel.

A Fabiola fue la primera que Tulia Araque le descubrió el talento. No era más que empezar a cantar Angelitos negros de Pedro Infante para que la niña le siguiera el ritmo. Cuando cumplió ocho años Tulia ya sabía que iba a ser mejor cantante que ella. Cuando llegaron a Caicedonia, en el Valle del Cauca, y Fabiola ya tenía 13 y Nelly  9 y con una voz y una gracias que ella nunca tuvo, Tulia se le enfrentó por primera vez a su esposo, se le plantó de frente y le dijo que las iba a educar para que fueran las cantantes más queridas de Colombia. Manuel puso los ojos en blanco.

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A él lo habían criado bajo el temor de Dios y las buenas costumbres de una familia arriera, católica y paisa. Las mujeres tenían que quedarse en casa, dispuestas a atender al marido, a educar a sus hijos. Ellas eran el sacrosanto bastión del hogar. Sus gritos y amenazas no pudieron contra la voluntad de Doña Tulia que las llevó a una radio aficionada de Caicedonia para que actuaran en un programa de radio en vivo, con público de verdad. Desde esa primera presentación, ante los ojos achispados por el alcohol de 80 personas, el mito de las Hermanitas Calle nació sin que ellas se hubieran dado cuenta. Pero lo mejor de ese show no fueron los aplausos finales, ni los cinco pesos que recibió Tulia, sino que entre el público estaba Israel Motato, el compositor que se había hecho famoso en el Valle por la canción Ocúltame esos ojos, habló con la mujer sobre sus hijas: si hubiera posibilidad de que las niñas se dedicaran solamente a la música saldrían adelante. Tulia sabía que el principal obstáculo iba a ser Manuel. Israel, confiado en su poder de convencimiento, le dijo que se tranquilizara, que lo llevara a la casa para hablar con el hombre.

Por el camino entró a una tienda, compró una botella de aguardiente que se convirtió, en la casa de los Calle, en un jolgorio de risas, canciones y abrazos. La férrea guardia de Manuel se deshizo ante la admiración que sentía por Motato. Tulia Araque se quedaría custodiando a las niñas en su viaje a Bogotá. Era 1965 y sólo los cantantes más grandes, los más encumbrados, podrían grabar canciones. Por intermedio de Israel la casa disquera Relafo les abrió sus puertas. Grabaron dos temas y, para desilusión de Doña Tulia no pasaron nada con las canciones.

Don Manuel se frotaba las manos, no sólo no iba a estar de acuerdo con la vida licenciosa a la que estaba ligada la música, sino que no iba a exponer a sus hijas a la desilusión del fracaso. Eran muy pequeñas, lo mejor es que se pusieran a estudiar y a tener una vida normal. Indeclinable, Tulia se apoyó en lo que le decía el maestro Motato, sería sólo cuestión  de tiempo, Fabiola tenía la voz muy delgada y la de Nelly era muy gruesa, pero no importaba, las niñas iban a crecer y la voz cambiaría.

Tulia resistió y la perseverancia al fin ganó: Discos Victoria las contrató dos años y empezó el éxito, los llenos, la idolatría. La clave para que jamás las hermanitas Calle no se les subiera a la cabeza, para que nunca se comieran el cuento, fue doña Tulia quien estuvo allí para espantarles el noviecito ocasional, para convencerlas que si querían ser divas, tenían que trabajar como obreras.

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