Opinión

Cuando era un crimen hablar mal de Uribe en Medellín

Los jóvenes no lo vieron, pero la tarde en la que la Seguridad Democrática lanzó la brutal Operación Orión, Medellín se rindió a los pies de Uribe

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mayo 12, 2021
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Cuando era un crimen hablar mal de Uribe en Medellín
La mayoría de los que salieron a borrar el legado de Uribe eran muy pequeños para recordar la fiebre que despertaba en Medellín el hombre de mano firme, corazón grande y su Seguridad Democrática

Como en ninguna otra ciudad de Colombia Medellín llenó sus calles repudiando al expresidente este miércoles 12 de mayo. La mayoría de los que salieron a protestar contra el gobierno que impuso, a base de mentiras Álvaro Uribe, eran muchachos que habían nacido en el siglo XXI. Eran muy pequeños para recordar la fiebre que despertaba en esa tierra el hombre de la mano firme, del corazón grande.

Entre el 16 y el 17 de octubre del 2002 el ejército, en asocio con paramilitares del Bloque Cacique Nutibara, “limpiaron” de guerrilla el barrio San Javier en plena comuna 13. Abajo, en la Tacita de Plata, los señores bien almorzaban mientras escuchaban los bombazos, el horror. Álvaro Uribe Vélez llevaba dos meses en la presidencia y tenía en esa ciudad el 93 % de popularidad. Ni Pinochet en los barrios ricos de Santiago tuvo tanta favorabilidad. Entre los chicharrones y el aguardiente, la dieta que le despierta el monstruo a los señorones de Medallo, lanzaban alabanzas al nuevo presidente, un arriero “con guevas” capaz de extirpar de raíz cualquier vestigio de comunismo. En las casas del Poblado, de Laureles, había unanimidad. Los muchachos se sentían respaldados ante un hombre joven que cumplía a cabalidad su promesa de permitirles regresar a sus fincas enclavadas a orilla del Rio Cauca. La propaganda funcionaba tan bien que hasta las muchachas del servicio repetían el estribillo “ahora si podemos viajar por carretera” cuando ellas estaban cada vez más pobres, más despreciadas.

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Los señorones de Medallo, lanzaban alabanzas al nuevo presidente, un arriero “con guevas” capaz de extirpar de raíz cualquier vestigio de comunismo

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 Los jóvenes no lo vieron, pero la tarde en la que la Seguridad Democrática lanzó la Operación Orión, que dejó un saldo de 80 civiles heridos, 17 homicidios cometidos por el Ejército, 71 personas asesinadas por paramilitares, y 110 desaparecidos, Medellín se rindió a los pies de Uribe. Ese clima irrespirable, tan paramilitar y lleno de odio lo sabe retratar con maestría Pablo Montoya en La sombra de Orión, tal vez la mejor novela que se ha hecho sobre los años de la Seguridad Democrática. Como un periodista exhaustivo recrea al detalle el operativo que coordinó el ejército con los hombres de Don Berna, mostrando el contexto en el que se ubicaron primero las milicias del ELN y las Farc y después la retoma por parte de paracos y fuerza pública de esa Comuna 13, dejando muy mal parados a Luis Pérez, quien era el alcalde en ese momento, a Marta Lucía Ramírez, ministra de Defensa y al propio expresidente Uribe.

Pero lo que más sobrecoge en la novela de Montoya es el retrato de cómo era una familia estrato 6 de Medellín a comienzos de este siglo. Católica, homofóbica, arribista y con una debilidad inconfesable por los mafiosos. Unos valores asquerosos que fueron el caldo de cultivo para que el uribismo se impusiera, como una religión, en Medellín, en toda Colombia.

Hoy, esa misma sociedad, ha gritado basta. Muy dolido debe estar Uribe al ver como en su propia tierra se abjura de su nombre. Esto parece irreversible. Mientras los noticieros siguen mostrando los rostros mortecinos de los viejos de siempre, los que serán condenados por la historia, en las calles los jóvenes están decididos a borrar su legado. Una vez más ningún canal nuestro transmitirá la revolución. Viejos, escóndanse, la suerte ya está echada.

 

 

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