Andrés Julián, el alcalde producto

"Ojalá este diciembre sirva para relexionar en el gobierno que queremos y preguntarnos algo más sustancioso que el motivo por el que se casó Adonay"

Por: Juan Esteban Trujilo Marín
noviembre 23, 2017
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Andrés Julián, el alcalde producto
Foto: Alcaldía de Rionegro

Pareciera ser que el premio que le dieron hace años a Álvaro Uribe Vélez como el "Gran Colombiano" sigue siendo el motivo de inspiración intrínseca de los sonámbulos súbditos del Centro Democrático, que sobra decir que de "democrático" y de "centro" tiene realmente muy, pero que muy poco. El año pasado Andrés Julian fue elegido como el mejor alcalde del país, cosa que indignó a más de uno y explayó la babasa rebañil de otros tantos peor educados. Hasta ahí todo tibio, tranquilo. Pues muchos decidíamos no seguir haciendo caso a ese tipo de incoherencias e inconsistencias mediáticas, pues bien sabemos que el rostro de Jorge Isaacs, ahora disfrazado de García Márquez, podía tapar algunas bocazas sin necesidad de bozales. Sin embargo, el 22 de noviembre de 2017 (fecha que casi coincide con la fecha en la que fue premiado el año anterior por Gacetas de Colombia) se anunció que había sido galardonado por un medio que, la verdad, hasta ese día muchos no sabíamos si quiera que existía y muchísimo menos que entregaba ese tipo de menciones tan importantes. Se presentó a este entreguista como un gran gestor demócrata y se nos resaltó con un marcador fucsia chillón la desgracia y la indignación cuando hacen hincapié en que es un reconocimiento más que merecido por su "inigualable" e "hidalga" gestión social, ferviente y envalentonada con los rionegreros. Vaya, vaya, vaya.

Para muchos esto fue la cereza sobre un pastel de blasfemias cremosas, cuyas velitas las apagamos de una buena vez, pues la tal luz solar esa tan ceremoniada que las "alimentaba" está muy mal diseñada por contratistas que pusieron en primer lugar al dinero, antes que a la ciencia. Ya no hay más mejillas que quieran sacrificarse por la compañera abofeteada, por culpa de este tipo de barbaridades indecorosas, que hacen que a los que hemos entrado a revisarle los colmillos al lobo, se nos coagule la sangre al hacerle la última pregunta sobre los mismos cuchillos óseos, y lo que creíamos ser una humilde abuelita indefensa, se convierte en un hambriento Canis lupus, cegado por la rabia y el olor a carne fresca. Al alcalde, desde mi posición correspondiente, nunca lo he escuchado hablando de temas culturales y sinceramente educativos, en ninguna de las preguntas que le hacen los comunicadores de su alcaldía, a los que curiosamente su gobierno es quien les paga el sueldo, para que le digan las cosas que él quiere escuchar. Ni tampoco, en ninguna de sus rendiciones de cuentas, lo he visto tratando a profundidad los temas históricos de la región, parece entrenado únicamente para hablar de obras civiles y estructuras económicas. Va constantemente por ahí, en compañía de la alopecia de uno de esos arlequines mal avenidos que,  acompaña con amor incondicional, a esta estrella del pop carrilero y las sinfonías guascas, para hablar antes con los periodistas y decirles lo que le tienen que preguntar y cómo lo tienen que hacer, o por lo menos, hacerles una "amistosa sugerencia". Porque ante todo hay que conservar la buena imagen: "¡Oiga, tómele una foto al alcalde comiendo oblea, pero hágale pues que es para hoy!... Liberalucho este".

Porque todo hay que decirlo, publicidad el hombre sí tiene y mucha, porque claro, se prefiere endiosar la propia imagen de modelo recalcitrante de Alberto VO5, que entregar recursos a los jóvenes emprendedores o empeñarse de manera ética por conservar la libre expresión de muchos de los habitantes del municipio, reitero, en términos culturales, aquí no hay nada y de eso se ha encargado precisamente la sesión "progresista" de Andrés Julián, que no hace más que atrasar al municipio en temas de patrimonio y valoración de las nuevas ideas militantes de grandes innovaciones culturales. Para salir adelante aquí, hay que apellidarse Cardona o en su defecto, Quintero (lo que nadie sabe es el estado de negación en que el hombrecillo este cayó con dicho apellido en fechas pasadas, que según él, no registra en su árbol genealógico, los invito a investigar abiertamente el tema de Ruben Darío Quintero y el proletariado de confusión que florece en la sangre que corre por sus venas).

Creo que este tipo tiene que dejar de pensar en premios Grammys, que en la realidad inmediata no son más que medallitas de chocolate amartelado, y empezar a velar verdaderamente por ese patrimonio cultural que él tanto dice defender a capa y espada. Por otro lado, investigando uno con cautela cotidiana, las opiniones tanto personales (con detenimiento) como las ajenas, que tienen innumerables miembros del sector cultural y artístico de la región, y otros tantos ciudadanos de que se levantan con coraje a recibir turnos esclavistas de ocho horas diarias, ahí cae uno en la cuenta que se trata de un tipo traicionero, vivaracho, cuyo deseo de imitar a Álvaro Uribe Velez es tan profundo, que lo llevó a privatizar la salud y crear vendettas económicas contra todo aquel que se oponía a sus totalitarias maneras de ver el camino correcto para la transformación de un municipio al que parece que le encanta que se lo pasen por la galleta.

En fin, es una estrategia de marketing político, basada en los elefantes blancos y delfines rosados, enhebrados en alfileres cobrizos marca Edeso: ¡Qué es eso!... Así se debería llamar esta entidad, pues es la expresión que tienen muchos ciudadanos ante sus pretenciosas intervenciones urbanísticas. Regresando a lo que nos convoca, en esta y otras oportunidades, esos fantasmas de la comunicación medieval de los que hablé con anterioridad han tenido el arrojo de entregarle falsos heroísmos, como aludiendo con indirectas al León Rampante que Cordova selló con fuegos de lucha y liberación, en su ardoroso escudo, que quedó inmortalizado también, en el sello honroso del municipio. Pero ojo, que si nos colocamos las gafas de la razón, podremos ver que no es más que un perro que se asoma entre las llantas de un taller abandonado, al que su dueño sacolero con oficina en La Galería, le grita: "¡Chite Leonidas, chite!... Chanda liberalucha esta".  Hágame el favor. Pero yo a veces no sé ni para qué escribo estas cosas, si igual medio pueblo va ir a las fiestas Rionegreras a montar en yegua alquilada, escuchar homenajes a Ozuna como si se tratara de composiciones de Wagner o Bach, y comer chunchurrias variopintas mientras se pegan tiros al aire. Y todo esto bajo las decoraciones descaradas de nuestro escudo y de nuestra bandera. Yo creo que lo único que nos queda a todos es escribir en defensa propia. Para ver si la gente se inmuta de una buena vez y el ciberactivismo cobra algún sentido como lo hizo en el caso de la Primavera Árabe, donde la gente aprovechó las herramientas que ofrecen las redes para derrocar a sus presidentes, que llevaban años atornillados en el poder, y así se demostró que el rol que juega el mundo digital, es muy pero que muy importante y en ocasiones, excepcionalmente eficiente. Ojalá este diciembre sirva para relexionar en el gobierno que queremos y preguntarnos algo más sustancioso que el motivo por el que se casó Adonay.

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