Aunque nació en Detroit (Estados Unidos) en el seno de una familia de inmigrantes irlandeses, el pianista encontró su verdadero hogar musical en los ritmos de América Latina. La historia del pianista que se enamoró de la cultura latina comenzó de forma inesperada, gracias a un ultimátum de su padre.
Su padre, reacio a que Arthur se dedicara a la música, le propuso un trato: solo lo apoyaría si lograba ingresar al prestigioso Manhattan School of Music en Nueva York.
Arthur fue aceptado, pero lo que su familia no se imaginó era que el conservatorio estaba ubicado en un vecindario rodeado por la vibrante cultura latina. Desde entonces, el piano dejó de ser un instrumento musical para él. "Es mi mejor amigo. Cuando estoy triste toco, cuando estoy feliz también compongo. Es mi amante, mi psicólogo... realmente es parte de mí", afirma.
La relación, como todas las duraderas y fructíferas, también implicó sacrificios. A los 22 años, reunió cerca de 8.000 dólares y, sin dudarlo, los invirtió todos en comprar su primer piano. Una decisión que sorprendió a su familia.
Al moverse en un barrio habitado por puertorriqueños, dominicanos y colombianos, se vio rodeado por las melodías tropicales de la salsa, el merengue y la bachata, que sonaban en cada rincón. Empezó, de ese modo, una doble vida musical que su madre bautizó con un clásico de la literatura universal "Doctor Jekyll and Mister Hyde": De día estudiaba y tocaba música clásica, de noche se escapaba para tocar en clubes latinos donde la temperatura se eleva a ritmo latino.
Dicha experiencia terminó produciendo el sonido que hoy lo caracteriza: una mezcla entre la técnica del piano clásico, el blues estadounidense y la explosividad de la música latinoamericana. "Cuando llegué encontré el ritmo que sentía que le hacía falta a todo lo que había aprendido", explica. Además, lo convirtió actualmente en el único pianista instrumental en liderar las listas latinas de Billboard.
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Colombia y el encuentro de dos ríos
Colombia ha ocupado un lugar muy especial en el corazón y la carrera de Hanlon. Su profundo respeto y conexión con el país se consolidó magistralmente en su colaboración "Goodbye", un tema interpretado junto a los colombianos Carlos Vives y Goyo.
La semilla de este tributo nació en una charla íntima con Carlos Vives, un amigo que la vida cruzó en su camino y con el que lleva años de aventuras musicales y vitales desde que un día los presentaron en un evento de la industria. Tomando gin and tonics, ambos artistas decidieron unir sus raíces: el río Mississippi, donde nació el blues estadounidense, y el río Magdalena, la cuna de la cumbia colombiana.
Por esos días ya eran amigos, se conocían en su rol profesional y personal, pero no se habían dado la oportunidad de colaborar musicalmente. Gracias a la decisión conjunta, el propio Carlos Vives ha definido a Hanlon como un "'gringo” de Detroit enamorado de la música latina" que logró llevar el piano al éxtasis a través de la fusión de ritmos.
Durante semanas buscó la manera de traducir una idea al piano. "No pensaba en acordes. Pensaba en emociones. ¿Cómo suena la tristeza? ¿Cómo suena un río? Ese fue el verdadero reto", cuenta.
Si algo tiene claro Arthur Hanlon es que las mejores canciones no siempre empiezan con una reunión de trabajo. "Para mí todo es cuestión de química. Si no hay conexión entre las personas, la música tampoco fluye". Esa forma de pensar lo ha llevado a construir una estrecha relación con varios artistas colombianos. Más que colaboraciones, las describe como encuentros entre amigos.
A Arthur le gusta cocinar, recibir músicos en su casa, compartir una copa y dejar que las conversaciones terminen convirtiéndose en canciones. "Es ahí donde nacen las mejores ideas", asegura.
El sentimiento y la conexión antes que la técnica y el dinero
La relación de Arthur Hanlon con Colombia es "la confirmación de un vínculo construido desde el respeto, la escucha y la emoción". Su historia demuestra que la música no tiene fronteras y que un piano, en las manos correctas, es capaz de traducir la emocionalidad latina mejor que cualquier idioma.
Hanlon asegura que todo comienza con un sentimiento, más que con una metodología técnica. Uno de sus maestros, en Nueva York, tenemos el nombre del maestro? le enseñó a improvisar a partir de emociones concretas: tristeza, felicidad, angustia o sensualidad. Desde entonces, ese ha sido el eje de sus composiciones.
Cuando trabajó en "Bala Perdida", junto a Ángela Aguilar, no buscó primero una melodía, sino que intentó sentir la historia detrás de la canción para dejar que el piano hablara por sí solo. "Ese es mi proceso secreto", dice entre risas.
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La energía de la amistad
Aunque ha trabajado con artistas de distintos géneros como Ivy Queen, Lupita Infante, Evaluna Montaner, ChocQuibTown, Tito Nieves, Juanes, Laura Pausini, Kany García, Ricardo Montaner, Manuel Medrano y Ángela Aguilar; asegura que nunca elige una colaboración pensando únicamente en el impacto comercial. "Todo depende de la química entre las personas. Si no hay conexión, para mí simplemente no funciona".
Dicha filosofía lo llevó recientemente a trabajar con Jessi Uribe. Ambos pasaron varios días componiendo en Medellín y, según adelanta el pianista, el proyecto verá la luz próximamente. Además, está preparando un especial de televisión navideño llamado Arthur Hanlon en familia, grabado en su propia casa, donde abrirá las puertas de su intimidad para compartir música, comida y conversaciones con invitados especiales.
El próximo 5 de septiembre, Arthur Hanlon regresará a Bogotá para presentar un espectáculo que define más como una experiencia que como un concierto. Acompañado por su banda (integrada principalmente por músicos cubanos) y una producción audiovisual inspirada en el cine, el pianista promete recorrer las historias que han marcado su carrera e invitar a varios artistas colombianos al escenario. "Quiero que la gente sienta esa energía entre amigos. Eso es lo que hace especial la música", finaliza.
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