Imagine caminar por el centro comercial Monterrey en Medellín buscando un computador nuevo o algún accesorio tecnológico. Entrar a un local llamado JB Tecnología Med y ver que quien atiende detrás del mostrador es un actor famoso. Se trata de Mauricio Mejía, el antioqueño de 48 años que ha dado vida a icónicos personajes en ‘El cartel de los sapos’, ‘Escobar, el patrón del mal’, ‘La reina del flow’ y, recientemente, ‘Rigo’.
La escena sorprende diariamente a muchos de sus clientes y revela una historia sobre la reinvención personal que arroja una luz sobre la realidad de la que poco se habla: la situación económica y la inestabilidad que enfrentan los actores en Colombia.
El mito del actor millonario vs. la industria
Existe una falsa creencia en el imaginario colectivo sobre las estrellas de la televisión. Como el mismo Mauricio lo expresa de manera jocosa, la gente suele pensar que por el simple hecho de salir en la pantalla chica los actores tienen que ser vecinos de las grandes estrellas o andar en carros lujosos como los de los cantantes.
El panorama económico de los artistas en el país es muy distinto. La televisión y el cine son industrias muy fluctuantes. Los proyectos tienen un inicio y un fin y los periodos de inactividad entre una novela y otra pueden durar meses o incluso años. Dicha inestabilidad no discrimina trayectoria ni fama. Un claro ejemplo reciente es el del veterano actor Luis Eduardo Arango, quien a pesar de participar en exitosas producciones como 'Pa quererte', llegó a confesar que la dura crisis económica casi lo empuja a abandonar la actuación para dedicarse a manejar taxi.
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Ante los constantes cambios en la industria del entretenimiento y las nuevas plataformas, muchos actores han comprendido la necesidad de buscar fuentes de ingresos que sean más "seguras" y constantes para no depender exclusivamente de los castings.
Para Mauricio, quien cuenta con más de 25 años de trayectoria artística, el momento de hacer una pausa estratégica llegó con la pandemia. Tras vivir más de dos décadas en Bogotá dedicado de lleno a los estudios de grabación, alejado de su familia, el confinamiento lo obligó a regresar a su natal Medellín.
Fue en ese retorno donde decidió darle rienda suelta a una pasión que tenía escondida. Antes de ser un famoso actor, Mauricio estudió mecánica en el SENA. Desde que era un niño, era el típico curioso que desarmaba cualquier aparato electrónico encontrado en su casa solo para entender cómo funcionaba.
Aprovechando esta vieja fascinación por los circuitos y los cables, se asoció con un gran amigo experto en tecnología y abrió su propia tienda. Al mismo tiempo, demostrando una gran visión de negocios, montó una marca de ropa junto a su esposa para diversificar más sus ingresos.
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Hoy en día, Mauricio no es el típico socio ausente que dirige desde una cómoda oficina. Él trabaja de domingo a domingo, en jornadas que van desde las nueve de la mañana hasta las siete de la noche. No tiene ningún tipo de complejo en atender directamente a los clientes, hacer ventas, organizar su local de tecnología y tomarse fotografías con las personas que lo reconocen.
“A mí no me da ni cinco de pena que me vean trabajando. Me daría pena que me vieran haciendo otras cosas”, afirmó el actor en entrevista con El Colombiano. Mauricio está orgulloso de estar generando empleo y aportando a la economía de su ciudad, inclusive ya genera alrededor de 10 empleos directos.
Lejos de aislarse de la actuación, Mauricio ha convertido su local en un laboratorio actoral. Mientras despacha un equipo, se dedica a observar los gestos, los acentos y las formas de caminar de la gente, asegurando que en la cotidianidad de la calle habitan los verdaderos personajes.
Mauricio Mejía no abandonó definitivamente la actuación, simplemente encontró la manera de hacer que sus dos grandes pasiones convivan. Mientras atiende su negocio, mantiene su teléfono celular siempre cerca, enviando videocastings y esperando con calma un guion que realmente lo motive a volver a pararse frente a las cámaras como ahora lo hace antes los clientes de su local.
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