En Samacá, una banda sinfónica cambió los ensayos por “tamaladas” y recolección de fondos, antes de levantar el trofeo del World Music Contest en Países Bajos

 - La odisea de un grupo de niños de un pequeño pueblo de Boyacá que conquistó el “mundial de la música sinfónica” en Europa

Las mismas manos que durante semanas envolvieron tamales, sostuvieron alcancías en semáforos y organizaron rifas terminaron levantando un trofeo frente a un auditorio europeo.

Dicha recompensa al trabajo comunitario y el talento grupal fue una de las historias más llamativas del World Music Contest (WMC) 2026. La Banda Sinfónica Especial de Samacá, un pequeño municipio de 20 mil habitantes ubicado a unos 30 kilómetros al suroeste de Tunja (Boyacá), pasó de buscar recursos para costear un viaje a convertirse en campeona mundial en Kerkrade (Países Bajos).

Cuando el nombre de la agrupación fue anunciado como ganador de la tercera división, el recorrido previo cobró más significado. Detrás de la ovación, hubo meses de incertidumbre económica, campañas comunitarias y una carrera contra el tiempo para conseguir el dinero necesario para representar a Colombia en el certamen considerado el "mundial" de las bandas sinfónicas.

El resultado fue contundente. La agrupación obtuvo 95,69 puntos, la nota más alta de su categoría, superando a 14 bandas participantes y dejando atrás a otras delegaciones de España, Polonia, Bélgica, Francia, República Checa, Alemania, Italia y Luxemburgo.

Una invitación que parecía imposible de aprovechar

El cupo para competir en Kerkrade llegó después de otro logro internacional. En 2024, la Banda Sinfónica Especial de Samacá ganó el 136.º Certamen Internacional de Música de Valencia (España), reconocimiento que abrió las puertas para participar directamente en el World Music Contest.

Sin embargo, la invitación vino acompañada de un desafío económico. El desplazamiento de los 64 niños y jóvenes requería una suma que el municipio no tenía disponible. El presupuesto para trasladar a toda la delegación obligó a iniciar una campaña de recolección de recursos que involucró a familias, comerciantes, autoridades y habitantes del municipio.

Los fines de semana dejaron de estar reservados únicamente para los ensayos. Algunos músicos salieron a vender tamales, organizaron bingos, rifas, conciertos y bazares, mientras otros recorrían las calles con urnas improvisadas para recibir aportes voluntarios. Desde monedas hasta donaciones de mayor valor comenzaron a alimentar el fondo con el que finalmente cruzaron el Atlántico.

La carrera contra el reloj antes del viaje

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Mientras el calendario avanzaba, también crecían las dudas sobre la posibilidad de asistir al campeonato. La agrupación aseguró que el apoyo esperado por parte del Ministerio de Cultura no llegó, situación que derivó en una protesta el 1 de julio, cuando los jóvenes salieron con sus instrumentos a las calles para pedir que se cumpliera el compromiso anunciado.

La escena contrastaba con la imagen habitual de una banda sinfónica. En lugar de un escenario, los músicos ocuparon el espacio público para defender la oportunidad de competir en el certamen más importante de su disciplina.

La campaña terminó movilizando a buena parte del departamento. Según la administración municipal, se lograron reunir cerca de 840 millones de pesos entre actividades comunitarias, aportes privados y contribuciones de diferentes aliados.

Las aerolíneas KLM e Iberia también apoyaron el desplazamiento con recursos destinados a los tiquetes aéreos, mientras que el congresista Héctor Chaparro y el exdiputado Rodrigo Rojas, ambos del Partido Liberal, aportaron los 90 millones de pesos que faltaban para completar el presupuesto.

Finalmente, el 21 de julio la delegación emprendió el viaje hacia Países Bajos.

El día en que Samacá conquistó Europa

Días después, el silencio previo a la presentación reemplazó el ruido de las campañas de financiación. Frente al jurado internacional, la agrupación interpretó la obra obligatoria, Evolutions, y también una pieza inédita inspirada en el campo colombiano, bajo la dirección del maestro Julián Ropero Borda.

El jurado destacó la técnica, la disciplina escénica y la capacidad para transmitir la riqueza de la música colombiana, elementos que terminaron inclinando la balanza a favor de la agrupación boyacense.

Cuando llegó el anuncio oficial, la emoción invadió a la delegación. El presentador confirmó que la Banda Sinfónica Especial de Samacá era la campeona mundial de la tercera división con 95,69 puntos, la mejor calificación de toda la categoría.

El propio Ropero reconoció después que el puntaje fue una sorpresa incluso para ellos. En declaraciones a Caracol Radio recordó el camino recorrido para llegar hasta Europa: "Vendiendo tamales, gallinas, haciendo rifas y recibiendo donaciones por medio de los medios de comunicación, logramos llegar al Concurso Mundial de Bandas".

Más adelante añadió que se trataba de una agrupación de un municipio pequeño, con instrumentos que, según sus palabras, "realmente no son los mejores".

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Un triunfo que también habló de comunidad

El World Music Contest se celebra cada cuatro años desde 1951 y reúne a algunas de las mejores bandas de viento y percusión del planeta. Obtener el primer lugar significa ostentar el título mundial durante el siguiente ciclo del certamen; aunque el hecho de asistir ya es un triunfo para las bandas que lo logran.

Es importante resaltar que la participación colombiana también dejó otros resultados destacados. La Banda Sinfónica de Tibasosa terminó en el noveno lugar de la misma división con 84,14 puntos, mientras que la Banda Sinfónica de la Escuela de Formación Artística de Cota obtuvo el segundo puesto en la segunda división y la Banda Sinfónica Juan David Castaño Arango, de Sabaneta, ocupó la tercera posición.

En Samacá, mientras tanto, la espera terminó con una celebración colectiva. El alcalde Wilson Castiblanco Gil aseguró que el resultado era "el esfuerzo colectivo de nuestras niñas, niños y jóvenes" y una muestra de que la música continúa siendo un puente entre generaciones y países.

Ahora, los mismos estuches que recorrieron las calles regresarán al municipio acompañados por un trofeo mundial. Entre partituras, banderas colombianas y abrazos, la pequeña banda de Boyacá convirtió un camino lleno de obstáculos en el recorrido más importante de su historia.

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Por Christopher Ramirez

Periodista Apasionado por la literatura y la crónica urbana.