Cinco funcionarios con cargos diplomáticos se mueven aun por los pasillos de la casona en el barrio de Miramar, la sede de la embajada de Colombia en La Habana ocupados de sus oficios cotidianos que en ocho días serán asunto del pasado. El canciller Omar Bula será el encargado de volver realidad la instrucción presidencial: Colombia cerrará sus misiones diplomáticas en Cuba y en Nicaraguas, caracterizadas por Abelardo de la Espriella.
La última tarea del embajador José Noé Ríos, economista de la Universidad Jorge Tadeo Lozano y negociador en representación de varios gobiernos en múltiples intentos por llegar a acuerdos de paz con alzados en armas, será recibir a su jefe Gustavo Petro quien además aprovechará el viaje para despedirse como jefe de Estado de la cúpula de poder cubana mientras el país atraviesa una dura crisis. Fue en La Habana, con Raúl Castro en plena vigencia, cuando Petro fue atendido de un cáncer incipiente que superó.
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Petro ha dicho que viaja a respaldar lo que él llama la Cuba agredida, en medio de la crisis económica y el bloqueo estadounidense que golpea la isla.
La ruptura con el gobierno cubano impulsada por De la Espriella no sería la primera en una relación en la isla siempre ha jugado un rol como anfitriona de múltiples procesos de paz con la negociación de Juan Manuel Santos con las Farc en primera línea.

La relación entre los dos países empezó en 1902 y se cortó por primera vez en diciembre de 1961, cuando el presidente Alberto Lleras Camargo siguió el ejemplo de Washington en plena Guerra Fría: Colombia impulsó, en una reunión de cancilleres del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca, la resolución que terminó expulsando a Cuba de la OEA.
La Habana respondió apoyando durante años a las guerrillas colombianas, las FARC, el ELN, el M-19. En 1974 Colombia pidió, junto con Costa Rica y Venezuela, una reunión extraordinaria en Quito para levantar esas sanciones; la propuesta ganó por mayoría, pero no alcanzó las dos terceras partes necesarias. Fue Alfonso López Michelsen quien restableció relaciones en marzo de 1975. Duraron hasta 1981, cuando Julio César Turbay Ayala a raíz de la toma de la República Dominicana por parte del M-19. Belisario Betancur y Virgilio Barco hicieron acercamientos, pero ninguno alcanzó a formalizar el reencuentro.
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El restablecimiento lo firmó César Gaviria, el presidente liberal que había heredado la bandera política de Luis Carlos Galán después de su asesinato en agosto de 1989 y el primer embajador fue Ricardo Santamaría quien había acompañado al comisionado de paz Rafael Pardo en el proceso de desmovilización del PRT en el gobierno Gaviria. Estableció la delegación diplomática en 1993.
Ernesto Samper nombró en 1997 a Alberto Villamizar: cucuteño, excongresista, primer zar antisecuestro del país, esposo de Maruja Pachón, cuñada de Galán. La política colombiana volvía a cruzarse con la memoria del líder liberal asesinado ocho años antes.
Un año después, en 1998, Andrés Pastrana viajó a La Habana a reforzar las relaciones con Fidel Castro y designó al diplomático Julio Londoño Paredes, quien había sido canciller de Virgilio Barco y su voz pesaba en asuntos de política exterior. Álvaro Uribe lo ratificó dos veces, y Londoño terminó pasando más de once años al frente de la embajada, el periodo más largo de esta historia, mientras participaba en los sucesivos intentos de acercamiento con el ELN.

A finales de 2010, ya posesionado Juan Manuel Santos, le llegó el momento al barranquillero historiador del caribe Gustavo Bell, quien había sido vicepresidente y ministro de defensa de Andrés Pastrna y había participado en el intento fallido de negociación de Santos con el ELN. Fue el embajador anfitrión de la negociación del gobierno Santos con las Farc y ocupó el cargo hasta diciembre de 2017 y vio cerrarse ahí, en Cuba, la negociación de 4 años que terminó con el Acuerdo de La Habana firmado, con enmiendas por cuenta de la derrota del Plebiscito en el Teatro Colón.
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Para Iván Duque, Cuba no estaba entre sus prioridades y nombró al cucuteño conservador Juan Manuel Corzo que había sido secuestrado en un vuelo comercial por el ELN. Petro lo mantuvo en el servicio exterior pero finalmente fue trasladado a la embajada en Paraguay y se le abrió el camino a José Noe Ríos, o viejo zorro en las negociaciones con distintas guerrillas, perteneciente al ala socialdemócrata del Partido liberal.
negociador en casi todos los procesos de paz que ha tenido Colombia desde 1986, el M-19, el EPL, el PRT, la Corriente de Renovación Socialista, el Movimiento Quintín Lame, las FARC, el ELN, las milicias de Medellín. Petro lo designó el 7 de octubre de 2022 con la esperanza de poder concretar la negociación con el ELN que terminó en frustración. El sabor amargo que debe estar viviendo de tener que cerrar la embajada en la casona de Miramar. , con su bandera colombiana y el retrato de Gustavo Petro en la sala. Con el saludo a Miguel Diaz – Canel concluye también el periplo internacional del Presidente del Pacto Histórico que batió records en viajes fuera de Colombia.
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