El Coliseo de voleibol Yesid Santos de Medellín no suele vibrar al ritmo de la alta costura, pero la noche del pasado 27 de julio se convirtió en el escenario perfecto para la pasarela más importante del país. Entre la expectativa del público y los acordes de una orquesta en vivo, sucedió la inauguración de Colombiamoda 2026, liderada por la diseñadora bogotana Manuela Álvarez y su firma MAZ.
La velada estuvo marcada por un fuerte simbolismo político e industrial. El presidente electo, Abelardo De La Espriella, acompañado de su esposa, Ana Lucía Pineda (quien lució un diseño de Álvarez para la ocasión), llegó a Medellín en uno de sus primeros actos públicos enfocados en este sector empresarial y cultural.
Hace diez años ningún presidente asistía a Colombiamoda. Tras el desfile, De La Espriella reafirmó su compromiso de respaldar con firmeza las industrias creativas como un motor de desarrollo y empleo, enviando un mensaje contundente sobre la proyección internacional de la moda nacional.
En los pasillos de la feria, se gestó un objetivo del nuevo gobierno: de la mano del talento de Manuela, conquistar la prestigiosa Semana de la Moda de París con un sello de diseño artesanal.
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La niña que aprendió a perderse para encontrarse
La historia de Manuela Álvarez no sigue el libreto tradicional de la moda. Nació en Bogotá, en el seno de una familia ajena al diseño. Su infancia transcurrió entre selvas, motocicletas y bosques espesos, donde perderse con un GPS en la mano por tierras como La Guajira era la norma familiar. También vivió el amor familiar por Girardot, de donde son sus padres.
"Un poquito de hambre y un poquito de frío enseñan, y eso me enseñó a ser muy resiliente y muy trabajadora", confesó la diseñadora en entrevista con Semana. Además, aseguró que pasó mucho tiempo sola y tuvo que madurar de prisa.
Esa misma tenacidad la acompañó cuando viajó a Milán para formarse en el prestigioso Istituto Marangoni. A su regreso, sin contactos ni herencias en el sector, se enfrentó al hecho de no saber cómo ingresar a la industria. Tras perder en su primer intento en el concurso Se busca diseñador Fucsia, persistió, se presentó de nuevo y ganó, obteniendo como recompensa su primera pasarela en Colombiamoda.
Manuela no se define como una diseñadora del trópico colorido; se asume orgullosamente como una mujer de montaña, de páramo, de niebla y de tierra húmeda, con una estética minimalista que es profundamente latinoamericana.
El verdadero elemento diferenciador de MAZ, marca que fundó hace trece años, es su estrecho vínculo con la tradición artesanal de Colombia. Álvarez entendió el valor de la riqueza ancestral del país durante un viaje al Chocó con el proyecto Maestros Ancestrales. Desde entonces, su taller se convirtió en un laboratorio de diseño donde el 90% de las prendas son confeccionadas por manos artesanas, incluyendo madres cabeza de familia y comunidades indígenas.
Para evitar la apropiación cultural, la diseñadora implementó el modelo 360 Holistic Sustainable Process. En dicho sistema, la marca nunca utiliza simbología sagrada indígena y respeta plenamente las tarifas impuestas por los propios maestros artesanos. Además, ofrece un componente pedagógico que capacita a las comunidades en mercadeo, costeo y paletas de color, dándoles herramientas para que sean autosostenibles en el mercado global.
Dciha metodología ha llevado a Manuela a ser invitada en dos ocasiones a exponer su visión en la sede de las Naciones Unidas (ONU) en Nueva York, a convertirse en semifinalista del prestigioso Premio LVMH 2026 y a lograr que una de sus piezas forme parte de la colección permanente del Victoria & Albert Museum de Londres.
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Los hitos: De la Selección Colombia a la consagración de un corazón roto
La carrera de Manuela Álvarez atraviesa un momento dorado gracias a dos proyectos de alcance global.
El primero de ellos fue el diseño de los trajes oficiales de la Selección Colombia para la Copa Mundial de Fútbol 2026. La creación fue en colaboración con Adidas y la Federación Colombiana de Fútbol. La diseñadora vistió a la delegación con más de 70 trajes de sastre con silueta moderna y pantalones de ajuste deportivo. El proyecto requirió más de 450 metros de tejido en telar horizontal de algodón hilado y teñido a mano, estampado con tecnología Sutex que consume cero gotas de agua.
Cada traje llevó, al lado derecho, el Trifolio de la Bienaventuranza o un diseño artesanal de la Flor del Maíz: una reinterpretación del logotipo de Adidas tejida en chaquiras por la comunidad indígena Camëntsá Biya del Valle de Sibundoy (Putumayo) y fue liderada por el colectivo Curarte. Allí, como un homenaje a la trazabilidad, cada prenda incluyó una marquilla personalizada con el nombre del artesano que la elaboró a mano.
El segundo logro ocurrió la noche del 27 de julio en la pasarela inaugural con "Oh My Heart". Inspirada en un duelo de pérdidas personales y la nostalgia de no haber superado la última fase del LVMH Prize, la colección se presentó como una cartografía del dolor dividida en cuatro actos cromáticos: el negro de la negación, el rojo del desgarro, el azul del respiro y la aceptación y el crudo azul??? de la superación definitiva. Con 31 salidas que lucieron cueros y técnicas de fieltro, el desfile estuvo acompañado por composiciones originales interpretadas en vivo por las orquestas Filarmónica y Sinfónica de Medellín.
Fotos pasarela El éxito de Manuela Álvarez consolida la idea de que el diseño latinoamericano radica en lo hecho a mano, en la trazabilidad y en el valor humano detrás de cada fibra. Con el respaldo total anunciado por el nuevo gobierno presidencial de vestir 100% colombiano y el rotundo éxito de "Oh My Heart", la diseñadora demuestra que el corazón de la moda de montaña sigue latiendo con fuerza, listo para resonar en los escenarios más exigentes del mundo.
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