¿Qué televidente no recuerda a Leónidas Galindo en Nuevo rico, nuevo pobre, ese entrañable señor de bigote que le sacaba sonrisas a la audiencia? Detrás de ese y de otros personajes inolvidables, está Hugo Gómez, un titán de la actuación en Colombia. A sus 78 años, con más de medio siglo de carrera, este bogotano de voz privilegiada demuestra que la pasión no se jubila y que el talento, como el vino, mejora con los años.
Estudió arquitectura y diseño, pero el destino le tenía preparado un guion diferente: cambió los planos por los libretos y sets de grabación. Su potente voz le abrió las puertas de la televisión, convirtiéndolo rápidamente en un rostro entrañable en los hogares colombianos. Se le vio brillar como el doctor Largacha en Don Chinche y en Nuevo rico, nuevo pobre como Leónidas Galindo. Entre sus éxitos recientes está La ley del corazón.
El hito de su carrera fue en 1987. Ese año interpretó un papel protagónico en la película El embajador de la India. Allí encarnó a Jaime Flórez, un provinciano que a punta de carisma engañó a un pueblo haciéndose pasar por un diplomático de lejano oriente. La imagen del actor, rodeado de guirnaldas y desfiles de pueblo, quedó grabada en la cultura popular.
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La vida cambia libretos sin avisar. Tras perder a su esposa Lucía Lozano, su compañera por más de cuarenta años y, además, ver que Bogotá se ponía difícil por la inseguridad y la falta de trabajo, el panorama se tornó "color de hormiga". Por eso, tomó una valiente decisión: empacó recuerdos y se fue para Medellín donde lo esperaban su hija y su familia.
El paso por MasterChef: sazón, ternura y un cilantro innolvidable
En 2026, Hugo sorprendió al país con su participación en MasterChef Celebrity. A sus 78 años, el participante más veterano se ganó el cariño de todos con su carisma y humildad en una cocina que puede llegar a ser muy intimidante. Las redes sociales, ante su fugaz participación, se desbordaron de amor por el querido "maestro".
En su paso por el reality, estuvo siempre acompañado por "Gastón", su inseparable bastón regalado por su hija antes de la competencia. Aunque en el primer episodio los jueces le llamaron la atención por un omelette "demasiado sencillo", Hugo recibió la crítica con respeto.
La cocina profesional es implacable. En el reto de eliminación, preparó un arroz con leche lleno de nostalgia, pero cometió un error inesperado: adornarlo con brotes de cilantro. Ese toque equivocado para un postre dulce determinó su salida. Su despedida fue muy emotiva y estuvo sellada por un tierno abrazo con el joven Sebastián Villalobos, quien fue su primer compañero de equipo y se convirtió en su "nieto" adoptivo en el reality.
Tras superar un infarto en el pasado, Hugo no preferirió descansar tranquilo. Por el contrario, decidió seguir conectado con el trabajo actoral y colaborando con canales como Teleantioquia. Con una mirada viva y llena de vitalidad, confesó ante el programa de televisión, La Red: "¡Estoy vivo! ¡Estoy vigente! Me llaman con frecuencia y hago castings... me siento vivo. Ojalá mis compañeros contemporáneos tuvieran la oportunidad de seguir vigentes como yo".
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El contraste de una industria ingrata
La realidad para la mayoría de los actores clásicos en Colombia es muy distinta y, tristemente, está llena de espinas. Detrás de las luces, se esconde una crisis silenciosa que afecta a quienes construyeron la televisión. Luis Eduardo Arango es uno de los actores que confesó que nunca logró pensionarse por la inestabilidad de la profesión, pasó por crisis tan duras que llegó a considerar seriamente trabajar como taxista en Medellín. La actriz Judy Henríquez asegura que la edad golpea con crueldad. Su hija, Adriana Romero, denunció que en una agencia de casting llamaron a Judy "vejestorio" asegurando que retrasaría las grabaciones.
El caso de Waldo Urrego, el inolvidable villano de Amar y vivir, antes de fallecer a los 80 años en junio de 2026, tildó a la televisión de "un poco ingrata", criticando el olvido estatal y de las productoras hacia los veteranos. Y Alberto Saavedra, quien a sus 74 años, denunció la drástica escasez de ofertas laborales. Señaló que el cambio generacional de los directores de casting aísla la madurez de los clásicos.
La lucha más icónica fue la de Teresa Gutiérrez. En sus más de 60 años de carrera, alzó la voz contra la falta de pensiones. Aunque protagonizó éxitos como La abuela o Pedro el escamoso, tener que trabajar superados los 80 años no fue una elección, sino una necesidad de supervivencia. Antes de su partida, en marzo de 2010, defendió las regalías de los actores (semilla de la Ley Fanny Mikey), advirtiendo que olvidar a los veteranos es perder la memoria cultural del país.
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