El voto sigue siendo una de las formas más poderosas de cuidar la democracia y apostar por un horizonte compartido.

 - Votar sin miedo y con esperanza

Colombia vive un tiempo largo e intenso de las elecciones. Como ocurre en cada ciclo electoral, el ambiente público se llena de tensiones, incertidumbres, debates, apuestas de futuro y expectativas colectivas. También aparecen el cansancio frente a la desinformación, las noticias falsas, la agresividad verbal y las estrategias de manipulación que muchas veces empobrecen la conversación democrática.

Sin embargo, en medio de ese ruido también florecen expresiones esperanzadoras: ciudadanos que conversan en sus barrios, familias que discuten respetuosamente sobre el rumbo del país, organizaciones sociales que deliberan, jóvenes que participan y comunidades que buscan hacerse escuchar. Allí persiste la mejor tradición democrática: la posibilidad de pensar juntos el futuro.

Conviene recordar que elegir y ser elegido constituye un derecho fundamental reconocido por los instrumentos internacionales de derechos humanos y por la Constitución Política de Colombia. El voto no es un simple trámite institucional, es una expresión de soberanía ciudadana, una forma concreta mediante la cual las personas participan en la construcción del destino colectivo.

La historia colombiana ha estado atravesada por profundas disputas económicas, sociales, culturales y políticas. Muchas de ellas se expresaron durante décadas mediante la exclusión, la violencia y la incapacidad de reconocer la legitimidad del adversario. Esa herencia todavía pesa sobre nuestra cultura política y, en ocasiones, reaparece bajo nuevas formas de intolerancia, estigmatización y polarización.

Pero también existe otra tradición menos visible e igualmente importante: la capacidad de resolver las diferencias mediante mecanismos institucionales y democráticos. A pesar de las dificultades, Colombia ha construido escenarios de acuerdos para que las disputas sobre el rumbo del país se expresen mediante la deliberación pública, la organización ciudadana y el voto.

La segunda vuelta presidencial representa precisamente uno de esos momentos. Existen proyectos distintos de sociedad, visiones diferentes sobre el desarrollo económico, la justicia social, la seguridad, el ambiente y las relaciones entre Estado y ciudadanía. Las diferencias son reales y es legítimo que así sea. Una democracia viva no se caracteriza por la ausencia de conflictos, sino por la capacidad de debatirlos sin destruir los vínculos que nos permiten convivir como nación.

Más que una confrontación de enemigos, este proceso debería ser una gran conversación democrática

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Por ello, más que una confrontación de enemigos, este proceso debería ser una gran conversación democrática. Una fiesta cívica donde la ciudadanía pueda expresar sus convicciones, defender sus ideas y participar activamente sin recurrir al odio, la mentira o la violencia simbólica. El respeto por quien piensa distinto no debilita las convicciones propias; por el contrario, fortalece la calidad de la democracia.

La segunda vuelta de las elecciones presidenciales a realizarse el 21 de junio exigirá transparencia institucional, garantías para todas las opciones políticas y responsabilidad ciudadana. El fortalecimiento democrático no depende únicamente de quienes aspiran a gobernar, sino también de la manera en que cada uno de nosotros participa en el debate público y ejerce su derecho al voto.

Llegado el momento de decidir, vale la pena hacerlo sin miedo y con esperanza. Sin miedo, porque la democracia solo florece cuando las personas pueden expresar libremente sus preferencias políticas. Y con esperanza, porque votar sigue siendo una de las formas más poderosas de afirmar que el futuro no está escrito y que la construcción del país continúa siendo una tarea colectiva.

Del mismo autor: Garantías políticas básicas

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Por Jesús Darío González Bolaños

Es caleño, investigador social, Doctor en Antropología de la Universidad del Cauca, Maestro en Filosofía, con estudios de especialización en Comunicación y Cultura, y en Pensamiento Político Contemporáneo, Trabajador Social de la Universidad del Valle. En el sector público ha ejercido como coordinador de cultura de los DDHH de la Defensoría Regional del Pueblo en el Valle del Cauca, asesor de Participación Ciudadana, director del Departamento Administrativo de Gestión del Medio Ambiente - DAGMA, secretario de Gobierno, gerente encargado de EMCALI y secretario de Bienestar Social en la Alcaldía de Cali.