A mediados de julio de 2022, cuando Gustavo Petro acababa de ganar la Presidencia, pero aún no se había posesionado, Abelardo De la Espriella sorprendió al anunciar que se retiraría del ejercicio activo del derecho después de más de dos décadas como penalista. Explicó entonces que había alcanzado todas las metas que se había propuesto dentro de la profesión y que había llegado el momento de concentrarse en otros proyectos personales.
Un abogado que no veía la política en su camino
La política, por lo menos públicamente, no figuraba entre ellos. En entrevistas de aquella época aseguró que era demasiado inteligente para dedicarse a esa actividad y sostuvo que necesitaba encontrar espacios que enriquecieran su vida más allá de las disputas electorales. Decía que le interesaba la política de las ideas, pero no la de las votaciones. Sus planes estaban orientados hacia otros frentes: la producción de vino, el lanzamiento de una marca de ron, otra de ropa, la música y diversas iniciativas empresariales.

Aunque el anuncio del retiro se produjo en 2022, el paso definitivo ocurrió al año siguiente. Desde entonces, siguió vinculado a la dirección estratégica de su firma, pero dejó de asumir personalmente nuevos casos judiciales. Para ese momento ya había comenzado a construir una faceta empresarial que venía desarrollando desde años atrás.
Mucho antes de pensar en la Presidencia, De la Espriella había apostado por los negocios. Uno de sus primeros proyectos alejado del ámbito jurídico fue gastronómico. En 2014, abrió en Barranquilla el restaurante francés Dijon junto al chef Carly Pérez. La apuesta funcionó y un año después inauguró una segunda sede en Bogotá. Con el tiempo, esa experiencia se convirtió en la base para nuevas inversiones en ese sector.
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En 2023, dio otro paso importante cuando abrió un restaurante en Miami junto al cantante Silvestre Dangond y al salsero Gilberto Santa Rosa. Para entonces ya se había trasladado con su familia a vivir en Brickell, uno de los sectores más exclusivos de la ciudad estadounidense, desde donde administraba parte de sus negocios internacionales.
La relación empresarial con Silvestre Dangond se extendió también a otras iniciativas. Ambos participaron en el lanzamiento del ron Defensor, una marca que comenzó a gestarse mientras De la Espriella todavía ejercía como abogado penalista. Paralelamente, desarrolló proyectos relacionados con espectáculos, eventos y producción musical, áreas que se sumaron a un portafolio de inversiones que también incluía la industria vinícola.
Entre sus apuestas más ambiciosas figura un viñedo en Italia, proyecto con el que buscó posicionarse en el mercado de vinos de alta gama. El negocio reflejaba una transformación personal y profesional: el abogado que durante años había ocupado titulares de noticias por sus clientes empezó a construir una imagen de empresario con intereses diversificados en varios países.
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La sangre monteriana
Abelardo de la Espriella nació en Bogotá hace 47 años, pero creció en Montería, la ciudad que terminó moldeando buena parte de su identidad. Allí se desarrolló en un entorno profundamente vinculado a las tradiciones políticas y económicas de la región Caribe.
Su padre, Abelardo de la Espriella Juris, es abogado y tuvo una destacada trayectoria en el sector público. Fue magistrado del Tribunal Administrativo de Córdoba y mantuvo una estrecha amistad con el expresidente Álvaro Uribe Vélez. Esa relación se consolidó durante años de cercanía personal y política. Más adelante, Uribe lo designó como notario, primero en Cartagena y posteriormente en Bogotá. También intentó llegar a la Gobernación de Córdoba en dos oportunidades, aunque no consiguió el respaldo suficiente para ganar las elecciones.

Por su parte, la madre del hoy candidato presidencial es María Eugenia Otero Aldana, integrante de una reconocida familia ganadera de Córdoba con conexiones históricas en la política regional. Durante la campaña presidencial se convirtió en una de las figuras más visibles de su círculo cercano y participó activamente en las actividades proselitistas.
El vínculo familiar con los sectores políticos y empresariales del Caribe ayudó a moldear una visión del país que años después se reflejaría en su discurso público. Sin embargo, su camino profesional comenzó lejos de la política electoral.
Al terminar el colegio, se trasladó a Bogotá para estudiar Derecho en la Universidad Sergio Arboleda. En ese ambiente conservador rápidamente llamó la atención por su personalidad. Profesores y directivos recuerdan a un estudiante participativo, confrontador y dispuesto a debatir sobre asuntos públicos. No era el alumno más destacado académicamente, pero sí uno de los más visibles.
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Tras graduarse inició su carrera con pequeños procesos civiles y laborales. El gran salto llegó en 2002 cuando fundó De la Espriella Lawyers. Poco después encontró una oportunidad que transformó por completo su trayectoria. En medio del proceso de desmovilización de las Autodefensas Unidas de Colombia decidió asumir la defensa de varios de sus máximos jefes, argumentando que debían ser considerados actores políticos y no simples narcotraficantes.
En 2004, creó la Fundación para la Paz de Colombia, Fipaz, con el objetivo de respaldar iniciativas encaminadas a evitar la extradición de esos dirigentes a Estados Unidos. La exposición mediática fue inmediata. Su firma pasó de facturar cifras modestas a convertirse en uno de los despachos jurídicos más reconocidos y lucrativo del país. El crecimiento económico fue igualmente acelerado y transformó al joven abogado de clase media en una de las figuras destacadas del derecho penal colombiano.

Años después, cuando parecía decidido a abandonar definitivamente cualquier aspiración pública, cambió de opinión. Mientras Gustavo Petro ejercía la Presidencia, comenzó a construir una plataforma política propia, impulsado en las críticas al gobierno de la Colombia Humana. Lo que inicialmente parecía una intervención ocasional en el debate nacional terminó convirtiéndose en una candidatura presidencial.
Hoy, después de una carrera marcada por los tribunales, los negocios, los medios de comunicación y la polémica, De la Espriella se encuentra a un paso de alcanzar el cargo más importante del país. El abogado que decía no necesitar la política para enriquecer su espíritu terminó encontrando en ella el camino que podría llevarlo a la Presidencia de Colombia.
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