Todas las historias, todas las miradas, desde todos los rincones
Opinión

El país está desbocado

Los acontecimientos que han atropellado en estos ocho días lo que muestran es un país fuera de control, sin jinete que lo dirija, y amenazando catástrofe

Por:
diciembre 21, 2016
Este es un espacio de expresión libre e independiente que refleja exclusivamente los puntos de vista de los autores y no compromete el pensamiento ni la opinión de Las2Orillas.

Dicen quienes montan a caballo que el animal está desbocado cuando queda fuera de control porque corre sin rumbo ni orientación, perdiendo totalmente el sentido del peligro para él mismo y por supuesto para su jinete.

Es parecido a lo que vemos que nos pasa hoy en Colombia.

El cúmulo de noticias y de temas de trascendencia que están sucediendo no permite el tiempo de reflexión y menos de decantación para reconocer que el momento que vivimos debería ser el de las decisiones sopesadas y proyectadas más allá de la simple improvisación.

Tampoco se puede ser ‘analista’ u opinar a consciencia en las condiciones actuales.

No tiene sentido tratar de evaluar o hacer comentarios sobre una ‘Reforma Tributaria’ que supone ser al mismo tiempo montada para manejar una crisis (la de la caída de los precios del petróleo y sus repercusiones en nuestra economía), y tener el carácter ‘estructural’ para reordenar los defectos tradicionales del fisco. Ya ni siquiera nos sorprende o merece alguna glosa que al día siguiente de presentado un proyecto sea aprobado por las dos comisiones reunidas en sesión conjunta por el mensaje de urgencia que justamente por ello merecería dársele especial atención; y no se diga el no cuestionar que ese mismo día se envíe simultáneamente a las plenarias de Senado y Cámara para así quedar convertido en Ley en un trámite de dos días.

 

No se pueden hacer análisis serios respecto al contenido
de una Ley de Amnistía que en razón del fast track
no puede ni siquiera ser debatido en el Congreso

 

Ni se pueden hacer análisis serios respecto al contenido de una Ley de Amnistía que en razón del fast track no puede ni siquiera ser debatido en el Congreso, y que tiene también plazo de un par de días para una decisión de tanta repercusión como la de resolver sobre todas las modalidades de delincuencia (de insurgencia, de paramilitarismo y de las fuerzas oficiales) que ocurrieron durante lo que en la práctica son tres mini guerras civiles diferentes (la ‘violencia’ partidista entre liberales y conservadores; la manifestación local de la guerra fría y de la revolución cubana del comunismo intentando tomarse y cambiar el Estado; y la de un grupo lanzado a la confrontación armada sin expectativas ni aspiraciones de resultado alguno pero forzado a ello  porque desde que el Gobierno Gaviria bombardeó al Secretariado el mismo día de las elecciones para la ‘Constituyente de la Paz’ se convirtieron por falta de alternativas en un grupo sin objetivo diferente que su propia supervivencia).

O cómo entender que se admita una demanda respecto al resultado de un plebiscito meses después de sucedido y producidas todas las consecuencias derivadas de él, sobre todo teniendo en cuenta que tal figura solo representa una consulta política sin consecuencias o expresiones jurídicas que puedan ser motivo de pronunciamientos judiciales.

O que sin aclarar una de las sentencias más farragosas y confusas de la historia –o más correctamente de un comunicado que sin embargo tiene carácter vinculante- se siga actuando como si tal no existiera; y que mientras tanto el sentido de la misma quede en un especie de limbo –o más precisamente de ping pong-  en el que la Corte Constitucional difiere su función de intérprete de la Carta en el Congreso, mientras éste asume el papel del Constituyente Primario para dar validez a lo que en el plebiscito se rechazó.

El caballo desbocado no solo no obedece al jinete –en la práctica es como si éste no existiera- sino no reconoce obstáculos en su desenfrenada carrera.

Me excuso como mis lectores pero respecto a lo que sucede en estos ocho días me siento como si fuera el locutor que debe narrar el trayecto de un caballo desbocado: lo único que se puede comentar es que el país está fuera de control; que no se ve a un jinete que lo dirija; que se va atropellando todo lo que se encuentra en su camino; y que nada raro tiene que termine en una catástrofe.

Publicidad
0
2767
Los comentarios son realizados por los usuarios del portal y no representan la opinión ni el pensamiento de Las2Orillas.CO
Lo invitamos a leer y a debatir de forma respetuosa.
-
comments powered by Disqus

Otras Columnas de Juan Manuel López

Reducir la paz a sus verdaderas proporciones

Cinco falacias que rodean a la paz

La Moralidad Administrativa a la colombiana (o la ‘moralidad mediática’)

Entre nosotros no se distingue la moralidad administrativa de los delitos penales que acaban siendo los únicos perseguidos y por así decirlo ‘socialmente (o mediáticamente?) sancionados’

El Frente Nacional, la Constituyente del 91, y ahora el Plebiscito de Santos

Ni el Acuerdo ni quienes lo han negociado deben estar en entredicho, pero genera muchas dudas un plebiscito que se base en mentiras como que ‘es la guerra o la paz’, y la forma en que se llegó a él

Desacato de Serpa al Consejo de Estado, más grave que la suspensión del Congreso Liberal

La decisión de un magistrado de suspender el evento de mayor importancia del liberalismo refleja la gravedad de los actos en que ha incurrido la dirección del partido

No soy tan optimista respecto a la paz

Al rompecabezas de la paz le faltan piezas para quedar armado

De las ‘urgencias’ y los ‘pupitrazos’

La 'refrendación' no es para validar el acuerdo sino para cumplir tramposamente el requisito del Acto Legislativo 1 artículo 5 que establecía esa “refrendación popular” para el fast track y las facultades habilitantes

Trump fue elegido porque el mundo cambió

Apareció una nueva clase de ‘trabajadores inconformes’ o de ‘indignados’, y la ‘revolución digital’ acabó con el monopolio de poder sobre la información

¿Qué debemos agradecer a los votantes por el No?

Lo nuevo no es perfecto, pero correctamente interpretado por el Congreso o después por la Corte Suprema se corregirán ambigüedades que aún quedan