Para bien de lo que viene, si nos detenemos en capítulos de nuestra historia, nuestra gran Colombia siempre nos muestra rutas que hemos seguido y que podemos mejorar.
Hace un par de días los colombianos supimos, con alivio y alegría, que el expresidente César Gaviria había salido bien de un reciente tema de salud. Buena noticia para él, para su familia y para el país que, en los meses que vienen, va a necesitarnos a todos sus servidores unidos, sin importar el color del credo político, para que Colombia sea lo que todos soñamos.
Lo que debemos lograr: Claramente, una de las rutas que se deben abrir e iluminar a partir del 7 de agosto es la que nos lleva a sofisticar y profundizar el modelo de Economía Social de Mercado, con su trípode de propiedad privada, libre empresa y libre competencia, bajo la dirección y necesaria, pero mínima, intervención estatal.
Ese modelo para el que Colombia se venía preparando y en el que había avanzado mucho, claramente se consolidó en la Constitución Política de 1991. A partir de ahí, somos uno de los pocos países en el mundo con tanta claridad como la que se desprende de los artículos 333 y 334, sumados a las claridades que, en ese mismo sentido, se hicieron para los regímenes financiero, bursátil, asegurador y de servicios públicos y salud, respecto de los cuales no hay ninguna duda sincera sobre que son actividades de privados que responden a un interés general.
Aunque el libre mercado está tatuado en la historia económica de Colombia, durante el cuatrienio 1990-1994 aprendimos, para no olvidarlo nunca, que el proteccionismo y los esquemas de asignación de rentas por parte de burócratas no funcionan, nos anclan en el atraso, empobrecen al país y hacen dolorosas las diferencias sociales.
Trabajamos sobre lo que ya hicimos: Como lo recordamos en una nota anterior, los 90 comenzaron con el impulso que nos dejó Virgilio Barco y su convicción de la necesidad de incluirnos en los mercados globales. Juiciosos entonces, avanzamos en reducción arancelaria, derogamos el estatuto cambiario, se eliminaron y redujeron drásticamente las licencias previas y los aranceles de importación y, para darle institucionalidad a esa fe, se creó el Ministerio de Comercio Exterior y Bancoldex. Mientras tanto, se revolucionó la regulación de los puertos y se privatizaron, y se fortaleció la Flota Mercante Grancolombiana.
De interés general, pero privadas: Reforma financiera, aseguradora. Se aclaró que son actividades privadas de interés general y no estatales por concesión; se eliminaron los controles de precios, tasas, primas y productos, y se formalizó la libre competencia como un objetivo en sí mismo que trae beneficios.
Nuestras gentes y los mercados: Creyentes de que nada beneficia tanto a los trabajadores como su valor y el desarrollo empresarial, se hizo la reforma laboral de la Ley 50 de 1990, con la que se acomodaron a las necesidades empresariales las normas de contratación y despido, así como los estímulos para la creación de empleo y la inversión privada. Usando la idea central de la tesis de grado laureada de Juan Luis Londoño cuando obtuvo su PhD en Economía, se transformó el sistema de pensiones y salud, abriendo la puerta a los privados en pensiones y a la administración por empresas que generan bienestar y eficiencia para todos.
Reforma del Estado: En el artículo 20 transitorio constitucional se facultó al Presidente para que, por una vez, ajustara las instituciones del Estado a las directrices de la nueva Carta. En ejercicio de esa facultad, en un diciembre, se realizó una reforma que nos servirá ahora, con las mejoras que luego aprendimos con Claudia Jiménez y su trabajo en el DNP, para ajustar las funciones de regulación y de inspección, vigilancia y control a lo que deben ser: una manera de cubrir fallas de mercado y fallas de equidad, y el ejercicio de la policía administrativa para el bien de los consumidores, los empresarios y la Nación.
Si todo eso y más ya se logró en cuatro años, en el tiempo en que los narcotraficantes habían declarado una de sus más crueles guerras contra nosotros, hoy, con toda la experiencia, la sabiduría y los cimientos de la Constitución que queremos ya solidificados, no hay duda de que tenemos todo lo que se necesita para lograrlo y superarnos a nosotros mismos.
¡A por ello!
Del mismo autor:Lo que aprendimos del estallido social
Anuncios.


