¡Uribe oportunista!

Uribe no participo ni se plegó a las consultas, contaba con algunos "caballitos de batalla" que finalmente resultaron quemados. Ahora, su caída es inminente

Por: carlos
julio 01, 2022
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¡Uribe oportunista!
Foto: Archivo

Cuesta precisar si Gaviria enseñó a Uribe o éste enseñó a aquél las artes del oportunismo político. He revisado y este arte es tan antiguo que se les atribuye a los Sofistas serlo.

Es un lujo asimilarlos. Seria aspirar a mucho. Los Sofistas eran filósofos y no encuentro algo más alejado de la filosofía que éstos de la política colombiana.

Es notorio que la existencia de tres campañas sucesivas, de cuerpos colegiados, primarias y secundarias presidenciales es un escenario propicio para disfrutar desde la barrera de las más curiosas maromas políticas. El desnudo pulula.

Con el advenimiento de las redes sociales el colorido de este embate, no es preciso demostrarlo: es singularmente divertido.

Reto a cualquier colombiano que todavía no se haya reído a carcajada batiente. ¡Qué feria! Qué circo! ¡Qué carnaval de Rio de Janeiro ni que ocho cuartos!

En el anterior proceso que eligió a Duque, fue notoria la forma cómo se transfiguró Vargas Lleras súbitamente en duquista hasta el punto que fue y le legó hasta la eternidad su programa de gobierno.

Se ha especulado de forma por demás risueña y casi subversiva, que Duque asignó a quien luego pasó a ser el flamante presidente del senado, el inefable senador Macías, la lectura y asimilación de aquel luminoso mamotreto.

Desde ese momento en adelante cualquier esperanza de renacimiento de tan fecundo ejercicio político, convenció a Vargas Lleras que todo estaba perdido. Quizás se lo tenía merecido en virtud de su letal oportunismo.

Similar, pero mucha más cómica participación pudo celebrar quien ha venido superándose año tras año en esos emocionantes giros de más de 90 grados geodésicos: el doctor Gaviria.

Apersonado de una dirección, espuria según algunos, del Partido Liberal y dueño o gestor de la campaña del pobre doctor De la Calle, lo sometió a la más vergonzosa de las humillaciones. Después de dejarlo tirado y lleno de coscorrones a la manera de los propinados alguna legendaria vez al Lazarillo de Tormes, se volteó y fue a parar con sus supuestas huestes adonde Duque. A De la Calle no le tocó ni el cucayo.

En ambos actos se hace notorio que el más estrepitoso oportunismo político surge después de las derrotas. Algo nefando ocurre en las derrotas políticas.

En actos aterradores que cualquier piloto de guerra pudiera envidiar los dos se lanzaron en picada. ¡Eran Icarios! ¡Sus alas incendiadas pedían pista! Rogaban por alguna detención súbita en algún puerto de segunda categoría.

En el cielo incandescente de la Patria, todavía no se sabe si han aterrizado en realidad. Lo que vemos son espejismos de una realidad más profunda.

Pero, durante esta campaña nada ha sido superior a los increíbles saltos, casi operáticos, sinfónicos diría yo, del otrora jefe indiscutible Álvaro Uribe Vélez.

Anuncio sin temor a equivocarme que en algún momento Netflix nos ofrecerá el respectivo documental de este incendiario kamikaze.

Podríamos urdir una especie de Story Line o si se quiere, por lo larga, una Sinopsis. Puede llevarse rápidamente a nivel de Scaleta. Todavía está por averiguarse cómo se urdió entretelones la desgracia de María Fernanda Cabal.

El chorreante verbo, también bailó zamba, de esta senadora simulaba apoderarse de las bases del Centro Democrático, pretendió ser incendiaria; en cambio, su oponente el mefistofélico Oscar Iván Zuluaga, brillaba por cierta opacidad cracoviana de ataúd. Casi nocturnal.

Oportunamente Uribe, cuando ya la Cabal se desgañitaba a voz en cuello, decidió que Iván iba y Cabal no iba. Uribe todavía creía que su dedo índice tenía suficiente poder de designación nacional.

¡Mamola! Sucedió algo insospechado. De las consultas surgió la figura de Federico Gutiérrez con un caudal de votos trepidantes y escandalosamente rutilantes. Las consultas calentaban, Oscar Iván no llegaba ni a tibio.

Uribe captó que no haber intervenido en tales consultas había sido un error. Y además su bancada había perdido poder; reduciéndose, e incluso deslizándose, hacia cierto reencauchable urbayismo.

Fervores Aeronáuticos Iniciáticos llaman algunos a eso. Algo como un Objeto Volador No Identificado en el radar.

Al frente tenía un fuerte semental de figura relativamente lozana en comparación de Oscar Iván que venía de perder y con cierto lío tipo Odebrecht a cuestas, muy pesado. Y, ¿Quién dijo miedo?

Uribe con una osadía rayana en el sacrificio de las Termópilas le cerró el paso a Iván. Jamás he visto un sacrificado más contrito y lloroso ante las cámaras.

Oscar Iván parecía un niño regañado al cual se le ha negado el último bon bon bum del desierto. Iván, trató de sacar pecho. ¡Se le hundió sin sollozar! Ni siquiera le habían concedido el honor de obtener una votación para el congreso.

Se hacían cábalas. Cómo era que estaba sucediendo esto ante la mirada estupefacta del pueblo colombiano. ¿Uribe oportunista? Se preguntaron primero, luego afirmaron: Uribe, oportunista y ahora es un clamor ¡Uribe Oportunista!

¿Era esto acaso un coletazo, un falso positivo?

Y no era para menos. La claudicación de su candidato había lucido horrorosa. Algo estaba erosionando de tal manera al uribismo que no tenía otra manera de capearlo que batirse en retirada. Apoyar a Federico era una forma de ganar tiempo como el pulpo cuando huye.

El punto ahora es diagnosticar si realmente ese tiempo ha sido suficiente o si el golpe propinado es lo que los galleros de mi tierra llaman morcillera.

La morcillera es un golpe horripilante y automático. El gallo no se percata. La enorme espuela de su oponente le ha atravesado la yugular. Ocurre en el salto. Quizás antes de caer al suelo ya está moreteado por la falta de oxígeno y de sangre.

Sucumbe a un pataleo agónico. Su dueño se le pega al pico. A ver si lo salva con respiración boca a boca. No sabemos si esa exclusiva respiración boca a boca la ha suministrado en estos momentos el expresidente Gaviria pues ya tiene experiencia en esos menesteres saltimbanquis de gallos.

El golpe rotundo del 5 de mayo. La Corte Constitucional: “Declarar la inexequibilidad del artículo 124 de la Ley 2159 de 2021, “por la cual se decreta el presupuesto de rentas y recursos de capital y ley de apropiaciones para la vigencia fiscal del 1º de enero al 31 de diciembre de 2022”, con efectos retroactivos, a partir de su expedición.

“A partir del comunicado oficial de esta decisión no es posible suscribir convenios interadministrativos al amparo del artículo 124 de la Ley 2159 de 2021, por lo cual, aquellos trámites que se encuentran en curso deberán terminarse inmediatamente para impedir su perfeccionamiento.

Los convenios interadministrativos suscritos al amparo del artículo 124 de la Ley 2159 de 2021, que a la fecha del comunicado oficial de la presente decisión, no se hayan ejecutado completamente, deberán terminarse y liquidarse inmediatamente, sin perjuicio de la devolución de los recursos girados y no ejecutados y de las restituciones a que haya lugar”.

Si alguna esperanza cabía con la eventual emergencia de ríos de mermelada ahora era imposible. La Corte tenía Ojo de Águila. Los gobiernos territoriales debían detener todo movimiento de contratación subrepticia.

Y todavía no repuesto de semejante ataque sucede otro mucho más implacable: otra morcillera. Sin contemplación alguna, el segundo (¿o tercer?) candidato de Uribe es sucumbido por la opinión inapelable de las urnas.

Federico se hunde estrepitosamente. Sin dar la talla nunca. Se hunde Federico y sus filisteos con él?
Es posible que este sea el final de la primera parte de la Sinopsis de la Serie futura de Netflix.

¿Volverá Gaviria a suministrar respiración boca a boca?

La capacidad de maniobra de Gaviria se ha agotado. Nunca antes se había tenido que jugar sus bazas tan tempranamente. Gaviria ha pasado de ser líder de un partido a un rehén. Manes de la Historia, estará sufriendo de la misma feria de coscorrones dispensados a su lazarillo De la Calle.

Y aquí viene una trama que engolosinará a los guionistas más afamados de Netflix. Es increíble y nunca ha ocurrido en los anales de la historia política de ningún país del Orbe.

Como en Fuente Ovejuna, Uribe, Federico y Gaviria, incluso los integrantes de la exigua y mermada bancada, corren todos a una a meterse bajo las encrispadas alas del candidato a segunda vuelta triunfante Rodolfo Hernández.

Nadie osaría llamar esto oportunismo político. Es algo peor. Es puro y neto paracaidismo. Los Sofistas no alcanzaron a preverlo entre sus añagazas. Es decir, sólo un paracaídas, no unas soberbias alas de Ícaro, serían suficientes. Bueno, quizás un gigantesco parapente.

Paro la situación es mucho más intrincada. Es imposible que tanto Uribe como Gaviria no se hayan percatado que Hernández era un pésimo candidato.

Es cómo para ponerlo así: ¿Cómo es que me voy a lanzar en caída libre a tierra descubierta a sabiendas que voy a caer en manos de la peor elección posible? ¿Cómo fue que vinimos a dar aquí?

El asunto estuvo en que Uribe no participo ni se plegó a las consultas. Y de las consultas lo rechazaron porque conocían su ambición troglodita. Se creyó con poder de decisión omnímodo y omnipotente. Y, ¿Gaviria? Gaviria fue un pobre diablo que al no ver otro camino se tiró a juras de que Uribe lo sacaría a flote. Gaviria decidió mal porque no pudo aceptar que lo hubieran tratado mal. Francia lo desestabilizó.

Lo que quiero decir es que Uribe desestimó las fuentes de donde pudo haber elegido mejor. Y lo más grave fue que subestimó a Petro. Petro sabía que salía a segunda vuelta, utilizó todo para consolidar una bancada y para fortalecer su potencia programática.

Ahora, ni siquiera ahora, esto es fácil de explicar. Es indudable que Uribe se la jugó a fondo y su derrota fue absoluta y total. Uribe derrotó a Hernández puede ser la conclusión sin duda alguna.

Nunca podrá demostrar que su presencia en esa campaña más bien restaba; es decir, sin importar cuánto sumara, era más lo que dejaba de sumar Hernández. Fue una rémora, una lapa pegada al peso muerto del barco.

Una prueba de ello es que no hizo campaña. Ni siquiera pudo salir a volantear. No podía frentear la campaña enemiga porque le iba peor. Practicó una clandestinidad de caverna.

Hundido por allá con mil celulares. Fue avistado en Miami, junto con Hernández con lo más granado de la derecha anticastrista cubana. ¡Error garrafal! ¡Moría en su ley!

Además de ello: queda el papel lastimoso de su bancada. ¡Cuánta impresionante inutilidad! ¡Ni siquiera la Cabal, mucho menos Miguel Uribe Turbay! Nadie pudo dar la cara pues el uribismo era anatema. ¡Se dejaron enterrar con su jefe! ¡No se salva nadie de esa hecatombe!

Jamás una lección de oportunismo político ha arrojado lecciones más drásticas y altisonantes, de un lirismo exótico.

Ícaro se ve a gatas para seguir siendo un mito lanzado en papel quemado desde los cielos.

No se sabe en qué mar cayó Ícaro y, mucho menos la profundidad de la que habría que rescatarlo. Luce imposible.
Nadie sabe cuando renunciará Gaviria a la presidencia de su supuesta facción. Ni falta que hace.

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