Keiko Sofía Fujimori tenía 15 años cuando vio ganar a su padre Alberto Kenya Fujimori Inomoto la presidencia de Perú. El “chinito” había derrotado en menos de un año al escritor Mario Vargas Llosa, figura brillante del boom de la literatura latinoamericana en Europa y consentido de la oligarquía peruana que le había dado su apoyo. Hoy, a sus a sus 50 años, bajo la sombra de su padre dictador encarcelado y fallecido en 2024, Keiko se convierte en presidenta. Ha derrotado a Roberto Sánchez, el heredero del izquierdista Carlos Castillo, por menos de 50.000 votos en su cuarto intento por llegar a la Presidencia de Perú.
Volverá a la Casa Pizarro. Allí, fue la primera dama adolescente tras el divorcio de su padre de Susana Higushi cuando cumplía cuatro años de gobierno. La vida de los Fujimori, por esos días, había cambiado radicalmente. La familia de Noichi y Mulsue, inmigrantes que en 1934 llegaron desde Kumamoto al país suramericano, tenía a Alberto como presidente, centro del poder y jefe de la dinastía que su hija se decidió a prolongar.

El divorcio de Susana Higuchi, una ingeniera civil hija de adinerados padres japoneses, fue traumático no solo desde el punto de vista familiar, sino también político. En marzo de 1992, denunció a la prensa que sus cuñadas Juana y Rosa se lucraban con la ropa que llegaba desde Japón y la vendían como nueva en una de sus tiendas. Fujimori no le perdonó las escandalosas declaraciones públicas y se divorció, en 1994, cuando cumplían 21 años de casados.
La caída del régimen
Más tarde, siendo congresista por elección popular del Frente Independiente Moralizador, Susana Higuchi dio el puntillazo al régimen de Fujimori al hacer público el primer “vladivideo”.
En la mañana del 14 de septiembre del 2000, dos congresistas de su partido, Fernando Olivera y Luis Ibérico, mostraron a la prensa la grabación del exasesor presidencial Vladimiro Montesinos en la sala del Servicio Nacional de Inteligencia entregando fajos de billetes a un congresista para que se pasara al oficialismo.
El escándalo fue mayúsculo. En noviembre de ese año, Fujimori renunció desde Japón. En el 2009, fue acusado y condenado a 25 años de prisión en el penal de Barbadillo, en Lima, por las matanzas del grupo encubierto Colina en 1991 y 1992 y el secuestro del periodista Gustavo Gorriti y el empresario Samuel Dyer.
El peruano de a pie y los analistas dicen que los Fujimori han sido un clan de más apariencia que genuina unión familiar. Si hasta el comienzo de los 2000 Keiko fue la hija mimada y la heredera política de Fujimori -no obstante haber firmado en 1998 el referendo para que su padre no se presentase por tercera vez a la presidencia-, eso se revirtió tras la derrota electoral de Fuerza Popular en 2011.

Desde entonces, Keiko volvió a tomar distancia de su padre, consciente que la "mochila" de la controvertida figura era muy pesada de cargar. En esa “mochila” estaban la disolución del Congreso en 1992 y logros como haber sacado a Perú de la bancarrota dejada por el predecesor, Alan García. También la captura del líder de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán.
La dura imagen del guerrillero, enjaulado con traje a rayas de prisionero, le dio la vuelta al mundo y se clavó en la retina de millones de peruanos. Además, meses después, el dictador dio otro golpe de opinión tras la operación de 120 días que liberó a los secuestrados en la Embajada de Japón en Lima.
El aire triunfalista de Alberto Fujimori, caminando entre los cadáveres de los guerrilleros del MRTA tendidos y acribillados a balazos, también se grabó en la memoria. Sin embargo, Keiko continuaba deslindándose de los líos y logros de su padre.
La desmarcada abrió el espacio a otro de los miembros de la dinastía política: Kenji Gerardo, también hijo de Fujimori. La rivalidad entre Kenji y Keiko llegó a extremos insospechados. Kenji se puso como tarea en el Congreso lograr un indulto para su padre. Lo logró en la Navidad del 2017. Convenció a 9 congresistas fujimoristas de votar en contra de la vacancia del presidente Pedro Pablo Kuczynski.
PPK cumplió y Fujimori fue indultado. Sin embargo, al más puro estilo de los "vladivideos", los peruanos conocieron los "kenjivideos” revelados por Fuerza Popular de Keiko, donde congresistas intentan sobornar -a nombre del gobierno de PPK- a legisladores leales a ella para que no votaran la destitución del mandatario.
Kuczynski tuvo que renunciar. Alberto Fujimori volvió a la cárcel diez meses después. En la espiral de agresiones, Kenji fue testigo del caso Odebrecht, por el que fue investigada su hermana, acusada de recibir fondos ilegales de la constructora brasileña para su fallida campaña presidencial de 2011.
Había perdido dos elecciones en segunda vuelta: contra Ollanta Humala en 2011 y en 2016 contra Pedro Pablo Kuczynski. Otra vez volvió a sus orígenes y el clan se unió con Susana Higushi en la campaña de Keiko contra Pedro Castillo.
Sin embargo, dejó de lado la camiseta naranja de su partido y se puso la blanquirroja de la selección de fútbol. A pesar de usar el símbolo futbolístico que une a Perú, perdió el partido electoral. Obtuvo el segundo lugar en primera vuelta con el 13,41 % de los votos frente al 18,92 % de Castillo. En segunda vuelta, una vez más, se dio un resultado estrecho, con la victoria del hombre del sombrero enorme. Esa fue la tercera derrota.
El cuarto intento
A su cuarto intento llegó marcada por la defensa a ultranza de la polémica gestión de su padre y por las investigaciones por corrupción. Estuvo en prisión preventiva en tres oportunidades sumando 16 meses y medio de reclusión, entre 2018 e inicios de 2020, por presunto lavado de dinero en sus campañas electorales. Finalmente el Tribunal Constitucional ordenó archivar su juicio.
Con una campaña bajo el signo de la inseguridad, Fujimori apeló a la gestión de su padre a principios de los 90 para defender su propio modelo que resume en orden, firmeza y unión del pueblo peruano que logrará derrotar al terrorismo, estabilizar la economía y sentar las bases del crecimiento.
Con este tema de campaña ganó la primera vuelta, sin entrar de fondo a la parte económica porque, a pesar del caos político, Perú mantiene una de las economías más estables de la región.

Keiko es divorciada, abogada y madre de dos hijas. Siempre en la primera línea de la política, su rival en segunda vuelta solo se conoció después de un largo conteo y un cabeza a cabeza entre Roberto Sánchez, el heredero político del expresidente Pedro Castillo, y el ultraderechista exalcalde de Lima, Rafael López Aliaga. Sánchez se impuso por apenas 21.000 votos.
La segunda vuelta, realizada el 7 de junio, fue igualmente apretada. Luego de tres semanas de espera, la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE) publicó este lunes 30 de junio el 100 % del escrutinio, confirmando la victoria de Keiko Fujimori por un margen mínimo: apenas 50,13% de los apoyos frente al 49,86% obtenido por el izquierdista Roberto Sánchez.
Como heredera del movimiento fundado por su padre, su elección ha generado tanto júbilo como temor entre los peruanos que recuerdan el gobierno de Alberto Fujimori entre 1990 y 2000 y su colapso en medio de una corrupción generalizada y violaciones de los derechos humanos.
Ahora, Keiko Fujimori Higushi, al frente del clan que fundó su padre inmigrante japonés y dictador peruano, jurará como presidenta de la República el próximo 28 de julio.
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