“Un llamado a reorientar las obras de mitigación en los ríos del piedemonte”

Comunicado a la opinión pública del Colectivo Ríos y Reconciliación Mocoa, Putumayo 

Por: Colectivo Ríos y Reconciliación
junio 24, 2021
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“Un llamado a reorientar las obras de mitigación en los ríos del piedemonte”

Mocoa, capital del Putumayo, se conoce como la ciudad entre ríos. Ríos torrenciales, ríos vivos, ríos que moldean y nutren el poderoso paisaje del piedemonte y llanura amazónica. ¿Qué significan estos ríos para la sociedad mocoana? ¿Qué nos dicen sus nombres? ¿Qué historias nos narran? ¿Qué valor le damos a nuestras formas de habitar e imaginar el territorio? ¿Cómo nos relacionamos con sus aguas y seres?

Los ríos de Mocoa proveen el agua para todas las actividades vitales de los habitantes del municipio. Son un bien común. Sus sedimentos y piedras hacen parte de los cimientos de nuestras casas, puentes y vías. Son corredores para una diversidad de aves, peces, mariposas, chíparos, cachimbos, balsos, palmas, entre otra cantidad de plantas y animales.  Son los principales tributarios del gran río Amazonas y nutren con sus sedimentos, piedras y troncos a los suelos, bosques, vegas y chagras de la llanura. Son ríos que aún están conectados biológicamente, permitiendo la subienda de peces. Los ríos torrenciales son una parte integral de nuestro patrimonio ecológico y cultural. En torno a ellos habitamos y con ellos hemos adquirido nuestros saberes y prácticas ancestrales. Gracias a ellos hemos cultivado nuestra comida, además, nos hemos divertido, enamorado y hasta hemos sido concebidos en sus riberas. Desconocer el papel protagónico de los ríos en la región es cegarse a nuestra propia identidad y desconocer la fortuna de vivir en una zona donde fluye el agua de manera natural y abundante.

El Colectivo Ríos y Reconciliación nace de una iniciativa ciudadana que busca transformar nuestro actuar y habitar en torno a las cuencas hidrográficas del territorio. Nos reúne la necesidad de sentir y pensarnos como habitantes andino-amazónicos en sintonía con las particularidades de nuestros ríos, montañas, suelos y selvas. Debemos tener presente que los ríos del piedemonte tienen su origen en una cordillera joven que está en continua formación. Para nosotras(os), los ríos torrenciales no son “bravos y peligrosos”. Tampoco son simplemente canales de agua que podemos dominar mediante diques o represas. Son seres vivos con personalidades, memorias y el derecho de fluir, expandirse, ocupar y retomar sus cauces y lechos. Nosotros(as) vivimos en los territorios de los ríos y no al revés.

Un acontecimiento que nos hizo reflexionar profundamente sobre nuestras relaciones con las aguas del municipio, es la avenida torrencial del 2017, donde se manifestaron los ríos Mulato, Sangoyaco, Taruca, Mocoa y la quebrada Taruquita. Más allá de este desastre socio-natural que tanto nos marcó, existe una serie de impactos que afectan la vida de nuestros ríos, como son la deforestación, mal manejo de residuos, expansión urbana sin planeación, precaria o inexistente red de servicios y conexiones de agua a lo largo del territorio, sobreexplotación de materiales de los ríos, amenaza de minería metálica, y desconocimiento general de las condiciones geológicas y agroecológicas del piedemonte, entre otras.

Se suma a lo anterior, la deficiente administración institucional que ha generado constantes obstáculos para garantizar una real participación ciudadana en la gestión del riesgo y la planeación del ordenamiento territorial. Hemos sido testigos de innumerables hechos en donde se han ignorado los saberes y conocimientos locales en la toma de decisiones que afectan el diario vivir de los habitantes y el futuro del territorio. Nos preocupa que una planeación territorial sin base en las condiciones andino-amazónicas, termine generando más riesgos para las poblaciones vulnerables y afectaciones sobre los bosques, suelos y aguas.

La apuesta de nuestro colectivo se concentra en un ejercicio de reconciliación con los ríos del municipio. Esta reconciliación implica dejar de victimizarnos y comprender que los ríos también son afectados por nuestras acciones, indiferencia, ignorancia, carencia de arraigo y empatía.  Nos invita, además, a darnos cuenta de que habitamos en una zona de transición, un territorio cambiante en donde se vive con mayor intensidad la confluencia de los vientos, el vapor de agua y su transformación.

Ante las pretensiones del gobierno nacional y regional en cabeza de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres, Corpoamazonia, alcaldía de Mocoa y empresas contratistas de realizar un sistema de obras de mitigación como: diques abiertos y cerrados (represas), espolones (barreras), jarillones y muros de protección en gaviones recubiertos en concreto sobre los ríos Mulato, Sangoyaco, Taruca y la quebrada Taruquita, consideramos que estas obras no son apropiadas para las características de los ríos del piedemonte. Adicionalmente, no existen diseños de las obras de mitigación para la parte alta de las cuencas y tampoco Planes de Manejo Ambiental para los ríos intervenidos. Razón por la cual, estas obras podrían representar una amenaza a la vida de estas fuentes de agua y potenciar un riesgo para la ciudadanía de Mocoa, además, de causar una alteración permanente del paisaje natural del municipio.

Nos preocupa que este sistema de obras, resulte ser perjudicial para el patrimonio público, ecológico y cultural de Mocoa. En particular, los diques abiertos y cerrados, podrían obstaculizar el flujo natural de nuestros ríos y provocar desbordamiento lateral, socavación de las orillas, desviación a nuevos cauces y un gran impacto a las comunidades.

Nuestra postura como colectivo

Frente a la actual situación queremos manifestar, como habitantes del territorio y miembros de este colectivo, lo siguiente:

- Rechazamos el proyecto del sistema de obras de mitigación en el marco de la reconstrucción de Mocoa, especialmente aquellas que pretenden intervenir permanentemente el lecho de los ríos Mulato, Sangoyaco y Taruca.

- Rechazamos el uso de explosivos para dinamitar las rocas de los lechos, porque éstas crean una dinámica natural que disminuye la velocidad del agua.

- Rechazamos la destrucción de bosques ribereños que se han regenerado posterior a la avenida torrencial. Estos árboles nos recuerdan que la regeneración es un proceso espontáneo de la vida misma que nosotros como seres humanos debemos respetar y cuidar, dado que estos procesos también nos brindan protección.

- Rechazamos la intervención tremendamente agresiva representada por el número y tipo de obras proyectadas: 56 obras sobre los ríos Mulato, Sangoyaco, Mocoa y la quebrada Taruca, tomando en cuenta, además, que las estructuras estarían a muy corta distancia entre sí.

- Rechazamos el inicio de la construcción de obras en las partes media y baja de los ríos, cuando aún no se han adelantado los estudios y diseños de las obras para las partes altas de estos ríos, como la misma autoridad ambiental regional Corpoamazonia recomienda.

- Rechazamos los inadecuados procesos de socialización que se están llevando a cabo, debido a que no garantizan una participación ciudadana informada que permita evaluar los impactos y conveniencia de las obras.

- Rechazamos la construcción de obras diseñadas sin dialogar con las comunidades ribereñas que son las más conocedoras del comportamiento de los ríos. Consideramos que el conocimiento técnico no es suficiente para la toma de decisiones en el territorio y que se debe generar un diálogo permanente con los conocimientos locales y tradicionales, lo cual implicaría analizar otras alternativas frente a las obras impuestas.

- Rechazamos la construcción de obras que carecen de garantías sobre su eficacia, duración y mantenimiento. Además, estas obras tampoco tienen la aprobación de la comunidad por los impactos negativos socioambientales que podrían generar y que no se han dado a conocer a la ciudadanía.

Finalmente, es una total contradicción que las obras propuestas sobre los ríos de Mocoa son un modelo de mitigación, ya que están siendo retiradas en países europeos por su ineficiencia y sus daños ambientales. Todos estos escenarios nos obligan a organizarnos para buscar alternativas y proponer nuevas soluciones más incluyentes y propias a las realidades y necesidades locales del piedemonte.

Es por ello, que este colectivo está promoviendo la construcción participativa de una visión integral del territorio que no separe los ríos de la cordillera, los suelos del subsuelo, la gente de los animales, selva, plantas y seres espirituales y guardianes.

 Nuestra invitación

Hacemos una invitación abierta a la ciudadanía – a las mujeres, jóvenes, mayores, artistas, estudiantes, profesionales, veedurías, comunidades indígenas, organizaciones de afrodescendientes, asociaciones campesinas y a las Juntas de Acción Comunal de barrios y veredas – para que reflexionemos si las obras de mitigación que adelantan las empresas contratadas son convenientes para nuestros ríos y comunidades. También para que consideremos la necesidad de suspender estas obras hasta que no se garantice una real e informada participación ciudadana con la posibilidad de incidir en la toma de decisiones sobre sus diseños.  Nuestro colectivo busca crear espacios de diálogo entre saberes, para unir nuestras voces y sentires con el propósito de reconciliarnos con los ríos del piedemonte y reorientar la tan esperada reconstrucción de Mocoa. Es urgente cambiar nuestra mirada y sentir en torno al cuidado y recuperación de los diversos cuerpos de agua en el territorio. No podemos continuar desconociendo la capacidad reparadora de los mismos ríos. Son seres vivos y merecen nuestro respeto y cuidado en vez de intervenciones inadecuadas de mitigación.

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