Semiótica de la violencia: una sociedad desesperada

¿El comportamiento de policías y manifestantes se podría interpretar como la manifestación de una cultura de resentimiento social?

Por: EDINSON PEDROZA DORIA
septiembre 22, 2020
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Semiótica de la violencia: una sociedad desesperada
Foto: Las2orillas

“El hombre es un animal inserto en tramas de significación que él mismo ha tejido, considero que la cultura es esa urdimbre y que el análisis cultural ha de ser por lo tanto, no una ciencia experimental en busca de leyes, sino una ciencia interpretativa en busca de significaciones. Lo que busca es la explicación, interpretando expresiones sociales que son enigmáticas en su superficie” (Geertz Clifford, 1989).

A raíz de los acontecimientos irracionales sucedidos hace días en el país —acciones violentas tanto de la parte estatuida para velar por la vida y bienes de los ciudadanos como por quienes acosados y cansados por los vejámenes e injusticias cometidas no solo por quienes deberían constitucionalmente defenderlos sino también por unos gobiernos hegemónicos y antidemocráticos han tomado medidas—, me he puesto a reflexionar del papel que juega el comportamiento humano individual y colectivo, así como también lo que se asume como cultura desde su interpretación semiótica, pues es casi que imposible que la reflexión pueda soslayarse sin un ápice de criticidad.

En sí, los actos que, desde ninguna óptica civilizada se pueden aceptar, porque sería como negar los avances del pensamiento, del conocimiento y de la civilización, deberían ser rechazados enérgicamente, no obstante, puedan asumirse como producto de una fuerza cataclísmica arraigada que explosionó y que durante mucho tiempo ha sido sometida a intereses mezquinos de negación sistemática al pensamiento divergente por los detentadores del poder.

Ante lo planteado cabe preguntarse: ¿Han sido esas expresiones vandálicas consecuencia de nuestra carga genética animalesca que todo lo resuelve con la violencia y sin sindéresis? ¿Esa violencia de ambas partes, en algunos casos, se podría interpretar como manifestación de una cultura de resentimiento social arraigado desde el subyugamiento de la conquista y de la colonia? ¿Son esas manifestaciones producto de la inequidad, injusticia, abandono y opresión de gobiernos hegemónicos hacia un pueblo analfabeta funcional? ¿Es vandalismo oportunista o expresión de dolor atragantado de un pueblo estigmatizado y olvidado hacia una institución que ha sido creada bajo la égida del Dios cristiano, del respeto, la patria, el honor y la democracia para salvaguardar la vida de los ciudadanos? ¿Es ese el comportamiento asesino de algunos integrantes de una institución creada para la seguridad del ciudadano? ¿Qué se entiende por cultura, por socio-genética? ¿Se tendría que buscar respuesta en esas fuentes? ¿Es la élite colombiana consciente de esa provocada pobreza y desigualdad del pueblo cuando se deslegitima por cuestiones ideológicas y políticas a quienes piensan diferente? ¿Dónde quedan, entonces, los principios de una sociedad democrática?

En ese contexto el concepto de cultura, que tiene más de cien significados, nos podría, tal vez, iluminar hacia una respuesta aproximada a la realidad. Según el antropólogo norteamericano Franz Boas, la cultura es “todas las manifestaciones de los hábitos sociales en una comunidad, las reacciones del individuo en la medida en que se ven afectadas por las costumbres del grupo en que vive y los productos de las actividades humanas en la medida en que se ven determinadas por dichas costumbres”. Esto es, todo ese andamiaje que nos identifica como grupo social es cultura; todas las actividades, las costumbres y representaciones son el eje catalizador de las transformaciones de los individuos y los pueblos; luego entonces, las expresiones de protestas, alimentadas por las injusticias e inequidades, son el producto de algo que se ha venido alimentando desde hace tiempo y que brotan por no prestársele mínima atención a ellas. El hambre, el desempleo, un pésimo servicio mercantilizado de salud, y educación baja en calidad encontraron la válvula de escape, en ese momento de tensión, aunque desde la civilidad y el respeto a la vida son injustificables.

También se puede traer a colación la definición de Ralph Linton Gillingham que señala la cultura como la suma de conocimientos y modelos de comportamiento que tienen en común y que transmiten los miembros de una sociedad particular. Entonces, se puede expresar que toda esa suma de modelos de comportamiento ha sido transmitida culturalmente desde tiempos inmemoriales y nos constituyen como pueblo, encontrando su cauce en la violencia. Es decir, comenzar a vislumbrarse esa cultura contestataria como un texto cuyos significados deben ser interpretados como el diálogo de los sujetos y sus acciones. Creo que hay que prestar atención a la situación para que no haya derramamiento de sangre en este sufrido pueblo. Es hora de no seguir chupando la sangre de un pueblo sufrido que solo busca la equidad y la justicia. No nos echemos mentiras; no podemos seguir con los señalamientos estigmatizadores de que quien protesta es socialista o castrochavista que desea el comunismo en nuestra región; se protesta porque se padecen injusticias y estas deben ser resueltas respetando la vida de los seres humanos.

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