Reaparece el Alemán: el temible jefe paramilitar, ahora cerebro en la rendición del Clan del Golfo

Después de estar cerca de la muerte por un accidente en bicicleta en Medellín, buscó a Otoniel: había llegado la hora de someterse a la justicia con sus 12 mil hombres

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septiembre 18, 2017
Reaparece el Alemán: el temible jefe paramilitar, ahora cerebro en la rendición del Clan del Golfo

La primera idea que le pasó por la mente a Freddy Rendon el Alemán en el 2015,  ya en libertad, fue vincularse al Clan del Golfo. Salía libre después de pagar una condena de ocho años, el máximo que otorgaba Justicia y paz gracias a los Acuerdos de Ralito firmados con los paramilitares en el gobierno de Álvaro Uribe. Reconoció 1.041 crímenes: 914 desplazamientos,  56 desapariciones,  44 homicidios, 12 reclutamientos, 14 casos de violencia sexual y  el secuestro de Piedad Córdoba que el mismo protagonizó y ordenó, que la habrían dado 60 años de cárcel en la justicia ordinaria. La nueva organización, fundada por su hermano Daniel, mejor conocido como Don Mario y los hermanos Úzuga,  Giovany y Otoniel, parecía una opción cierta para retomar su vida alrededor del negocio de la coca.

Otoniel lo recibió con frialdad en  su escondite en Necoclí. Le dejó saber que, aunque era bienvenido, sería un guerrero más. El Alemán, -nombre con el que se le conoció sembrando terror en  los municipios de Arboletes, San Pedro de Urabá, San Juan, Belén de Bajirá, El Cuarenta, Barranquillita, Babilla, Carmen del Darién, Murindó, Viguía del Fuerte, Bojayá, Balsa, Riosucio, Unguía, Acandí y Necoclí- caviló durante unas cuantas semanas en la selva.  Ante la posibilidad de empuñar las armas sin poder prefería regresar a Medellín a recomenzar,  intentando dejar atrás el horror.

Había llegado al Urabá antioqueño a los 20 años como ayudante de un camión cervecero. Un año después, en 1995,   se encontró con su hermano Don Mario quien ya estaba enrolado con los  hermanos Fidel y Carlos Castaño, viejos conocidos de Amalfi, su pueblo. El Alemán nunca olvidaría la primera vez que presenció  a Carlos Castaño en acción, impartiendo órdenes: “Vi a ese mediano hombre pequeñito uniformado hablando muy duro, y ese hombre me enamoró de esa causa. El discurso era que no se podía entrar en actividades ilícitas, que no al contrabando, no al narcotráfico” .

Pero la realidad era otra. Quería tener plata; ahorrar, conseguir el suficiente dinero para poder ser piloto de avión. Los tentáculos de la guerra lo apretaron con fuerza. Carlos, su ídolo, lo llamaba primo y lo quería como si fuera de la familia. En menos de un año Freddy se habia convertido en El Alemán y tenía entre sus compinches de tropa a los hermanos Juan de Dios y Dario Antonio Uzuga. En 1998, después de demostrar sus virtudes de guerrero, ya estaba al frente de una de las principales estructuras del paramilitarismo: el bloque Élmer Cárdenas. La estela de sangre y fuego de ese bloque se extendió, como una mancha negra, por Antioquia y Chocó, desplazando a más de 4.000 campesinos.

Entre 1999 y 2002 el Alemán era el dueño de Bojayá, quien por esa época era uno de los principales corredores del tráfico de coca hacia el exterior. El mismo pueblo donde aquel funesto 2 de mayo del 2002, en fuego cruzado con las las Farc, murieron 119 inocentes atrapados en la iglesia. En esa época forjó alianzas sólidas como el acero con miembros de las Fuerzas Armadas que actuaban en el mismo territorio. Su lazo más estrecho pudo haber sido el que tuvo con el jefe de inteligencia de la Brigada 17, el coronel Jorge Eliécer Plazas Acevedo, condenado  por  la masacre de Mapiripán y señalado junto a Jose Miguel Narváez, como autores intelectuales del crimen de Jaime Garzón.

Entre el 2002 y 15 de agosto de 2006, fecha en la que se desmovilizó, El Alemán estuvo al frente de los paramilitares que acabaron con la vida de 7000 campesinos: los mataron a garrote, a machetazos, descuartizando, descabezando, jugando fútbol con las cabezas;  saquearon pueblos enteros, quemándolos, llenando la barriga de sus víctimas con piedras para que el Atrato los devorara y pasaran a la lista de desaparecidos para siempre.

Su  hermano Don Mario, a pesar de pertenecer a otro bloque, El Centauros, se desmoviliza con el suyo. Mientras se daban estos movimientos de supuesta entrega de armas para la paz, otras fuerzas oscuras emergían. Ever Veloza, alias H.H, otro de los poderosos comandantes paras de Uraba, coordinaba el asesinato del jefe mayor Vicente Castaño. Unos nuevos protagonistas entraron en escena: los hermanos Uzuga , responsables del crimen.

Don Mario resiste solo diez días sin armas. Fue así como ordenó un censo para identificar los paras que como él, no se habían entregado y estaban dispuestos a seguir en la guerra y el narcotráfico. Las cuentas resultaron escandalosas: 12 mil hombres estaban dispuestos a tomar las armas no solo para combatir la guerrilla sino para convertirse en la organización criminal mas especializada del continente, superior a los carteles de la droga mexicanos. Habían nacido las Autodefensas Gaitanistas de Colombia.

El Alemán siguió desde la prisión como el monstruo crecía y mutaba al Clan Uzuga y luego al Clan del Golfo. El 30 de julio del 2015 había cumplido la pena de 8 años y se convirtió, después de Julian Bolívar, en el segundo jefe paramilitar en salir de prisión. Desde ese día se fue a vivir a Medellín, la ciudad que lo acogió desde los 10 años cuando salió, por órdenes de su papá, a sacarle el quite a la violencia que se extendía en Amalfi.

En Medellín vive aparentemente tranquilo y la única cercanía con la muerte que ha vuelto a tener fue en agosto del 2016 cuando por cuenta de un accidente en la bicicleta se fracturó el cráneo y un brazo y permaneció quince días en cuidados intensivos. El Alemán se recuperó, se puso de nuevo en pie y empezó a buscar de nuevo a Otoniel –Juan de Dios Uzuga- su viejo amigo de tantas guerras. El encuentro tenía esta vez un propósito distinto: proponer una salida a la fuerza armada que había nacido once años atrás y se convirtió en un monstruo de mil cabezas, descontrolada y que cada dia perdía más terreno, acorralados por la Operación Agamenón comandada por el general Wilson Rincon Zambrano y que cuenta con todo el  apoyo de los Estados Unidos. Tres abogados cuyos nombres permanecen en reserva han sido los arquitectos jurídicos de un esquema de sometimiento que comenzó discretamente hace un año y que se hizo público el pasado 31 de agosto: el día en que cayó Gavilán, el segundo después de Otoniel. El Clan del Golfo entendió que sus horas estaban contadas.

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