Natalia Segura, conocida en el mundo digital como 'La Segura', es un nombre que resuena como sinónimo de risas, carisma y una energía contagiosa frente a la cámara. Con más de diez millones de seguidores en Instagram y tras su participación en La casa de los famosos, la creadora de contenido caleña se ha ganado el cariño de la audiencia.
Detrás de la pantalla y sus videos virales, Natalia libra una batalla silenciosa, dolorosa y constante contra su propio cuerpo.
Corría el año 2013 cuando un momento trágico partió su vida en dos. Durante un atentado, La Segura fue víctima de dos balazos que perforaron su columna vertebral.
El pronóstico fue devastador: señaló que no podría volver a caminar. Sin embargo, la caleña demostró que su espíritu era inquebrantable. Gracias a la rehabilitación física y a lo que ella misma califica como un auténtico “milagro”, logró recuperar la movilidad.
Lamentablemente, aunque volvió a ponerse de pie, las balas dejaron daños irreversibles en su médula espinal y en su sistema nervioso. Al complejo cuadro, se sumó luego un proceso de extracción de biopolímeros en sus glúteos, poniéndola a convivir con limitaciones físicas.
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Tras casi cinco años de buscar incansablemente un alivio para sus dolores crónicos. Este es un buen ejemplo del adjetivo que suma en la cadera, la influencer compartió recientemente un video en TikTok. En diez minutos y con lágrimas en los ojos, reveló su realidad. “Ayer me desahuciaron otra vez”.
Los médicos fueron honestos y directos. Se han agotado las opciones posibles. "Tú vas a tener ese dolor crónico para toda tu vida", le dijo el especialista, confirmando que los tratamientos de los últimos años no dieron los resultados esperados. El golpe final llegó tras intentar un procedimiento con un neuroestimulador que prometía mitagar el malestar, pero que finalmente la dejó lidiando con más dolor y secuelas emocionales.
"Básicamente me choqué con el muro de la realidad de lo que está pasando y va a pasar con mi cuerpo". El golpe fue brutal. A pesar de agradecer la sinceridad de su médico, La Segura admitió que la noticia la descompuso emocional y mentalmente: una "mini depresión". Confesó que empezó a experimentar un torbellino de emociones y unas ganas constantes de llorar lejos del lente de su cámara.
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Además de la lesión medular, el trauma físico y emocional ha provocado que su cuerpo desarrolle espasticidad, una rigidez involuntaria de los músculos. A eso se suman severos dolores musculares y de tendones.
La Segura no tiene un ADN que se rinda. Es consciente de que tiene responsabilidades vitales, incluyendo a su hijo, por los cuales luchar y sacar a su familia adelante. Por eso, ha decidido transformar su perspectiva frente a la enfermedad. Sabe que dejar caer su ánimo empeoraría la situación pues según lo que ella misma cuenta su cuerpo somatiza el dolor cuando la mente se rinde.
Ahora, está abordando su salud desde un enfoque integral, buscando sanar desde adentro: ha iniciado terapia psicológica, está practicando y asistiendo a terapias bioenergéticas. Ha decidido asumir este cuidado no como una obligación temporal, sino como un estilo de vida innegociable, comparando su nueva rutina de recuperación y terapias con la disciplina diaria de quienes hacen deporte. Agradecida con su comunidad digital, a quienes describió como su "videollamada de terapia", Natalia está decidida a volver a ser la mujer que acepta, abraza y ama su condición. Con una fe inmensa y confiando en que "la última palabra la tiene Dios".
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