¿Para dónde va España?

El pacto de los nuevos mejores amigos Pedro Sánchez y Pablo Iglesias para sellar la alianza entre socialistas y comunistas no asegura que el país superará la incertidumbre  

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noviembre 17, 2019
¿Para dónde va España?

Por primera vez desde el final de la dictadura de Francisco Franco, en 1975, España se enfrentará al primer gobierno de coalición entre socialdemócratas -Partido Socialista Obrero Español (PSOE) - y un partido de corte comunista -Podemos-, conformado por izquierdistas de diversos pelajes, en un pacto de gobierno acordado de una forma tan rápida como sorprendente. El pacto entre ambas fuerzas fue sellado con un abrazo entre los líderes de ambas formaciones, el actual presidente Pedro Sánchez, por los socialistas, y Pablo Iglesias, por Podemos, en un gesto que no dejó indiferente a nadie y habiéndose convertido dicha imagen en el emblema de la nueva época, apareciendo en portada en todos los medios de España y me atrevería a decir de medio mundo.

Sin embargo, pese a la euforia de la izquierda, hay demasiadas incógnitas y desafíos encima de la mesa para dejarnos llevar por el optimismo inicial de algunos que parece impregnar a estos primeros momentos. En primer lugar, la crisis de Cataluña, en donde continúa el pulso entre el independentismo y el gobierno que defiende el Estado de Derecho, sigue su curso y el contencioso, lejos de reconducirse por los caminos racionales y democráticos de la política, parece enquistarse y amenaza a la estabilidad de un país que contempla atónito un enfrentamiento civil sin visos de una resolución en el corto plazo. Pese a todo, el voto independentista sigue sin ser mayoría en la sociedad catalana y en las últimas elecciones celebradas el 10 de noviembre obtuvo apenas el 42% de los votos, en alza sí pero sin ser todavía la mitad del censo catalán.

Luego está la economía, todavía maltrecha después de una larga crisis y apenas recuperándose tras mostrar algunos indicios de recuperación tras cinco años del gobierno de centro derecha de Mariano Rajoy, y que podría ser la primera “víctima” del pacto entre los socialistas y Podemos, una vez conocidas las primeras reacciones de la bolsa, que ha bajado en su principal indicador -el Ibex 35-. También, y a tenor de las declaraciones de figuras relevantes del mundo económico ante las primeras medidas bocetadas por los estrategas económicos más cercanos a Pablo Iglesias, más en la onda de la izquierda radical comunista que en la socialdemócrata, existe el temor a que la recuperación emprendida se frene en seco.

Existen temores fundados de que el nuevo gobierno sea mucho más intervencionista en lo económico que los anteriores ejecutivos socialistas, y ya se han anunciado subidas en el salario mínimo, el control en los precios de los alquileres, un aumento en los impuestos de las grandes empresas y los ahorradores y un mayor gasto público, contraviniendo las normas y las recomendaciones auspiciadas por la Unión Europea (UE) para aquellos países en recesión o en abierta crisis económica.

MAYORÍA FRÁGIL Y ENDEBLE DEL NUEVO GOBIERNO

Como tercer escenario de preocupación están los posibles pactos a los que tengan que llegar los socialistas para completar su mayoría parlamentaria y conseguir que Pedro Sánchez sea elegido presidente de Gobierno del Reino de España. En la actualidad, con los resultados de las últimas elecciones en la mano, los socialistas y Podemos tienen apenas 155 diputados, es decir, a Sánchez le faltan 21 diputados para completar la mayoría absoluta en el legislativo español y para ser elegido presidente tendría que contar con el apoyo de los independentistas catalanes -que abiertamente desafían al Estado y apuestan por la ruptura institucional- o con otros grupos radicales, como, por ejemplo, EH Bildu, que es la marca política de la organización terrorista ETA. Tan arriesgada apuesta está plagada de numerosos riesgos.

Este probable escenario de abrir la gran coalición a los partidos independentistas, tanto en su versión catalana como vasca, generan gran desconfianza en la sociedad española y causan grandes recelos en los mercados económicos. El diario madrileño El Mundo lo explicaba con acertada precisión en un editorial publicado en estos días:”Gobernar apoyándose en el secesionismo causa alarma. Y así lo han percibido los mercados. El Ibex y los bancos recibieron un duro castigo en la Bolsa tras anunciarse la coalición. El selectivo cayó un 2% en la mitad de la sesión, arrastrado por el desplome generalizado de las entidades. La banca se ha dejado 6.000 millones de euros desde el martes”.

Aparte de las hipótesis de probables coaliciones y pactos, que no dejan demasiado margen a los socialistas porque se muestran absolutamente reacios a pactar con la derecha -Partido Popular, VOX y Ciudadanos- y prefieren mirar hacia los independentistas vascos y catalanes como socios de gobierno, lo que queda meridianamente claro es que las últimas elecciones -como avizoraban numerosos analistas- no han servido para nada y no contribuyen, en ninguna medida, a clarificar el panorama político español. En el nuevo legislativo han entrado casi una veintena de partidos y conformar gobierno es una tarea casi imposible; estamos en un escenario mucho peor que antes de las elecciones y el país ha quedado en manos de una serie de partidos claramente antisistema y rupturistas en lo que respecta al marco constitucional pactado por los españoles en la Constitución aprobada en 1978.

¿LES PASARÁ A LOS SOCIALISTAS ESPAÑOLES LO QUE A LOS FRANCESES?

Aunque en política no se debe nunca mirar hacia atrás, porque te puede ocurrir como la mujer de Lot que se convirtió en una estatua de sal, queda claro que el escenario previo a estas elecciones hubiera permitido un gran pacto constitucionalista entre los socialistas y el casi desaparecido Ciudadanos, ya que ambos conformaban la mayoría absoluta y su cercanía política era mucho mayor que entre el mundo radical que emerge tras las elecciones y Sánchez. Pero no pudo ser y ahora estamos pagando los platos rotos de la escasa visión política de algunos de los líderes de ambas formaciones, como el ahora caído Albert Rivera.

¿Hacia dónde va España? Me atrevería a decir que este gobierno durará poco y la legislatura, también. Nada duradero, estable y equilibrado puede salir de una forma de gobierno de coalición puesta en marcha in extremis para supuestamente parar a la “extrema derecha”, dando alas a los grupos más radicales de la sociedad vasca y catalana, y poner en marcha un ejecutivo de progreso  que generará más incertidumbre que tranquilidad y estabilidad a la economía española.

Después los pactos de esta índole son complicados, complejos y muchas veces suelen traer sorpresas, convirtiéndose en inesperados abrazos de oso que matan al supuestamente beneficiado, en este caso Podemos, en pleno declive electoral y padeciendo una grave crisis interna debido a sus numerosas fracturas. El pacto entre los socialistas  y los comunistas franceses en la década de los setenta llevó al Partido Comunista Francés (PCF) a su defunción política y dicha formación acabó fagocitada en el interior de la socialdemocracia gala. Pero también los socialistas españoles deberían aprender de la experiencia del Partido Socialista (PS) francés, que de tanto escorarse a la izquierda a comienzos de este siglo acabó perdiendo su identidad, alejó a sus líderes más moderados, fragmentándose el partido en numerosas escisiones, y, finalmente, acabó en la irrevelancia electoral, siendo absorbidos la mayor parte de sus huérfanos electores por el movimiento puesto en marcha por el actual presidente de la República de Francia, Emmanuel Macron. ¿Será ese el destino del PSOE? El tiempo nos dará la respuesta, hagan apuestas.

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