Opinión

Otros cinco y que vivan los estudiantes

No dio tiempo a que los chismes mermen con que se casó por penalti…

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noviembre 18, 2018
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 Las gracias

No dio tiempo a que los chismes mermen con que se casó por penalti. Apenas hablan que la barriga de Mar comienza a agrandar y la gente ríe, porque él también engorda a su misma velocidad. Cuando estaba en el sexto mes de embarazo ambos se balanceaban igual y al noveno no hay quien no aguanta la carcajada de verlo a él todo regordete. Llegó  el parto y meses después dice la mala gente que se separaron porque él no desengordó.

Lina I

Lina sigue en el baño, llora, se siente triste porque no le han dicho que la quieren. Todo es una mierda, piensa, y no sabe qué hacer con su vida en esos momentos de drama. La inconfundible música tecno que indica el recibo de mensajes a su teléfono celular suena. Está al lado suyo, siempre está al lado suyo su teléfono, inseparables. “q si q tq y tu lo sbs - Fer”, dice el mensaje. Gira el pomo y suspira hondo.

 

Lina II

¿Qué es el amor?, se preguntó Lina viendo a su marido dormir a su lado. Respira con la boca abierta, hace ruidos, parece indolente, cuando ella apenas lleva pocos días de casada, ¿dos?, y aún los ruidos y el agite de la fiesta y la noche de bodas la mantienen inquieta. Está locamente enamorada de Fer, ¿cómo no?, pero lo ve ahora dormir, lo detalla, y piensa si dormirá el resto de sus noches con este Fer que a veces le parece un completo extraño en su vida.

 

Una corbata de rayas

Pero, ¿quién era la mujer que me estaba anudando la corbata? Tantas cosas han ocurrido últimamente, desde los seis años de edad, los siete, tal vez los quince, jugando lo que le gusta a los muchachos, intentando ser yo, renegando lo que he visto siempre, mi físico femenino, tanto hablar con la familia y con miles de sicólogos, asistentes y dementes, y ahora que ya al fin me he convertido en un hombre, que asumo mi identidad con enormes dudas y una certeza, me aterra preguntar quién es esa mujer que toca mi cuello y ajusta el nudo de una corbata que no sé si me gusta.

 

Cliente y mendigo

I.-         Salió del banco y el mendigo estaba en la misma posición, apoyando el hombro contra la esquina, arqueada la espalda y la típica mano cóncava. Pensó, al ver sus ojos, en la volatilidad de las cosas de la vida y se extrañó al pensar que entró al banco hace media hora, media hora exacta, y su dinero voló de Yakarta a Moscú y en Moscú nacieron tres cuentas de alto riesgo que rinden una barbaridad para acabar las utilidades en fondos de París y Montecarlo. Y mientras, en todo ese tiempo, el mendigo no había hecho nada. Seguía en su misma posición.

 

II.-        “Enséñale a pescar y no le des un pescado”. Habrá oído esa frase un millón de veces en su vida, una máxima, dicha por su padre y los tíos, la habrá oído en la cenas navideñas y, así las cosas, mejor no dar limosnas. Y por eso, cuando vio al mendigo, no hizo nada por esquivarlo o no mirarlo, al contrario, enfrentó su mano pedigüeña y vio su cara. Miró su cara, porque no encontró ojos a los que dirigirse.

 

 Y hablando de …

Y hablando de amores y desamores, pues aquí va el quinto de hoy.

El amor y los marcianos

Creen que es alergia, pero es amor. Me empelotaron, que me agache, que me levante y alce los brazos. Abrí la boca, saqué la lengua y me examinaron los genitales con delicada destreza. Actué con completa sumisión. Hablaban en su idioma imposible para un humano. Por lo que imagino, es que les pareció científico secuestrar a alguien que anda por el Parque del Retiro de Madrid con cara de enamorado, ¡Lina me había dicho que sí!, y la cosa es tan grave que cuando creía entender que pensaban que el sarpullido en mi piel es una alergia, no supe decirle a los marcianos que eso me pasa cada vez que me enamoro.

 

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