Opinión

Orden Público

Otra vez

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Abril 26, 2018
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Orden Público
La enésima versión de violencia en el Catatumbo

Se nos había dicho y, de pronto con razón, que estas serían las primeras elecciones en la historia que se darían en paz; ello producto de la lógica que impone el llamado posconflicto. Que las tensiones, los ecos del conflicto armado estaban erradicados, que la violencia no sería punto de encuentro de la reflexión social al momento de decidir.

Pues bien, se ha de puntualizar que, lejos de estar en el posconflicto, nos encontramos apenas en el posacuerdo; el posconflicto, lejos se encuentra, bien que lejos; el posconflicto tendrá lugar cuando las tensiones sociales, económicas y, hasta culturales se hallen en el punto del diseño constitucional; sí, señoras y señores, el nivel Constitucional, que es un proyecto del quehacer estatal, dentro de su postura de Social, valga decir, Estado Social de Derecho; la simbología social implica el desarrollo en concreto de la equidad, la igualdad y la dignidad, como base de los Derechos Fundamentales; por supuesto, el nivel de cumplimiento del proyecto político llamado Constitución, en el aquí y el ahora, está distante en la visión de la realidad. En cambio, estamos, decíamos, en el posacuerdo, un planteamiento de propuestas en desarrollo, sobre unos ítems de conformidad, entre un gobierno y una parte de la subversión que, al comprometerse con su firma hizo dejación de armas, entró en la política y se encuentra a la espera de lo que se denomina la implementación de los acuerdos que, también, bien remota se encuentra.

Y, en este posacuerdo, se han presentado, no solo la captura de Santrich, calificada como un terremoto: “(…) acusado de narcotráfico después de la firma de la paz y pedido en extradición por Estados Unidos, tiene en jaque el Acuerdo de La Habana. Y desde La Picota, (…) insiste en su inocencia (…) y asegura que su batalla es de patria o muerte y que nunca ha pensado en someterse ni a la justicia ordinaria colombiana ni a la estadounidense”. Por supuesto, por las reacciones dentro del nuevo partido político resultante del Acuerdo, se observa su primera división: “En la Farc preocupa que Márquez dé mensaje distinto al de Timochenko. Londoño llama a la calma tras captura de Santrich, Márquez dice que no acatan ‘injusticias’ (…)”. Grave. De otro lado, los cuestionamientos a la inversión de recursos de la Paz que, por más que se trate de aclarar, más compleja se observa la situación; no hay nada claro: “La consolidación de la paz pasa por uno de los momentos más críticos. Esta vez, el manejo del dinero dejó en entredicho los procesos que se vienen ejecutando desde que las Farc dejaron las armas”.

 

Por las reacciones dentro del nuevo partido político
resultante del Acuerdo,
se observa su primera división

 

En ello andaba el país, cuando se perciben, ahora y otra vez, elementos de perturbación del orden público, como si los anteriores no dieran para pensar en dificultades de igual laya.

Con el secuestro, seguido por el asesinato de tres periodistas ecuatorianos por una supuesta disidencia de las antiguas Farc-EP, se creó un clima de incertidumbre, desconfianza y dificultad bilateral; piden cuentas, hay recriminaciones y decisiones, en principio complejas: “El jefe negociador del ELN, Pablo Beltrán, dijo (…) que en la guerrilla se han sentido heridos por la decisión del presidente de Ecuador, Lenín Moreno, de dejar de ser garante y sede del diálogo de paz con el Gobierno de Colombia, que tomó a ambas delegaciones por sorpresa. (…)”; el fenómeno de orden púbico no se puede banalizar los impactos son impredecibles: “La canciller colombiana (…) pidió (…) a la comunidad internacional cooperación para enfrentar la grave situación que se vive en la frontera con Ecuador.

“Es una lucha que no podemos dar solos Colombia y Ecuador”, dijo la canciller a la entrada de la Organización de Estados Americanos (OEA), (…), donde comparecerá (…) para informar sobre los sucesos de las últimas semanas en la frontera con Ecuador”. Y aquí faltan repercusiones.

Y, lo último: la enésima versión de violencia en el Catatumbo. No se sabe en memoria mortal cuántas matanzas han padecido esas tierras, se pueden recordar los inenarrables casos Gabarra y Tibú: “Una masacre tras otra. Según la versión libre de Jorge Iván Laverde Zapata, alias “el Iguano”, Mancuso y Castaño tenían como uno de sus objetivos principales la conquista de Tibú; La Gabarra sería el primer paso para conseguirlo”. ¿Otra vez?  Imposible, pero es realidad. Ahora, con diversos prismas, cambio de jefes y, abandono… Nuevamente. Una crisis humanitaria. ¿Orden público afectado, otra vez? Preocupante, aunque el presidente sostenga que todo es normal, en el -para él- posconflicto. Increíble.

 

 

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