Opinión

No incendiemos al país

Los poderosos de este país, los que tienen que orientarlo, han perdido la cordura, mientras se hace eco a sus declaraciones entre más altisonantes sean

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mayo 21, 2019
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No incendiemos al país
La afirmación de Uribe " en La Habana pactaron un cogobierno con narcos", fue calificada e incendiaria y respondida con dureza por De la Calle, negociador de los acuerdos de paz

Una recomendación que se le hizo a un alto funcionario público por parte de su jefe inmediato refleja claramente cómo se vive en Colombia: "Cuando tome un vuelo y llegue a su destino-normalmente una hora después- no se le ocurra dar declaraciones antes de informarse sobre los últimos acontecimientos". Hoy, más que nunca, esto es absolutamente válido. En las últimas semanas, la dinámica de hechos trascendentales se ha acelerado de tal forma que es casi imposible desprenderse de las noticias de última hora. Todo esto, para confirmar que vivimos actualmente momentos muy difíciles en Colombia: pasamos de un tema trascendental a otro que puede ser peor. Lo grave de lo que está sucediendo es que se está profundizando aún más, esa polarización dolorosa cuyos impactos sobre la economía y la vida de los colombianos, se ha subestimado peligrosamente.

En medio de este clima difícil, la economía no va bien, como se había especulado por parte de ese sector triunfalista que nunca falta en una sociedad que concentra beneficios entre quienes están cerca del poder. Y si algo afecta a este sector vital son las expectativas, gracias a las cuales se mueve por ejemplo la inversión y los negocios en general. No es, por consiguiente, el mejor momento para frenar todo aquello que pueda acelerar la tasa de crecimiento de la economía, la creación de empleo y otros indicadores que contribuyen a mejorar el nivel de desarrollo del país.

Por todo lo anterior y mucho más no se puede incendiar a Colombia. Y este mensaje va dirigido claramente a quienes tienen el privilegio de manejar distintos niveles de poder. En esta nación se ha perdido la mesura que se le debe exigir precisamente a los poderosos, y por el contrario se les hace demasiado eco a sus declaraciones entre más altisonantes sean. Decir que "la sentencia de la JEP demuestra que en La Habana pactaron un cogobierno con narcos", afirmación del expresidente Uribe, no solo es irresponsable, sino que le pone candela a un momento muy delicado que vive el país.

Obviamente las reacciones entre ellas la de Humberto de la Calle, negociador del Acuerdo de paz, no se hicieron esperar y fueron también muy duras, pero menos ofensivas. Afirmó, con respecto a esta declaración lo siguiente: "no solo contiene afirmaciones absolutamente falsas, sino que utiliza un lenguaje incendiario que parece destinado a volver invivible la República, a impedir que todos los victimarios asuman sus responsabilidades y es un eslabón más en una tarea de demolición del sistema judicial que abarca la Corte Constitucional, la Corte Suprema y ahora la jurisdicción Especial".

 

Los uribistas purasangre no escuchan y siguen incendiando al país
no solo internamente sino internacionalmente.
Quedamos como unos salvajes con las declaraciones de  María Fernanda Cabal

 

 

Hay gran preocupación en el ambiente, sin duda, pero también se percibe que se espera más de sus líderes. Más aún, se observa un agotamiento no solo por la aparición de tantos problemas, muchos de ellos inevitables en un país que busca vivir de manera distinta y que no encuentra fácilmente el camino, sino por la forma como se manejan por parte de los responsables todas estas situaciones. No solo se siguen matando los líderes sociales, sino que también se están asesinando muchos exmiembros de las Farc, pero lo más preocupante es que ahora no se logra un mínimo de cordura entre quienes tiene la responsabilidad de orientar a esta nación.

Los ciudadanos también tenemos un papel importante en medio de este clima de confrontaciones tan agresivas. Exijamos serenidad, objetividad y justicia, pero no en medio de una guerra verbal cuyas consecuencias las hemos conocido de sobra. Pero los uribistas purasangre no escuchan y siguen incendiando al país no solo internamente sino internacionalmente. Quedamos como unos salvajes con las declaraciones de la senadora María Fernanda Cabal. Pero es necesario no desfallecer. La petición es muy simple: no incendiemos al país y para quienes lo hacen, recordémosles que la historia es implacable y que los juzgará sin contemplaciones. Por su propio bien y el del país, no lo olviden.

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