Ni los suicidios nos hacen reaccionar ante la crisis de la salud mental

Son muchos los ingredientes que se conjugan en este problema que en lugar de estar cercano a resolverse, parece agravarse cada vez más

Por: Omar Eduardo Plata
Marzo 20, 2019
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Ni los suicidios nos hacen reaccionar ante la crisis de la salud mental
Foto: Pixabay

Aterradora es la situación que se está presentando en el país con respecto a las altas tasas de suicidios que están aconteciendo. Lo más difícil de entender es que la mayoría de suicidas son personas relativamente jóvenes, entre los 15 y los 29 años. ¿Cómo explicar que una persona, en la primavera de su vida, quiera quitarse la vida? Hay muchos motivos y todos se están presentando en este momento.

El primer ingrediente que encontramos es el médico-individual. La depresión y la ansiedad, según la Organización Mundial de la Salud, son enfermedades incapacitantes, trastornos que por desgracia no se están tratando con la seriedad y atención que se merecen. Los psicólogos y psiquiatras, presos en un sistema de salud que piensa más en números y en dinero, están ignorando a sus pacientes, brindándole una atención mediocre, corta y que no es pronta ni adecuada, lo que ocasiona en quien la padece una sensación de soledad y de incomprensión.

Además, los que buscan ayuda pronto caen en la farmacodependencia de drogas altamente adictivas como el clonazepam, el escitalopram y el valium, que terminan dándole razón al dicho “la cura es peor que la enfermedad”. Por su parte, las EPS ignoran de manera vulgar a los pacientes que sufren de ansiedad y depresión, no les dan la prioridad que merecen, mientras que las ARL invisibilizan y relativizan dicha enfermedad, principalmente porque no les conviene darle incapacidad a un trabajador “solo porque se siente triste”. Las personas piden ayuda y se encuentran con un sistema egoísta, miserable y ruin, lo que los deprime más y los empuja a tomar la fatal decisión de atentar contra sus vidas.

Otro ingrediente importante es el social. En Colombia y en muchos países del mundo aún se estigmatiza a las personas que acuden a un psicólogo o un psiquiatra. Se les aísla socialmente, como si fueran leprosos e incluso se les teme “tenga cuidado porque ese señor está loco”, “ojo con esa persona que va un psiquiatra, tiene problemas mentales”, “ni se le ocurra contratarlo que esa persona anda mal de la cabeza”. De esa forma, aparte del aislamiento que genera estar enfermo, se crea otro aislamiento, en el cual la persona que sufre de ansiedad o depresión se encuentra prácticamente discriminada, no tenida en cuenta, ignorada, lo que no ayuda en nada en su recuperación.

El tercer ingrediente que encuentro es el personal. Colombia es un país utilitarista, donde uno vale en tanto sea capaz de hacer o de tener. La educación en ética y valores es relegada por las matemáticas, o las técnicas, porque a diferencia de estas, la ética “no da plata”, “no es importante”, “es materia de relleno” y entonces los adolescentes crecen sin saber nada de valores, de respeto, tolerancia, dignidad, responsabilidad, humildad, etc. Dicha carencia de ética se ve claramente en la calle, donde los conflictos se evidencian y se acentúan. Desde la niña de 17 años que en el bus no le cede la silla a una persona mayor de edad hasta el hombre que agrede a una mujer porque ella decidió terminar la relación. Cada acto evidencia la falta de principios, pero como vivimos en Colombia, eso no importa, porque acá lo que hace “alguien” a alguien es la plata…

Por otro lado, aquellos que se han autoproclamado dueños de la moral, las religiones católica y cristiana, están podridas por dentro y la mayoría de las veces usan de manera grosera la fe de las personas para enriquecerse y para atemorizar a la población, con motivos políticos. Han fracasado en su misión de brindar consuelo a la gente y lo que han logrado con sus escándalos de pedofilia y lavado de dinero, es una pérdida de confianza en sus feligreses, que ven desconsoladas como en lo que creyeron se derrumba por el propio peso de sus pecados y vicios. Religiones donde importa más el diezmo que el mensaje, el vestido que el alma, la imagen más que el mensaje. ¿Qué pueden hacer para consolar a aquellos que piden a gritos esperanza?

Otro elemento que considero trascendental y responsable de esta crisis de motivación es el lío político de este país. Estos sinvergüenzas impresentables, desde congresistas hasta alcaldes, desde presidentes hasta gobernadores, desde magistrados hasta fiscales, lo único que nos han enseñado es que el crimen sí paga; nos han demostrado que no importa tener talento ni capacidades sino influencias y familiares; que no importa estudiar sino tener palanca. Con esa forma asquerosa de “hacer país” han condenado a los adolescentes que apenas están aprendiendo a conocer cómo se mueve el país, a la desmoralización. Les han mandado un mensaje claro: “si no son como nosotros, no serán nadie”, “si no se nos unen, se morirán de hambre porque no tendrán trabajo”.

Corrupción, clientelismo, coimas, tráfico de influencias, vencimiento de términos, peculado, concierto para delinquir… ellos han convertido al crimen en una forma de “trabajo” y cuando son “investigados” se encargan de que la impunidad reine. Y cuando hay ausencia de justicia, ¿qué clase de mensaje se le envía a la población? El crimen sí paga, el que es bueno es “bobo” y el que roba es “un buen muchacho”.

Decía Enrico Ferri, profesor italiano de Jorge Eliécer Gaitán: Una sociedad solo puede soportar cierta cantidad de crímenes; cuando los supera suceden dos cosas: o colapsa o se vuelve indiferente. Y ustedes ¿qué creen que le está pasando a este país?

 

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