Movilización de jóvenes en Bogotá: las voces de indignación, resistencia y cambio

"Es importante comprender que disentir en democracia no es un problema, como tampoco lo es la protesta pacífica"

Por: Foro Región Central
julio 23, 2021
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Movilización de jóvenes en Bogotá: las voces de indignación, resistencia y cambio

Bogotá completó cuarenta días de protesta social. Esta movilización tiene unas características específicas, En primer lugar, se desarrolla en un contexto de pandemia que tiene a la capital del país como el epicentro, con el 42% de los contagios y el 23% de las muertes entre abril y junio de 2021, según Minsalud. En segundo lugar, es indiscutible el papel que han tenido los jóvenes, en el marco del paro nacional, con su participación, resistencia e indignación contra el modelo autoritario del gobierno de Iván Duque.

Durante el paro, la administración distrital ha señalado que se han realizado cerca de 548 movilizaciones en la ciudad, con una participación de 875.000 personas, de las cuales el 65% son menores de 28 años y se contabilizan 45 bloqueos intermitentes en vías y portales de TransMilenio. En su mayoría, han sido espacios de protesta pacífica, en las que predomina la cultura, el arte y la música como medio de la expresión social: canticos, bailes, pinturas, velatones, performance, vestuarios, maquillajes y murales que han convertido a los espacios urbanos en escenarios de diversidad e inclusión.

La protesta ha sido descentralizada. La Plaza de Bolívar ya no es el único lugar de llegada de las movilizaciones. Se cuentan al menos 15 puntos de concentración en 12  de las 20 localidades que tiene Bogotá, siendo el Portal de las Américas, denominado “Portal la Resistencia” y el Monumento a los Héroes los más emblemáticos tanto por la cantidad de personas que se concentran, el despliegue de expresiones y el simbolismo que los marchantes le han asignado a estos sitios como el alto grado de espontaneidad que los ha caracterizado.

Si bien el Comité Nacional del Paro anuncia los puntos de protesta, es la ciudadanía, en redes sociales, quien define las actividades, los mensajes y las formas de expresión social. Estos espacios digitales también se han convertido en pantallas en vivo para seguir la dinámica de los puntos de concentración, la vulneración de los derechos humanos y las denuncias sobre detenciones, homicidios y personas desaparecidas.

Esta movilización no es unitaria, son varios procesos simultáneos de protesta. Si bien el punto de unión fue la indignación con las reformas impuestas por el gobierno Duque, existen otras reivindicaciones que van desde asuntos estructurales como la educación, el empleo y las oportunidades para los jóvenes, el respeto por la protesta social, la reforma a la policía, subsidios a grupos poblacionales específicos, el arreglo de vías locales, la solución a la situación de hambre que viven las familias, cupos en educación universitaria, por mencionar algunos, lo que demuestra que se requieren varios diálogos para avanzar en una solución a los problemas planteados por la población que se moviliza.

En Bogotá también se ha conformado grupos de primera línea. A ellos se han unido las madres de la primera línea que buscan acompañar a sus hijos en los espacios de movilización. Estos grupos son reconocidos y tienen un nivel de organización por núcleos que van desde los que enfrentan a la policía hasta los que se encargan de la atención de heridos y la provisión de alimentos y elementos de protección.

Lamentablemente, la respuesta a la movilización ha seguido la receta represiva implementada en el país. Si bien la alcaldesa de Bogotá reportó a finales de mayo que la ciudad no tenía muertes relacionadas con la movilización, datos de organizaciones como Indepaz y Temblores hablan de al menos cuatro jóvenes asesinados, 21 personas desaparecidas, 577 heridos, 348 detenciones arbitrarias entre el 28 de abril y el 9 de junio de 2021.

La Secretaría Distrital de la Mujer por su parte, afirma que se han presentado 29 denuncias de agresión sexual a mujeres, de ellas, 25 presuntamente cometidas por miembros de la policía. Aunque el manejo de la protesta ha sido un asunto acaparado por el Ministerio de Defensa, la administración distrital, a través de la Secretaría de Gobierno y otras dependencias, han realizado ingentes esfuerzos para garantizar la protesta social, como derecho ciudadano, en el marco de la constitución y las normas.

Uno de los principios básicos establecidos es entender la protesta como una forma democrática de expresar descontento, críticas, demandas y soluciones a diversos problemas, por parte de sectores sociales. En esa perspectiva, el diálogo y la concertación ha sido una de las premisas que se ha tratado de aplicar en varios de los sitios de las movilizaciones y en situaciones de violencia presentadas, por parte de los gestores de diálogo social, quienes han jugado un rol esencial en el desescalamiento de las tensiones y las violencias. En estos escenarios, los jóvenes de la primera línea y otros manifestantes han contribuido en esas tareas para garantizar las protestas pacíficas y evitar, hasta donde sea posible, actos violentos y de vandalismo.

Es dable reconocer que la alcaldesa ha sido crítica con los excesos de la fuerza pública, e incluso entregó informes sobre las violaciones y afectaciones a personas y fuerza pública en el marco de la protesta a la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el 10 de junio, a los delegados de la CIDH. No obstante, ciertos sectores, no solo los involucrados en las movilizaciones, han

señalado que se requiere mayor claridad en sus mensajes sobre los diversos hechos de violación de los DD. HH. por parte de la fuerza pública.

Ante las amplias demandas de los jóvenes, el 25 de mayo, la alcaldesa lanzó el Plan Cambio y Rescate Social para beneficiar a los jóvenes, las mujeres y las familias pobres con una inversión cercana a los 2 billones de pesos financiados con cambios en las asignaciones presupuestarias de infraestructura para programas de renta básica, cobertura universitaria, oferta de empleo y subsidios de vivienda, entre otras medidas. Sin embargo, este anuncio todavía no queda claro si se trata de un esquema directo de gestión distrital o si es una apuesta que involucra la participación de los manifestantes, tampoco se advierte cuáles serán las estrategias para vincular este Plan con las solicitudes ciudadanas que emergen de la protesta. De hecho, los jóvenes están requiriendo apertura de espacios de diálogo y de concertación sobre sus diferentes demandas y las posibles soluciones. A propósito, la reciente encuesta realizada por la Veeduría Distrital destaca que el 81.2% de los jóvenes marchantes encuestados indican la imperiosa necesidad de una mayor intervención social por parte del gobierno distrital.

Por otro lado, el gobierno distrital, un grupo de universidades y la iglesia católica lanzaron una estrategia digital y presencial para recoger las peticiones de los jóvenes. En varios puntos de resistencia existen asambleas comunitarias que han avanzado en propuestas para el desarrollo de la capital del país. Los grupos de primera línea tienen solicitudes concretas para incluir en espacios de concertación con la alcaldía y el gobierno nacional.

En otros casos, organizaciones no gubernamentales han facilitado escenarios de encuentro entre funcionarios públicos de Bogotá y sectores sociales y, el Concejo ha llevado a cabo sesiones de trabajo en sitios como el Portal de la Resistencia.

Varios retos tienen estos espacios como mecanismos alternativos para pensar salidas a la crisis social, política e institucional actual. Es clave garantizar unos mínimos que permitan escuchar y lograr sentar las bases para concertar y definir soluciones; definir una ruta clara, expedita y efectiva que posibilite la intervención de diversos actores; establecer varios escenarios de diálogo transparentes, abiertos, incluyentes que contribuyan a la generación de confianza en medio de la conflictividad social; de igual manera, que el diálogo sea la puerta de entrada para la negociación de algunas demandas de los marchantes, especialmente, los jóvenes. Un asunto final, las organizaciones y entidades promotoras del diálogo deben entender que se requieren espacios de encuentro descentralizados para incluir a todos los sectores sociales que no necesariamente se sienten representados por el Comité del Paro.

En definitiva, es importante comprender que disentir en democracia no es un problema, como tampoco lo es la protesta pacífica. Este es un paso de apertura a la deliberación y a la inclusión de nuevas voces que contribuyan a la implementación de propuestas emanadas de las demandas ciudadanas. La invitación siempre es tener disposición de escuchar y proponer en el marco del respeto y en la búsqueda de un bien común, y en especial, es necesario considerar el contexto que vive la ciudad como una oportunidad para llamar la atención de la sociedad sobre la importancia del voto como mecanismo de cambio, teniendo en cuenta que se aproximan las elecciones legislativas y presidenciales.

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