Colombia no es un país ajeno a las elecciones con desenlaces angustiantes. La ajustada diferencia en los resultados de la reciente segunda vuelta presidencial entre Iván Cepeda (48.7 %) y Abelardo de la Espriella (49.7 %) no es, ni de lejos, la más pequeña de la historia nacional, ya sea que se mida en términos porcentuales o en votos absolutos.

El margen del 1 % que separó al presidente electo del candidato oficialista (equivalente a 250.820 votos) es considerablemente mayor si se compara, por ejemplo, con los comicios de 1994. En aquella ocasión, Ernesto Samper (50.5%) aventajó a Andrés Pastrana (48.4%) por apenas un 2.1 % (156.585 votos), una diferencia tan estrecha que, aun así, Pastrana reconoció la misma noche de las elecciones tras conocerse el preconteo de votos.
| Lea también: La última reñida elección presidencial terminó en rebelión social en armas: nació el M-19
La historia de resultados electorales milimétricos viene de atrás: en 1970, Misael Pastrana Borrero (padre de Andrés Pastrana) derrotó al general Gustavo Rojas Pinilla por solo 63.557 votos, lo que representaba un 1.6%, debido al menor censo electoral de la época. Más adelante, en 1998, el propio Andrés Pastrana (50.3 %) ganó la presidencia frente a Horacio Serpa (46.5%) por una diferencia absoluta de 465.788 votos, aunque en el porcentaje general representó un reñido 3.8%, un resultado que Serpa aceptó esa misma noche con los datos preliminares.

Las elecciones de Álvaro Uribe, contra Horacio Serpa y contra Carlos Gaviria, fueron ganadas con amplia ventaja, 21.3 % en 2002 y 40.4 % en 2006. Lo mismo sucedió con la de Juan Manuel Santos contra Antanas Mockus en 2010, con un 42.1 %. La del segundo período de Juan Manuel Santos contra Óscar Iván Zuluaga estuvo más reñida en 2014, la ganó el expresidente con apenas un 5.9 %, un margen menor con el que Iván Duque derrotó a Gustavo Petro en 2018, de un 12.3 %.
| Lea también: El día en que un presidente de Colombia le dijo no a un Mundial de fútbol, teniendo ya sede en la mano
Incluso en la penúltima contienda presidencial de 2022, donde Gustavo Petro venció a Rodolfo Hernández por 700.601 votos, el margen porcentual fue del 3.2%. Esto demuestra que la tensión del "voto a voto" es una constante en la vida política del país, y no una anomalía de la última jornada
La evolución institucional: Del control político a la autonomía técnico-legal
Para entender por qué el país puede procesar estos resultados tan ajustados sin caer en el caos institucional, es clave mirar la evolución de su sistema electoral. Antes de 1948, las elecciones eran gestionadas directamente por el Gran Consejo Electoral y el Gobierno de turno, lo que sembraba constantes dudas sobre la neutralidad del proceso. Tras el estallido social y político de "El Bogotazo", el Congreso de la República aprobó la Ley 89 de 1948. Esta norma dio vida a la Registraduría Nacional del Estado Civil, una entidad autónoma, independiente de los poderes de turno, con la misión de organizar los comicios y expedir la cédula de ciudadanía para garantizar la transparencia.

Con la llegada del siglo XXI, la tecnología se convirtió en el principal aliado de la confianza ciudadana. En 2009 se implementó el uso del Formulario E-14, el acta oficial donde los jurados de votación registran el preconteo de los votos. Este documento se escanea y se transmite en tiempo real al portal web de la Registraduría, permitiendo que partidos políticos, veedurías y cualquier ciudadano realicen una auditoría digital inmediata durante la misma jornada electoral.
| Lea también: El equipo de Ernesto Samper que frenteó la descertificación hace 30 años
Hoy en día, el control social es multifactorial: la Registraduría permite que los testigos electorales, observadores nacionales y misiones diplomáticas internacionales tomen fotografías de las múltiples copias del formulario E-14 directamente en las mesas de votación, antes de que sean trasladadas. Esto genera un archivo de contraste idóneo para blindar el proceso contra cualquier intento de alteración.
Preconteo vs. Escrutinio: El verdadero valor jurídico
Un error común en la opinión pública es confundir el preconteo con el escrutinio. El preconteo, que se conoce la noche de la elección, es un proceso meramente informativo y carece de valor jurídico. El conteo legal, vinculante y definitivo es el escrutinio oficial, el cual es ejecutado minuciosamente por comisiones escrutadoras compuestas por jueces de la República.
Importancia del escrutinio
En elecciones con márgenes extremadamente estrechos, esta revisión jurídica es vital. Es el escenario técnico donde se recuperan sufragios mal contabilizados o anulados de forma incorrecta por los jurados de mesa.
Para garantizar que este proceso no se convierta en una disputa caótica, el Código Electoral colombiano exige que cualquier reclamación formal o solicitud de recuento de votos "mesa por mesa" sea interpuesta exclusivamente por personas calificadas: los testigos electorales debidamente acreditados o abogados inscritos con tarjeta profesional vigente. Así, la rigurosidad legal prevalece sobre la retórica política, asegurando que la decisión final de las urnas sea matemáticamente incontestable.
Anuncios.


