El club de fútbol Deportivo Cali, presidido por Joaquín Losada Fina, atraviesa uno de los momentos más complejos de su historia. El equipo se encuentra en proceso de reorganización empresarial bajo la Ley 1116 de 2006, mecanismo diseñado para que las compañías con dificultades financieras puedan renegociar sus obligaciones y evitar la liquidación.
Las cifras reflejan la magnitud del reto. Los pasivos del equipo ascienden a $119.641 millones, mientras que las acreencias incluidas dentro del proceso de reorganización alcanzan $106.949 millones. A pesar de las dificultades, el conjunto vallecaucano conserva un activo diferenciador: es uno de los pocos del fútbol profesional colombiano con estadio propio, un patrimonio que espera convertir en parte de su recuperación financiera.
Deportivo Cali no es un caso aislado. Cada vez son más las empresas colombianas que recurren a la reorganización para preservar sus operaciones. De acuerdo con la Superintendencia de Sociedades, entidad dirigida por la superintendente Nini Johana Castaño, cerca de 1.150 empresas adelantan procesos bajo la Ley 1116 de 2006, conocida como Ley de Insolvencia Empresarial.
Uno de los casos más representativos es Fabricato. La empresa de textiles antioqueña llegó a este proceso tras enfrentar el aumento de los costos de producción, dificultades en el abastecimiento de materias primas y una caída en las ventas. Bajo la presidencia de Gustavo Alberto Lenis, quien lleva cerca de seis años al frente de la compañía, se anunció el cierre de su histórica hilandería en Bello durante los primeros meses de 2026.
La decisión responde, entre otros factores, a la eliminación de los aranceles para la importación de hilos y fibras. Aunque la medida buscaba reducir los costos para los confeccionistas nacionales, terminó afectando la competitividad de los productores locales. Fabricato continúa ejecutando un plan de recuperación para fortalecer su operación y estabilizar sus finanzas.
Otro nombre emblemático que atraviesa dificultades es Oma. La cadena de cafeterías ingresó a un proceso de reorganización con pasivos cercanos a $114.000. Durante décadas fue un referente del café gourmet en Colombia, gracias a su ambiente inspirado en tendencias europeas y a una amplia presencia en las principales ciudades del país.
Fundada en 1970, en Bogotá, por Marlene de Martignon y su madre, Gerda de Biermann, conocida como "Omita", la marca creció hasta convertirse en un símbolo del consumo de café premium. Hoy hace parte del grupo centroamericano Mesofoods, liderado por Marlon Masis, que busca recuperar el dinamismo de la cadena tras los efectos que dejó la pandemia. Actualmente cuenta con 471 empleados y cerca de 91 establecimientos en Colombia.

A esta lista se suma el Colegio Refous, que ingresó al proceso de reorganización a comienzos de este año. Bajo la dirección de Santiago Jenagros, la institución acudió a la Superintendencia de Sociedades para reorganizar obligaciones superiores a $30.000 millones. Entre las causas figuran compromisos acumulados desde la pandemia, inversiones en infraestructura y procesos de modernización.
Los casos del Deportivo Cali, Fabricato, Oma y el Colegio Refous reflejan las dificultades que enfrentan empresas de distintos sectores para sostener su operación en un entorno económico desafiante. Aunque la reorganización empresarial ofrece un mecanismo para renegociar deudas y evitar la liquidación, ingresar a este proceso también evidencia el deterioro financiero de las compañías y los desafíos que aún deben superar para recuperar su viabilidad.
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