Memoria histórica para Villarrica, Tolima

En Villarrica , a mediados del pasado siglo, ocurrió unos de los conflictos más dolorosos de la historia de Colombia contra unos campesinos. Pero no lo recuerdan

Por: Edison Peralta González
agosto 10, 2022
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Memoria histórica para Villarrica, Tolima
Foto: mapio.net

"Una civilización que escoge cerrar los ojos ante sus problemas más cruciales es una civilización herida. Una civilización que le hace trampas a sus principios es una civilización moribunda": Césaire

Francis Fukuyama, ese insidioso y ultramontano escribidor norteamericano quien se atrevió a proclamar socarronamente “el fin de la historia” hubo de arrepentirse mucho después, pues lo dicho por él ni es pensamiento profundo ni encierra ninguna verdad. ¡La historia no había terminado!, nos dice Marcelo Colussi en Globalización (…) El término «globalización» se adueñó de los espacios mediáticos y del ámbito académico, pasando a ser sinónimo de progreso, de proceso irreversible, de triunfo del capital sobre el «anticuado» comunismo que moría. Y nos lo hicieron creer.

La siempre mal definida globalización pasó a ser el nuevo dios; según se nos dijo –Fukuyama fue uno de sus principales difusores–, la misma traería desarrollo y prosperidad para todo el planeta. La historia había terminado (mejor dicho: el socialismo había terminado) y el término que lo expresaba con elegancia –por no decir con refinado sadismo– era globalización. No se podía estar contra ella. (...) Pero hoy, tres décadas después de este grito de guerra, la realidad nos muestra algo bastante distinto a paz y felicidad planetarias. El capitalismo creció, sin dudas, pero a condición de seguir generando más pobreza. La riqueza se reparte cada vez en forma más desigual, con lo que puede decirse que, si algo creció, es la injusticia.

Y las guerras no solo no han desaparecido, sino que pasaron a ser un elemento vital en la economía global; de hecho, en la dinámica de la principal potencia, Estados Unidos, es su verdadero motor, ocupando buena parte de todo su potencial y definiendo su estrategia política tanto nacional como internacional. Por tanto, la historia no había terminado. La actual pandemia no alteró las cosas”.

Tal parece que nuestras instituciones educativas hacen caso omiso a lo establecido en la Ley 1874 del 27 de diciembre de 2017 sobre la obligatoriedad de desarrollar el pensamiento crítico a través de la comprensión de los procesos históricos y promover la formación de una memoria histórica que contribuya a reflexionar sobre el acuerdo de paz y las dinámicas del conflicto que ha vivido nuestra sociedad y promover la sana convivencia y la reconciliación entre los colombianos.

En Villarrica, mi pueblo, a mediados del pasado siglo ocurrió unos de los conflictos más dolorosos de la historia de Colombia contra unos campesinos que ofrendaron su vida en defensa del territorio, como cientos de años antes lo hicieran los heroicos pijaos contra la jauría invasora del ejército español. No obstante, esta epopeya campesina ha sido minimizada por los gobiernos locales y maestros que no se atreven a escudriñar una mínima parte de nuestra historia para revertir la conciencia social de los educandos.

La geografía y la historia están hoy en una nueva encrucijada, lo refiere el catedrático Renan Vega Cantor “durante decenios han sido utilizadas en la escuela como instrumento de brutalización ideológica. Ahora, tenemos la oportunidad de reconvertir la funcionalidad de esas materias al servicio de la racionalidad, el relativismo, la solidaridad y la cultura democrática. La responsabilidad de los docentes en ese proceso no es poca (si se atrevieran). No solo somos útiles; somos más que necesarios, somos imprescindibles. (...)

 La educación se ha convertido en un artículo mercantil, como los automóviles o los teléfonos móviles, dominado por la lógica de la competencia, y sus resultados se han reducido a "indicadores de desempeño" estandarizados, que midan el grado de adiestramiento ("competencias") que han adquirido los usuarios (estudiantes) para ser competitivos en el mercado capitalista”.

(...) “Esta anulación del saber crítico hace parte de la estrategia neoliberal, para el cual "no existe vocabulario para la transformación política y social, no existe visión colectiva, no existe direccionamiento social para desafiar la privatización y la comercialización de la escuela, la burda disminución de los trabajos, la liquidación en marcha de la seguridad laboral, o espacios desde los cuales se luchar contra la eliminación de los beneficios para el pueblo”.

Tal vez los docentes, autoridades locales, clase política y adalides siguen proclamando servilmente como Fukuyama “el fin de la historia” para evitar que las nuevas generaciones puedan discernir sobre el genocidio de unos campesinos que se atrevieron a exigir tierra buena, pan barato y techo decente. Tal vez la indolencia los persiga y sigan creyendo malintencionadamente que las miserias y desgracias de nuestro pueblo ha sido culpa de unos campesinos comunistas y bandoleros y chusmeros, como hace 70 años, apostados entre los cafetales con sus mujeres y niños para crear la república independiente de Villarrica. ¡Qué adefesio!

 

 

 

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