Dos días después de la primera vuelta electoral, Trump envió un extenso mensaje a Abelardo de la Espriella en estos términos: “Felicitaciones al candidato presidencial colombiano “el Tigre”, un líder inteligente, fuerte y tenaz”.
Le otorgó su “respaldo total y absoluto” para la segunda vuelta y destacó que el resultado electoral final sería de vital importancia para el futuro de Colombia y sus relaciones con EEUU. Se refirió a Cepeda como a un “marxista de izquierda radical”
Pero fue todavía más lejos: “Como presidente, Abelardo tendría un éxito rotundo al liderar Colombia para impulsar la economía, crear empleos, promover el comercio, detener la inmigración ilegal, combatir el crimen y las drogas, ¡y restaurar el orden público!”.
Fue una intromisión descarada en los asuntos internos del país, como las viene haciendo, sin ambages, en todo el continente. Pero su mensaje no provocó ninguna reacción de rechazo entre la institucionalidad del país, la oposición o sus poderosos medios de desinformación.
Por el contrario, insisten en sus ataques al presidente Petro por su supuesta “intervención indebida” en las presidenciales y por su denuncia sobre fraude en el proceso electoral por cuenta de la empresa Greg and Sons, que tiene el control de su manejo logístico, con una participación estatal cada vez más reducida.
Hace poco se develaron también unas grabaciones en las que Abelardo les ofrecía a sus dueños devolverles el negocio de los pasaportes, a cambio de ayuda electoral. Todas estas denuncias de fraude están basadas en indicios fuertes, pero pasará mucho tiempo antes de que se investiguen.
Pero ahora, volvamos al presente. EE. UU. envió una enorme delegación, presidida por el senador Bernie Moreno, colombiano renegado y ciudadano estadounidense, miembro del estrecho círculo de Trump. Uno de los principales aliados de la oposición colombiana en sus visitas conspirativas a Washington.
Desde antes de llegar a Colombia, él mismo advirtió que el reconocimiento del resultado por su país solo se daría si la gente votaba bien, de lo que dependería también el futuro de su cooperación económica y militar.
Pero examinemos mejor las implicaciones que tendría un triunfo de Abelardo. Es cierto que la candidata oficial del uribismo salió bastante maltrecha de la contienda. Pero, si bien el gamonal del Ubérrimo sufrió un duro revés, él jugaba con dos ases y bien pronto le brindó su respaldo al ganador.
Es conocido como el abogado de la mafia y también como el matagatos. Encarna la apuesta colombiana al fascismo contemporáneo, que se fortalece y se pavonea por el mundo con Trump y Netanyahu, promoviendo el genocidio, el saqueo y la agresión a los pueblos, la exclusión económica y social.
Obtuvo la ciudadanía estadounidense hace tres años, con lo que refrendó su compromiso prioritario y fidelidad con el imperio. Es racista, xenófobo, misógino, vulgar y corrupto. Aficionado a las armas y amigo de la guerra. Alardea de su enorme riqueza, obtenida en la defensa de paramilitares y en negocios turbios. Estafador de estafadores.
Recientemente la Fundación para la Libertad de Prensa, FLIP, denunció que entre 2008 y 2019 estuvo implicado en 109 casos de difamación y calumnia, que la organización describe como ejemplos de acoso judicial.
Aunque se presenta como ousider, su familia extendida es uno de los clanes políticos del departamento de Córdoba, cuna del paramilitarismo y las masacres, el despojo de tierras, la parapolítica. Ha sido aliada firme de Álvaro Uribe en dichas andanzas. Esta es también la región de donde es oriundo Gustavo Petro
El triunfo de Abelardo significaría un sometimiento absoluto de Colombia a los dictámenes de Washington y a la vez el retorno al tenebroso pasado de la “Seguridad democrática” de Uribe: la eliminación de derechos políticos y sociales y de garantías democráticas.
Traería también el fin de las reformas y políticas sociales estratégicas, que ha puesto en marcha el gobierno del Cambio.
Sería el retorno al despojo de tierras, la imposición del fracking sin restricciones, la fumigación con glifosato de amplias zonas del país. El bombardeo en los territorios todavía golpeados por el conflicto armado. El fin de cualquier posibilidad de paz.
La reducción del Estado y de sus instituciones en un 40%. Todo ello lo ha expresado abiertamente el candidato, así como su admiración por Milei y Bukele.
Se sienten ya sus pasos tenebrosos. En estos días previos a la segunda vuelta, se conocen ya intimidaciones y jaqueos a periodistas que han documentado y denunciado episodios oscuros de su pasado.
También ha habido amenazas en universidades públicas, como la Nacional, la Pedagógica, la de Antioquia y la Tecnológica de Pereira. Veamos algunos apartes del mensaje recibido por cientos de profesores y profesoras:
“Desde el movimiento Defensores de la Patria les advertimos que no vamos a descansar hasta erradicar a todo aquel que piense desde el marxismo y haga apología a ideologías basura que no le sirven a la Patria milagro (…) Las universidades públicas, privadas e institutos de garaje van a tener que pagar por la formación ideológica a guerrilleros y violentos. (…) Exterminar el comunismo es una misión sagrada”.
Por todo esto y mucho más, la decisión que se tomará en las urnas será entre la vida y la muerte, tal como ha insistido Petro. No es una afirmación para nada retórica. Es la lucha contra el fascismo, por la vida en todas sus expresiones y por el estado de derecho.
Entonces, no se trata solo del enfrentamiento entre la izquierda y la derecha
El reto del progresismo en estos escasos días es enorme. Se han tomado correctivos para abrir la campaña de Cepeda y Quilcué y llegar a sectores del centro que son cruciales para obtener un resultado electoral favorable. Pero falta todavía mayor audacia.
Por último, la juventud tendrá un poder decisivo en estas elecciones. Ha habido permanentes movilizaciones en varias ciudades del país, pero debe concretarse la votación. El trabajo de los Kpopers en el manejo de las redes de la campaña es innovador y esperanzador.
De la misma autora:El fondo oscuro de la disputa por las presidenciales
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