Si algo desapareció en la elección del 31 de mayo fue el liderazgo que se suponía imperecedero de Álvaro Uribe sobre el Centro Democrático. Empezando por que la escogencia de su candidato presidencial fue una pelea sin fin agravada por el terrible asesinato de Miguel Uribe, quien era el candidato in péctore del jefe supremo. Escogida Paloma Valencia en una encuesta cuyos resultados fueron aceptados a regañadientes por las demás candidatas, logró ser aceptada por los integrantes de la Gran Consulta por Colombia, personajes distinguidos de centro derecha sin muchos votos, en lo que en su momento se consideró una jugada maestra
Paloma arrasó en la consulta hecha junto con las elecciones parlamentarias del 8 de marzo, la cual obtuvo 5,8 millones de votos porque el Centro Democrático en pleno voto por ella. Ella obtuvo 3.2 millones de votos suma casi igual a los 3 millones obtenidos por la bancada del Centro Democrático que le dieron 17 senadores y 30 representantes. El resto de los 8 participantes obtuvieron 2.6 millones de votos de los cuales 1.2 millones fueron para Juan Daniel Oviedo.
Se esperaba que esos casi 6 millones de votos fueran la base imbatible para llegar a la segunda vuelta presidencial, pero desaparecieron en el camino. Al parecer, la totalidad de los 3 millones de votos del Centro Democrático se fueron a la campaña de Abelardo de La Espriella, quien representaba la pura doctrina de derecha pues no gustaron de la escogencia de Juan Daniel Oviedo como fórmula vicepresidencial. Los 1.4 millones de votos de los otros 7 integrantes de la Gran Consulta, en su totalidad votos de opinión, desaparecieron con rumbo desconocido, y Paloma con su fórmula obtuvo 1.7 millones, 1.2 de los cuales eran de Oviedo.-
Los 6 millones de votos quedaron convertidos en 500.000 pues Oviedo ya dijo que hasta allí llega y nada que ver con de la Espriella.
De paso, arrasaron con el liderazgo en el Centro Democrático de Álvaro Uribe, que antes nadie se atrevía a desafiar, quien, como les sucedió a los jefes del Partido Liberal, del Conservador y de la U, que habían apoyado a Paloma, se quedó con el cascarón del partido sin sus integrantes. Para decirlo de una manera dolorosa, nadie o muy pocos de los integrantes de todos esos partidos votaron por Paloma. Daños colaterales en la jefatura de todos esos partidos.
Como consecuencia el liderazgo de la derecha viró de Álvaro Uribe a Abelardo de la Espriella, ganador de la primera vuelta con 10.3 millones de votos sin haber participado antes en ninguna elección, con una escasa participación en el congreso, 4 senadores y un representante y encarnando sin ambages la extrema derecha. Lo que quedó demostrado con la extraordinaria votación de de la Espriella fue la equivocación de Álvaro Uribe de pensar que su partido podía estar interesando en alianzas con el centro político.
Un partido, que es la segunda fuerza en el Congreso de la República que no obedeció a su fundador quien por años tuvo allí una autoridad absoluta. Es de lejos el mayor daño colateral de la elección. Uribe y Paloma se apresuraron a apoyar a Abelardo, lo cual según estas cifras no le agrega muchos votos a los que ya tiene, y deja en condiciones de indefensión a Sergio Fajardo y su millón de votos, quien ha dicho que no se juntaría ni con Cepeda ni con de la Espriella, aunque es posible que tenga menos reparos con el segundo. Desaparecen también del paisaje político el resto de los ilustres integrantes de la Gran Consulta, que no movieron un dedo para que a Paloma le fuera mejor, pero ese es un daño colateral menor, porque nadie se ha dado cuenta.
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