Infortunadamente la votación no será racional ni ideológica, por eso las calidades de los candidatos y sus propuestas o la falta de ellas poco cuentan

 - Los jugadores en la segunda vuelta

En anterior columna señalé que lo que es indiscutible es que la primera vuelta muestra que para la inmensa mayoría del país es más el rechazo a lo existente que el apoyo a una u otra propuesta. Rechazo de los seguidores de Cepeda respecto al modelo económico-político que no responde a las necesidades de los más excluidos, y por parte de quienes votaron por Abelardo porque el sistema político no les permite entrar a participar en él.

En la votación de ambos candidatos está la descalificación a propuestas intermedias intentadas desde las estructuras del ‘establecimiento’ que no satisfacen ni están en sintonía con la rabia y la desesperanza de quienes no gozan de los ‘beneficios’ del régimen vigente,

Bajo el paraguas de Izquierda y derecha se simplifican lo que son diferentes confrontaciones en las elecciones en el país. Pero la realidad es que no se trata de diferencias ideológicas. La competencia electoral define y definirá un conflicto diferente.

Para estas elecciones se encuentra de un lado lo que clasifican en el lenguaje político como ‘los nadies’ (término que no es de Francia Márquez, sino ya convencional como lo usa Eduardo Galeano), que no tienen más opción que luchar por su supervivencia, que están sentenciados por su condición de nacimiento, que no se les tiene en cuenta sino muy eventualmente como una cifra estadística, no como seres necesitados de dignidad y esperanza, o sea que luchan por algo más que mínimos vitales.

En el caso de Abelardo su caudal tiene dos componentes. Ese rechazo a los políticos- de donde  deriva el nombre de los ‘nunca’-; pero también lo respalda el poder económico, el poder político, el poder mediático, quienes por interés o por convicción desean que se mantenga el Statu quo, pero que, aunque son un mínimo porcentaje del electorado, cuentan con que manejan los votantes conformes con el régimen que los rodea y al sistema bajo el cual viven, que se encuentran en una zona de confort o de resignación, que no representan una fuerza dinámica en las luchas políticas, que muchas veces ni votan pero sí tienen un peso inercial en contra del cambio.

Será de un lado un candidato con todas las características que lo descalificarían para ser presidente (ignorancia total del sector publico, ninguna experiencia, ni vinculación con los temas de interés ciudadano, ostentoso en forma desafiante de la forma de haberse vuelto multimillonario por sus servicios a lo más cuestionado del país -mafiosos, paramilitares, estafadores, parapolíticos, etc.-., de personalidad misógena, clasista, racista, admirador de Bukele y Trump).

 Y unas propuestas cuyas características son contrarias a las que nos preciamos como avances de la civilización (desconocer los temas de la humanidad de hoy, renunciar a los instrumentos internacionales, distanciarnos geopolíticamente de la multipolaridad, minimizar el problema del  cambio climático, las políticas de género, instalar la pena de muerte, etc.)  En fin,  ‘propuestas’ sin respaldo argumentativo o analítico, remplazado por el eslogan de “por la razón o por la fuerza”, cuyo mensaje y oferta se reduce al uso de la segunda. Una comprensión de un ‘Estado de Derecho’ donde el Derecho, según el candidato, es aislado de la ética y del conjunto de valores que inspiran la Democracia y ésta se reduce a ganar en las elecciones.

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Contrasta del otro lado una vida alrededor de los temas de interés colectivo, adelantado desde la actividad pública, participando en los cargos políticos (representante, Senador, vocero en negociaciones) pero ejercido sin búsqueda de cargos o de poder. Siempre en temas altruistas de los que inspiran la democracia, la Paz, los derechos humanos, el amparo a las víctimas, la solidaridad con los pobres y los excluidos, el diálogo y el compromiso como camino de soluciones; en fin, empapado de valores y acciones que muestran y proponen el contrario de lo que ofrece la contraparte.

Y como propuesta de modelo de gobierno, un cambio en la orientación para que la prioridad y la razón de ser del Estado no sea solo el crecimiento económico acompañado de desigualdad e injusticia social como lo hemos vivido, sino que el bienestar ciudadano y la armonía social sean el objetivo de la existencia del Estado. Unas reglas de juego que no sean la ley de la selva, la del capitalismo en la forma salvaje del hipercapitalismo (hoy neoliberalismo),  las del darwinismo político donde solo participen del progreso los más aptos y sobren los más frágiles y vulnerables; que no sean las que bajo la cubierta de una pseudodemocracia formal justifican el desconocimiento de los valores que  la deben constituir (igualdad de oportunidades, solidaridad, dignidad del ser humano, respeto de los derechos humanos).

Poco contarán los cálculos y lo que se baraja en los medios respecto a adhesiones y respaldos de políticos y partidos

Infortunadamente la votación no será racional ni ideológica, por eso las calidades de los candidatos y sus propuestas o la falta de ellas poco cuentan. Poco contarán los cálculos y lo que se baraja en los medios respecto a adhesiones y respaldos de políticos y partidos. Tal vez algún peso tendría el de la mayoría de quienes se reclaman liberales, que son quienes rechazan la dirección de Gaviria y  pueden, por esa razón, dar su voto a Cepeda.

Pero de resto la votación se limitará a quienes luchan por un cambio y quienes buscan detenerlo por temor al cambio mismo….

Del mismo autor: Defensa de la institucionalidad o de las instituciones

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Por Juan Manuel López

Es analista político-económico, estudió Economía Política en la Universidad de Sydney en Australia. Ha sido columnista para KienyKe, Dinero.com y El Heraldo.