No hay duda, el gran perdedor es el poder mediático, político, económico, del ‘establecimiento’ que no logró contrarrestar la ola de rechazo a lo que ofrece

 - ¿Cuál será la estrategia a seguir ante las interpretaciones de las elecciones?

En el analisis políticos hay varios enfoques. Cada candidato actúa diseña estrategias y propuestas y cada votante elige dentro de la interpretación que a su turno tiene.

En general se usa el paraguas genérico de ‘izquierda’ y ‘derecha’ como de confrontaciones ideológicas para justificar otras razones; este comprende  visiones políticas distantes entre neoliberales y social demócratas; económicas entre ‘desarrollistas’ y ‘neokeynesianos’‘; y aún quedan rezagos de partidos, progresistas o conservaduristas, o ataques de fundamentalismos ‘comunistas’ o ‘fascistas’; pero hay otros como una alineación de Uribistas y antiuribistas; ahora con mucho más vehemencia entre petristas y antipetristas; todavía hay quienes con la retórica de los explotadores y los explotados o los de la injusticia social buscan entender y motivar las movilizaciones que se han presentado y quienes reivindican ser la defensa de la institucionalidad;  como también quienes califican a los candidatos alrededor de lo ‘espantoso’ o lo ‘desagradable’ y  lo ‘decente’  o lo de ‘gente como uno’.

A otros, el ‘sentido común’ les hace pensar que el resultado de hoy es fruto de lo que se montó en el ayer; que el desarrollo de la institucionalidad de la Constitución del 91 dio lo que hoy vemos; que produjo tanto la violencia guerrillera como las atrocidades del paramilitarismo; que tanto los 22 años bajo el régimen de ‘el que diga Uribe’ como los cuatro años de Petro, son en lo económico y en los temas de Paz la aplicación y el funcionamiento de la Constitución que hoy nos rige.

Pero hay un enfoque que puede explicar mejor el resultado de los comicios.

De lo que no queda duda ni diferentes interpretaciones, es que el gran perdedor es el poder establecido; los poderes mediático, político, económico, del ‘establecimiento’ que no lograron contrarrestar la ola de rechazo a lo que ellos ofrecen.

Ni el catastrofismo y el pánico económico, ni la amenaza de que las alternativas son el caos; ni la unión de todos bajo la gran consulta; ni el respaldo del poder político de los jefes de los partidos; ni el despliegue de ataques de los grandes medios de comunicación; ni la vocería del poder económico en los gremios; ni entre todos juntos lograron hacer viable un candidato representante del statu quo, del actual ‘establecimiento’.

Porque los ‘nadies’ también son el electorado de Abelardo

Sigue a Las2orillas.co en Google News

Aquellos que por interés o por convicción lo escogen son una ‘elite’, la clase alta, los empresarios, los caciques políticos y los ‘dueños de la opinión pública’, pero que son en términos poblacionales y de votación una minoría. La alta votación por el ‘Tigre’ es la de aquellos para quienes cualquier salida de su situación presente es mejor opción que respaldar las circunstancias bajo las cuales viven- o apenas sobreviven. En campaña les denominan los ‘nunca’ como si fueran motivos de insatisfacción política lo que representan. Pero el voto es el de la rabia, el de la desesperanza, el de la rebelión contra una condición de humillados que solo existen como cifra en una estadística.

Según esa interpretación, si ganaron De la Espriella y Cepeda es porque esos ‘nadies’ y ‘nuncas’ están del mismo lado de la verdadera línea divisoria donde naturalmente contrastan su desesperada condición con la de quienes ven del otro lado.

“A la gente hay que creerle” dicen que le gustaba repetir a López Pumarejo. En parte porque hay que creer en la gente misma, en parte porque buscar acomodarse y acomodar el mundo alrededor de que todos mienten haría invivible una sociedad. Pero también porque al actuar siguiendo esta línea se acaban creando ambiente y condiciones que ayudan a que las promesas tengan que ser cumplidas.

Infortunadamente aquí hemos vivido lo contrario: si la premisa es que el que propone miente, fácil es atribuirle al rival una narrativa de intenciones que conlleva los argumentos que al mismo tiempo lo destruyen Eso fue el supuesto ‘castrochavismo’ esgrimido contra  Petro, el cual los hechos desmontaron en forma más que categórica (ni Venezuela ni Cuba nos  ‘apadrinaron’, ni en los Estados Unidos decidieron acabar con nuestro gobierno por la vía de hacer víctima a la población).

Si le creemos lo que dicen los candidatos y que sus intenciones sí son lo que ofrecen tendremos opciones claras entre las cuales escoger: ‘destripar’ a quien no está de nuestro lado o dialogar en busca de opciones de paz. Un extrema derecha populista o una izquierda caracterizada por lo sería y lo dogmatica; un candidato espectáculo o uno austero; uno que aspira a ser un Bukele para imponer un orden social y económico “por la razón o por la fuerza” o uno que está comprometido con los avances sociales y defiende la inclusión y la lucha contra la desigualdad y la pobreza; uno que se declara autoritario, promete megacárceles , instaurar la pena de muerte y tratamientos que desconocen derechos humanos, misógino y homofóbico, o uno que acepta y defiende las políticas de género y el respeto por la dignidad del ser humano; uno que ofrece la protección de la vida y del medio ambiente, y otro que promete la guerra a muerte, la fumigación con glifosato y el desarrollo del tracking. Uno que para el desarrollo social basta el desarrollo económico, y otro que asume que el desarrollo social es condición y motor para el desarrollo económico.

Ojalá cada uno se limitara a defender sus posiciones con razones y argumentos y a comparar lo que respectivamente proponen y no a descalificar y agredir a la contraparte.

Del mismo autor: Una ojeada a las elecciones

Anuncios.

Por Juan Manuel López

Es analista político-económico, estudió Economía Política en la Universidad de Sydney en Australia. Ha sido columnista para KienyKe, Dinero.com y El Heraldo.