Lo que el coronavirus desmanteló en la educación

Estudiantes de Comunicación Social y Periodismo en Montería entrevistan y comparten testimonios acerca del impacto de la pandemia en el proceso enseñanza-aprendizaje

Por: Mariana Bechara Rodríguez
junio 08, 2020
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Lo que el coronavirus desmanteló en la educación

En el mundo se habla, diariamente, de cuántos contagios hay, de cuanto ha sufrido la bolsa de valores y de cuantas empresas se han declarado en bancarrota, pero parece ser que no todos saben qué estrategias han tomado las instituciones para seguir con sus clases y cómo han vivido los estudiantes este cambio, los que han podido seguir estudiando.

“Creo que lo más difícil ha sido llegar a cada uno de los estudiantes”, dice Andrew Páez, un colombiano que, desde hace tres años, reside en Estados Unidos, epicentro de la pandemia, donde trabaja como profesor de secundaria, y que, como todos, ha sufrido con la crisis.

“Tengo ciento cincuenta estudiantes en la clase de español y a veces logro ver cuatro conectados en la clase, a veces veinte, a veces diez. Es difícil llegar a ese tipo de estudiantes [que no cuentan con acceso a internet o a un computador] por más que quieras, es frustrante”, explica Andrew. Se creería que en Estados Unidos, siendo potencia mundial, todas las personas tendrían acceso a los recursos necesarios, pero esta pandemia ha revelado que no todas las personas viven así.

“Siempre va a haber la desigualdad, siempre va a haber carencias. Acá en Estados Unidos, si no estoy mal, el producto interno bruto en los recursos ha sido de 7.2-7.6 para la educación, la educación pública y la educación privada. Sabiendo que la educación pública es casi el 80% en todo el país, te estoy hablando de 1.3 billones de dólares que sí se ven pero aun así hay estudiantes que no tienen ese acceso a los computadores”.

La educación siempre ha mantenido una modalidad presencial, pero en vista del confinamiento, se ha tenido que reinventar la forma de llevar la educación a los estudiantes a través de plataformas virtuales, lastimosamente, no todos han tenido los recursos para atender a clases desde la virtualidad. Y así como esta situación se presenta en Estados Unidos, también se vive en Colombia, donde nadie estaba preparado para una educación virtual.

“De los retos que he tenido que asumir para ayudar a mi hija en su aprendizaje ante esta situación que está enfrentando el mundo, está el hecho de que no contaba con un computador en el momento de que se diera la interrupción de las clases y le tocó hacerlo por medio del celular, fue una dificultad bastante grande porque se presentaba la situación de que yo tenía que estar respondiendo a mis actividades laborales, gracias a Dios pudimos resolverlo”, dice Angélica Ramírez (*), quien trabaja desde casa y es madre de una niña de 14 años.

Para los estudiantes, este cambio de modalidad ha sido difícil, el contacto y la cercanía a la que estaban acostumbrados se han perdido y ahora no queda más que una pantalla.

“A veces no damos clases virtuales, simplemente nos envían los trabajos y nos indican cómo debemos hacerlo pero nos frustra, creo que no solamente a mí me pasa, nos frustra demasiado no entender lo que dice porque una cosa es comprender la lectura y otra cosa es que a ti te lo expliquen y tu sepas cómo lo haces”, esta es la experiencia de Isabella Lozano, estudiante de décimo grado de bachillerato en Montería, quien ha sufrido las consecuencias de la educación informal.

“Siento que sí me ha afectado psicológicamente y emocional porque no he estado en un espacio libre o habitual al que estoy acostumbrada. Es muy diferente estar físicamente a estar detrás de una pantalla”, continua Isabella. Claro, recibir una clase desde casa, por más que se intente, no tendrá los mismos resultados de una clase en un aula. Es algo en lo que tanto estudiantes como profesores coinciden.

“Uno siempre está con la zozobra de ‘¿estás ahí?’ ‘prende la cámara, no la pagues’ ‘respóndeme esta pregunta’ es como una ansiedad en ese sentido porque no sabemos si el estudiante de verdad está haciendo la actividad”, dice Rafael González (*), quien es profesor de ciencias naturales en un colegio localizado en la ciudad de Montería. En esta educación informal, hay muchos factores externos que complican la funcionalidad de las clases y el rendimiento de los estudiantes.

“Me ha afectado también por el hecho de que no me concentro igual, entonces hay como toda una presión ahí porque sé que tengo que responder por las actividades que estoy haciendo pero al mismo tiempo no estoy respondiendo como yo debería y el hecho de que entregar trabajos donde rindo un 60% y no un 100% me hace sentir mediocre”, me dice desde Montería Marcela Sánchez, estudiante de Periodismo de la Universidad de Antioquia.

Al igual que esta crónica, la educación ha recurrido al uso de metodologías virtuales como Skype, Zoom, WhatsApp o Teams en un intento de imitar la interacción que existía en el aula de clases, pero al parecer, no es suficiente.

“Aunque estas aplicaciones nos facilitan llegarles a ellos, no es suficiente para llegar a interactuar con los estudiantes, además, hay mucha distracción, están en la casa, están comiendo, están con el celular, están los padres de familia, están escuchando música”, explica Andrew, quien también afirma que este tipo de interacción no tiene control.

“Uno que otro estudiante que siempre quiere molestar, se han visto casos de niños que ponen pornografía, ponen otras cosas que son ilícitas, en medio de los videos. La interacción la hay pero no tiene límites y no debería ser así, no es lo mismo, desde mi casa a la casa de él poner límites”, dice Andrew.

En vista de que no se sabe cuándo se desarrollará una vacuna para el COVID-19, la incertidumbre de lo que viene a continuación crece cada día más, y surge el cuestionamiento ¿Qué pasará con la educación?

“Frente al próximo semestre, no sé, tengo muchas dudas y pocas respuestas, mi universidad no se ha pronunciado porque para ellos la prioridad es este semestre.”, cuenta Marcela, cabe destacar que en su universidad están en el periodo académico 2019-2.

“Yo pienso que todos los semestres de todas las universidades deberían pausarse”, continua ella. Frente a la posibilidad de atrasarse, Marcela explica: “Para mi atrasarme no implica algo negativo en mi vida, para mí ni siquiera es un atraso, o sea, cuando las condiciones no están dadas para que algo se realice, no se vería realizar”.

Y así como Marcela, hay muchas personas que no ven con buenos ojos retomar las clases presenciales, en especial Angélica, una madre que no está dispuesta a que su hija se exponga a este virus. “Si se diera la orden de reestablecerse las clases presenciales, yo exigiría que ella siguiera con sus clases virtuales porque para ella no es conveniente, porque sé que ella no es consciente de la situación real que conlleva este virus”.

“No estoy dispuesta a que mi hija asista a clases presenciales, no lo considero conveniente, en estos momentos por su condición de salud ella es muy delicada para que afronte la asistencia presencial a su colegio, yo prefiero seguirla apoyando para su clases” Pero así como hay personas que no están de acuerdo con retomar las clases, hay estudiantes quienes piensan que, si se dan las formas, lo mejor sería continuar.

“Yo sí estaría dispuesta a seguir con las clases virtuales porque ya empezamos y creo que hubiese sido una malgastadera de tiempo que nos hayamos desgastado tratando de entender todo para hacer los trabajos y que nos toque repetir el curso o en su defecto, perder el año, se nos complica bastante. Si se dan las formas de seguir en las clases virtuales y terminar con esto, yo si lo haría”, explica Isabella Lozano.

No todos saben que va a pasar, y no se sabe si estarán listos para afrontarlo. Lo que sí se sabe, es que el coronavirus ha hecho que la educación se vea en la obligación de adaptarse a las personas y no viceversa. Obligando a la sociedad a romper los esquemas en la educación y ver lo que estos ocultaban.

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