Clemencia Vargas encontró en la danza un sentido de vida y en Colombia creó la Fundación Vive Bailando para jóvenes víctimas de la violencia

 - Lejos de la política la hija de Germán Vargas Lleras vive el duelo a su manera

La muerte de Germán Vargas Lleras, ocurrida el pasado 8 de mayo en Bogotá, sacudió al país político y abrió nuevamente la conversación sobre su vida personal, una faceta que siempre manejó con absoluta reserva. 

Entre homenajes, mensajes de líderes nacionales y reacciones desde distintos sectores, un nombre empezó a cobrar relevancia: Clemencia Vargas Umaña, la única hija del exvicepresidente colombiano.

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Nacida en Bogotá, Clemencia vivió durante 16 años en Estados Unidos, donde desarrolló una carrera ligada a la danza y al entretenimiento. Su experiencia como bailarina la llevó a participar en escenarios de alto nivel, incluyendo aperturas de conciertos de artistas como Beyoncé, Destiny’s Child y N’Sync. 

Aunque su nombre ha estado asociado al de una de las familias políticas más reconocidas del país, su camino profesional ha estado marcado por la danza, el emprendimiento social y el trabajo con jóvenes en contextos vulnerables.

Lejos de la vida política 

Clemencia nació durante el primer matrimonio de Vargas Lleras con María Beatriz Umaña. Aunque creció vinculada a una de las familias políticas más influyentes del país, jamás siguió el camino electoral de su padre. 

Desde muy pequeña encontró otra pasión: la danza. Ese interés terminó convirtiéndose en el eje de su vida profesional y en la plataforma desde la que construyó reconocimiento dentro y fuera de Colombia. 

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La infancia de Clemencia estuvo marcada por momentos complejos. Cuando apenas tenía seis años, salió del país junto a su madre después de que la familia enfrentara amenazas y atravesara una separación definitiva. 

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En Estados Unidos, Clemencia descubrió un universo completamente distinto que fortaleció su interés por el arte y el baile. Allí inició una preparación profesional que más adelante la llevaría a escenarios internacionales.

Mientras muchos esperaban verla cerca de la política, ella apostó por el entretenimiento y la formación artística. Su carrera como bailarina profesional le permitió participar en espectáculos junto a reconocidas estrellas de la música pop como Beyoncé, Destiny’s Child y NSYNC. Esa experiencia internacional consolidó un perfil poco común: artista, empresaria y gestora social.

A qué se dedica Clemencia 

Con el paso de los años, Clemencia complementó su carrera artística con estudios en finanzas y economía. Trabajó en Deloitte & Touche en el área de asesoramiento financiero. Sin embargo, decidió renunciar para crear un proyecto propio que uniera su formación profesional con su pasión por el baile.

Ese proyecto se convirtió en Vive Bailando, una fundación con enfoque social que busca transformar entornos y vidas de jóvenes colombianos a través de la danza.

Clemencia logró fusionar su pasión por el baile con su profesión, lo que le ha permitido dirigir la organización desde lo financiero, lo creativo y lo estructural, bajo un modelo de emprendimiento social sostenible, replicable y escalable.

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La iniciativa no se quedó únicamente en el ámbito fundacional. Clemencia también creó la Academia Vive Bailando en Bogotá, cuyas clases se han convertido en una de las principales fuentes de financiación del proyecto.

En varias entrevistas ha señalado que desde que terminó sus estudios no recibe ayuda económica de sus padres, y que su trabajo ha estado enfocado en sostener y fortalecer su proyecto social.

Actualmente, la fundación desarrolla programas en Tocancipá, Fontibón, Madrid y Mosquera, Cundinamarca; además de Buenaventura, Cali, Barranquilla, Montería y Cartagena.  

Su vida artística 

Su talento, sus ganas, su convicción y su pasión por el baile le permitieron alcanzar grandes logros en corto tiempo. Formó parte de Backstreet Boys, una famosa agrupación urbana surgida en Orlando (Florida) en 1993 que cobró fama tres años más tarde con un álbum del mismo nombre. Es considerada la banda masculina de pop más importante e influyente de la historia de la música.

También abrió conciertos para Black Eyed Peas, Destiny’s Child, NSYNC y la mexicana Julieta Venegas, y bailó en la fiesta privada del cumpleaños de Lourdes María, hija de la famosa intérprete estadounidense Madonna. Participó en audiciones y se convirtió en bailarina profesional. Sin embargo, siguiendo el consejo de sus padres, ingresó a la universidad.

Eligió Babson College, una casi centenaria y prestigiosa institución privada localizada en Wellesley (Massachusetts), cerca de Boston, y una de las escuelas de emprendimiento mejor calificadas del mundo. Estudió Finanzas y Economía y le agregó otro ingrediente valioso a su perfil, además de sustento académico al sueño que ya, por aquel entonces, daba vueltas en su inquieta cabeza.

Con el diploma en la mano, entró a Deloitte & Touche, una multinacional de servicios profesionales, top 4 de auditoría a nivel mundial, y regresó a Colombia. Esta fue una experiencia que la marcó de muchas formas: conoció las industrias del país, el contexto de los negocios, entendió la realidad nacional y cómo funcionaban los temas laborales, contables y tributarios, entre otros.

La complicidad entre padre e hija

En redes sociales, la complicidad entre padre e hija era evidente; el político llegó a declarar con humor en repetidas ocasiones: “Soy un esclavo de Clemencia”, dejando ver su lado más vulnerable y afectuoso.

Uno de los hitos que marcó el último año de vida del exministro fue la llegada de su primer nieto, Agustín, nacido en el primer trimestre de 2025. En una entrevista concedida meses antes del nacimiento, Vargas Lleras se mostró visiblemente emocionado por esta nueva etapa.

Este entusiasmo familiar venía precedido de un momento de duelo, pues el líder político reveló con sinceridad que la familia había enfrentado la pérdida de un embarazo previo a principios de 2024, un suceso que “los dejó en la lona”. 

La llegada de Agustín no solo fue un bálsamo para la familia Vargas, sino que permitió ver las últimas imágenes públicas del político en una faceta de ternura inédita: con escaso cabello por su tratamiento médico, pero con una mirada de profunda conexión hacia su nieto.

Para Clemencia Vargas, su padre no solo fue el hombre que ocupó los más altos cargos del Estado, sino el apoyo constante que, pese a las distancias impuestas por el exilio y el trabajo, siempre mantuvo un vínculo inquebrantable basado en la admiración mutua por el trabajo social y el arte.

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Por Miguel Silvera

Periodista en Las2Orillas, dedicado a informar y analizar los hechos que marcan nuestra vida diaria.