Opinión

Las tres del tintero

Cassius Clay fue la revolución del boxeo, el ídolo que convertía las peleas en una ceremonia de antiguos bailes zulúes

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junio 05, 2016
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Danza, fuerza y alegría

Para quienes fuimos jóvenes ilusionados hace 50 años, Cassius Clay era la revolución del boxeo. Convertía las peleas en una ceremonia de antiguos bailes zulúes. Pegaba con una fuerza extraordinaria que nos hacía retumbar los oídos en los televisores lluviosos de blanco y negro, pero le ponía tal alegría a cada paso, a cada puño y a cada triunfo, que se nos hizo inolvidable. Después se llamó Mohamed Ali y llegó a ser el adalid reconocido mundialmente en la batalla contra el racismo degradante que los gringos siguen practicado, así hayan tenido un presidente negro. Afectado por el Parkinson, de tanto de golpe que recibió, murió como pocos oliendo la gloria hasta el final y recibiendo el aplauso de quienes le sobrevivimos recordándolo.

El Trump colombiano

El alcalde de Cali, Maurice Armitage, conocido nacionalmente por llorar en cada discurso, se robó el show de la Convención Bancaria al afirmar en un panel de alcaldes que los bancos le pagan muy poco a sus empleados y que pagarles el doble no los va a quebrar. Uno de los conferencistas posteriores en la Convención al hablar sobre el peligro que significa Trump para los Estados Unidos y el mundo, advirtió que en Colombia ya se adelantaron y que después de oír al alcalde de Cali, no vacilaba en decir que en el país ya tienen una versión de Trump a lo colombiano: Maurice Armitage (¡y que tal que lo hubiese visto arrancando las bancas del Parque Caycedo para espantar prostitutas!)

¿Quien coordina el zafarrancho?

Si el gobierno Santos pusiera más bolas en gobernar al país y hubiese permitido a los servicios secretos subsistir en vez de andar averiguando con quien conversamos los periodistas independientes, se habría enterado que no era gratis ni coincidencial la conjunción del paro agrario, la protesta indígena, los zafarranchos estudiantiles en la Pedagógica y en la del Valle (y en donde todavía existen encapuchados), la amenaza del paro camionero y la protesta de los maestros. Pero como la paz es un alucinante que obliga a olvidar la responsabilidad de gobernar y después dizque se va a volver en un remolino quitamanchas, esta guachafita los cogió, como en tantas otras cosas, con los calzones abajo. Falta ver si con su arma preferida, la mentira, el gobierno es capaz de salir adelante esta semana y los colombianos podemos seguir trabajando sin afugias.

 

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