Opinión

Las minas de la ira

No son letales pero aturden y polarizan, sembradas como están en las ínfulas de poseedores de la verdad que varios nacionales y algunos extranjeros se dan, manoseando y manipulando la información

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septiembre 29, 2016
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Colombia es por estos días un campo minado. Con otras minas. Las de la ira.

Los exabruptos constantes de integrantes de las filas amigas y de las enemigas del Acuerdo que se firmó el lunes en Cartagena y del plebiscito que se llevará a cabo el domingo en todo el país, si bien no son letales como las que sabemos, aturden y polarizan.

Y no me refiero a las opiniones que se expresan en relación con la votación que vamos a protagonizar —mientras más argumentos haya para el debate mejor será la toma de cualquier posición por parte de los indecisos—, sino a las ínfulas de poseedores de la verdad que algunos se dan, manoseando y manipulando la información a voluntad.

Son creadores de rumores y pontífices de falacias, varios de ellos extranjeros —qué jartera— que nos siguen viendo como una república bananera a la que hay que conquistar. Y así nos tratan, y así nos dejamos tratar.

El pasado 26 de septiembre, dentro del marco de preparación de la ceremonia que concitaría esa tarde el interés del hemisferio, las emisoras de mayor rating en las mañanas entrevistaron al periodista y escritor británico John Carlin —dueño de una carta de presentación que abre puertas a control remoto: amigo de Mandela y autor de Playing the Enemy, libro que dio origen a la inolvidable película Invictus—, no sin antes enumerar a la audiencia las maravillas del invitado fugaz, un tesoro recién hallado.

Y, claro, Carlin que de humildad no parece haberle aprendido mayor cosa a Madiba, no soo se lo creyó, sino que se ocupó a fondo de demostrárselo a los periodistas. A unos los descolgó y a otros, literalmente, les colgó.

¿De cuándo acá unos reporteros colombianos, cuya obligación era quemarle incienso, se atrevieron a cuestionar la columna que acababa de publicar en El País de Madrid (septiembre 25) sobre nuestro Número Diez del Real Madrid? Se titula: “James es un cobarde: ¿sí o no?” y deja caer perlas como estas:

“… Ha habido intentos de parte de las campañas por el Sí de reclutar a James para la causa. Hasta ahora no ha respondido… No cabe ninguna duda de que si la estrella del Real Madrid sigue el ejemplo de Nairo el resultado del plebiscito dejará de estar en cuestión. El Sí arrasa. James tiene todavía una semana para hacer un gesto de más valor para su país que cualquier trofeo que gane, la Copa del Mundo incluida; tiene una semana para demostrar si le interesa más el dinero que el bien común colombiano, si es un cobarde o un valiente…”.

 

¿Con qué autoridad ese señor califica a James de valiente si apoya el Sí
o de cobarde si no lo hace o de quién sabe qué
si su apoyo es para el No?

 

¡Habrase visto! ¿Con qué autoridad este señor presiona a James para que tome una posición pública que no ha podido o no ha querido tomar? ¿Con qué autoridad lo califica de valiente si apoya el Sí o de cobarde si no lo hace o de quién sabe qué si su apoyo es para el No?

Pero tranquilo, James, también disparó dardos imperiales contra los entrevistadores que no aplaudían sus respuestas, contra Shakira por no alistarse en ningún frente, contra los votantes a quienes considera “inconscientes” y, por último, contra Colombia a la que le clavó esta cereza: “Si llega a ganar el No será el ridículo mundial más grande que haya hecho un país, después del de Estados Unidos si llega a ganar Trump”. (Roma locuta, causa finita).

Este por el lado del Sí. Y por el del No, ¡madre mía! Otro virrey, periodista español, propietario de un ego inversamente proporcional a su estatura, ex cátedra donde los haya, director del portal de derecha furibunda, Libertad Digital, y sermoneador radial, también se refirió esta semana, en su editorial de esRadio, a la firma entre el gobierno y las Farc. (El video me llegó por WhatsApp, no encontré el link).

Con su característico frenillo (la ere le suena a ge) despectivo dijo que con “la nagcofirma del nagcoacuerdo” es “la primera vez en la historia que se crea un nagcoestado por consenso internacional, no para legalizar las drogas, que podría ser un experimento, sino para legalizar el cártel de la droga”; que todo obedece a un triángulo conformado por La Habana, Caracas y Bogotá “o Nagcotá no sé”; que Santos “es un chiquilicuatre”; que menos mal el rey Felipe no fue a Cartagena, pero sí “el campechano con Margallo a coger cobre que dicen los castizos, claro”. (El campechano es el emérito, Juan Carlos, y Margallo, el ministro de Exteriores).

Ni para el otro desminado que se nos espera.

COPETE DE CREMA: Ojo, que minas de la ira las hay por todas partes. Sin contar las que dentro de nuestras fronteras accionaron Romaña y la representante Cabal, por ejemplo; a esas, de tan dudosa calidad, no les gastemos tiempo. (Sí).

 

 

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